Comer en México es caso 70% más caro que cuando entró la 4T

El costo de la vida en México se ha disparado con fuerza en los últimos ocho años, ensañandose con los sectores más vulnerables. El último Boletín de análisis económico del ITESO revela que entre agosto de 2018 y marzo de 2026 la canasta alimentaria básica subió un 67%.

Este incremento supera por mucho a la inflación general acumulada en el mismo periodo, que se ubicó en 45%. Para una persona en zona urbana, la línea de pobreza extrema por ingresos pasó de 1,500 pesos mensuales a 2,571 pesos solo para cubrir nutrientes básicos.

Si a la comida se le suman el transporte público, la educación y los cuidados, una familia urbana de cuatro integrantes requiere hoy casi 20 mil pesos mensuales para no ser considerada pobre. La escalada de precios mantiene una presión constante sobre los hogares de menores recursos.

Esta tendencia al alza coincide con las estimaciones de organismos internacionales. En sus monitoreos sobre seguridad alimentaria, el Banco Mundial ha advertido de forma sistemática cómo la inflación de los alimentos en América Latina sigue golpeando el poder adquisitivo de los hogares vulnerables, por encima de los índices de precios generales.

Existen factores internacionales como el encarecimiento de los combustibles han presionado las cadenas de distribución locales. A pesar de los estímulos fiscales que el gobierno aplica a las gasolinas, los costos logísticos del transporte terminan impactando las mercancías.

A la par del encarecimiento de la comida, el mercado laboral muestra signos graves de fragilidad. Durante el primer trimestre de 2026, Jalisco registró una caída del 73.4% en la creación de empleo formal en comparación con el año anterior, reflejando una desaceleración económica profunda.

A nivel nacional el panorama no es mejor, pues la generación de puestos de trabajo cayó un 8.4% anual en el mismo periodo. Datos recopilados por la organización México, ¿cómo vamos? confirman esta pérdida de dinamismo en la afiliación patronal, evidenciando que las metas de generación de empleo formal digno siguen quedando rezagadas.

Esta combinación de factores dibuja un escenario complejo para las familias trabajadoras. Con más de 56 mil registros patronales perdidos en el país desde finales de 2023, la pérdida de empleos con prestaciones empuja a la población hacia esquemas de informalidad y precarización, haciendo que sortear el costo de los alimentos sea cada vez más difícil.

El encarecimiento no afecta a todos los productos por igual, sino que golpea con fuerza a los componentes más básicos de la dieta. El boletín de la institución jesuita destaca el caso del jitomate, cuyo precio se disparó de forma alarmante en el último año, registrando un incremento del 126.3% en las zonas rurales y del 28.8% en las regiones urbanas de México.

Esta disparidad en los precios refleja cómo el deterioro económico es todavía más severo en el campo que en las ciudades. En marzo de 2026, la línea de pobreza extrema por ingresos avanzó un 8.1% anual en el ámbito urbano y un 7.9% en el rural, cifras que prácticamente duplican el porcentaje de la inflación general del país en el mismo lapso.

El origen de este problema tiene un fuerte componente logístico vinculado a la distribución física de las mercancías. La especialista Elvira Mireya Pasillas Torres señala que las alzas internacionales en los combustibles generan un efecto en cadena: aumentan los costos de los transportes de carga y este incremento termina trasladándose de inmediato al precio final que las familias pagan por la comida.

 

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