Para ti no habrá sol, una novela que habla sobre los yaquis del barrio La matanza


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Por Martín Salas


Como lo hemos visto en otros títulos, tanto la novelística como la faceta periodística de Carlos Sánchez nacen en la cotidianeidad del barrio hermosillense, lugar donde oralidad y escritura se entremezclan y dan origen al relato vívido. Vívido porque habla por sí mismo sin ningún tipo de distorsión ideológica, porque transita caminos que otros escritores no se han atrevido a tomar, porque peca por su actualidad, su cercanía, su capacidad de fundirse fácilmente con el día a día capitalino.

Para ti no habrá sol nos cuenta la vida de Sewa, una yaqui de ciudad quien ha crecido en el límite de dos mundos; el de la modernidad y el de la tradición, el del yori y el del yaqui. Su existencia transcurre en los bravos callejones de La matanza, barrio centreño de la ciudad de Hermosillo que se ubica en las faldas del Cerro de la Campana. A la luz de las enseñanzas de su abuelo Juan y de otros ancianos de la tribu la joven logra tomar el bando que le corresponde, el de su raza, con todos los sufrimientos que esto le acarrea.


Durante largo tiempo La matanza ha engrosado el bolsillo y la nota roja de los radios y periódicos locales al ser escenario de innumerables crímenes. La tragedia ha acompañado a la colonia desde su fundación. En sus inicios se estableció como un campamento para peones de la construcción, la mayoría yaquis desplazados del valle hacia la capital a causa de las disputas territoriales que la tribu mantuvo durante decenios con el gobierno mexicano. Esa primera generación edificó los muros de una cárcel que ocuparían sus hijos y sus nietos en años posteriores.

Con el paso de las páginas la ciudad parece devorar todo lo que rodea a Sewa, la protagonista. Las drogas, el alcoholismo, la violencia, la impunidad, la corrupción van aniquilando con los años a los parientes y amigos de la narradora. Su infancia, su cultura, empiezan a degenerarse hasta casi alcanzar la muerte. Esta tormenta por poco le arrebata a Nicanor, su amor de juventud, y con él sus deseos de construir una familia. Dicho romance es manipulado por el autor con mucho atino ya que a través de su propuesta discursiva logra alcanzar el verdadero objetivo de la novela: el contar la historia de los yaquis del barrio La matanza.


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