Filtraciones de la DEA y la policía mexicana detonaron la masacre de Allende

Ese martes 13 de Junio se dio a conocer un reportaje de ProPublica que relata parte de lo sucedido en marzo de 2011 en Allende, Coahuila, un pueblo ubicado a poco más de 20 kilómetros de la frontera con EEUU. Ese mes, el cártel de los Zetas arrasó con la comunidad, destruyó casas, quemó ranchos, desapareció y ejecutó a un número, aún incierto, de pobladores (incluyendo mujeres y niños).

El trabajo que incluye testimonios de víctimas y autoridades —incluyendo al agente de la DEA Richard Martinez— pone en evidencia uno de los detonadores de la masacre de Allende.

Era de 2011 cuando la  Administración para el Control de Drogas (DEA) logró persuadir a un importante miembro de los Zetas para que le entregara los números de identificación rastreables de los teléfonos celulares que pertenecían a dos de los capos más buscados del cartel, Miguel Ángel Treviño y su hermano Omar. Al calcular que la organización estadounidense  no podría intervenir directamente (según lo relata), la organización decide pasar la información a una unidad de la policía mexicana, a sabiendas de que filtraciones a grupos criminales eran un procedimiento común en esa célula.



Lo anterior tuvo como consecuencia el enfurecimiento de los  criminales, quienes en busca de los primeros delatores buscaron acabar con ellos y con cualquier persona con la que tuvieran algún vínculo, provocando así una de las masacres más sangrientas de la historia reciente de nuestro país.

A casi seis años de la tragedia quedan muchas preguntas por resolver y que las autoridades no han podido, entre ellas ¿dónde están todas las personas desaparecidas y qué instancias del gobierno municipal fueron cómplices por omisión o participando directamente en todos los crímenes perpetrados en el pueblo?.

Este trabajo fue realizado por Ginger Thompson a través de ProPublica. Puedes leer y escuchar los testimonios y la crónica completa haciendo click aquí.

 

 

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