Bruja y Fémina¡Zi!

Las hogueras todavía existen, y yo -antes o después- podría acabar dentro.- Franca Rame

Las hogueras persisten porque la sociedad continúa reproduciendo prácticas misóginas desde las formas más “inofensivas” de violencia como chantajear, celar, culpabilizar, bromear de forma hiriente… hasta los feminicidios, que representan la forma máxima de violencia contra la mujer. La división del trabajo en la caverna confirió a la mujer el rol de agricultora y años después se le llamó bruja como consecuencia de su conocimiento y vinculación con la naturaleza; hoy ese linchamiento cae en las feministas porque siempre se juzga, señala y castiga a la mujer que cuestiona los roles asignados que derivan en las desigualdades.

Somos brujas transformando el Aquelarre por nuestra “Primavera Violeta”, aquella que brotó con el encuentro de las mujeres de más de 40 ciudades y 27 estados del país que salimos a tomar las calles y manifestarnos contra las agresiones machistas; y digo “nuestra” porque puedes o no asumirte feminista pero compartimos heridas, nos atraviesan las mismas violencias normalizadas y solapadas.

No sé qué te espante, en qué bases tus prejuicios o cuáles sean tus miedos, pero debes saber que después de ésa marea violeta (llamada así porque el violeta es el color que representa la lucha de las mujeres) el mundo se polarizó entre apoyar al feminismo o satanizarlo bajo ideas absurdas basadas en prejuicios e ignorancia (como asociar feminismo y nazismo). Pero esto pasa en cada momento a lo largo de la historia en que las mujeres han decidido organizarse y luchar por el reconocimiento y respeto de sus derechos. Bastaría con recordar a las sufragistas que lucharon por el voto femenino y todo el revuelo que causaron, planteando la necesidad de ser tomadas en cuenta como ciudadanas y ser partícipes en la arena política.

Ilustración de Ana Santos.

Y entonces escucharás -Feministas las de antes… las de ahora sólo quieren andar peludas, feas, gordas y desnudas- pero gracias a las brujas de hoy es que varios de los temas por los que luchamos han logrado llegar a las agendas de los gobiernos para transformarse en leyes o políticas públicas (como la despenalización del aborto). Y claro, el feminismo también critica que el desnudo femenino sea únicamente propiedad de la erotización patriarcal (normalizado y usado cotidianamente en publicidad) pero que resulte aberrante su uso como herramienta de lucha política. O al hecho de que “fea” representa una categoría de la que urge alejarse porque como mujer puedes ser todo menos NO complaciente desde lo estético.

Brujas siempre, villanas perpetuas en tanto se manifieste la desobediencia, se deja de lado la escoba y el caldero para apropiarse de la pluma, los reflectores, territorios y curules, conquistas que ahora conforman nuestra cotidianidad. Sin embargo la lucha es constante y hay espacios que siguen excluyéndonos; la noche, por ejemplo, es un espacio masculino y entrar en él implica correr un riesgo que el deseo de autonomía motiva.

Brujas pues, desde el cuestionar los roles, espacios y saberes relegados de las mujeres, desde hacer propio el poder de la voz como receptáculo de hechizos, para conversar a través del papel contigo misma, para dar nombre a sensaciones que parecen abismos innombrables, arbustos espinosos que pinchan tus ojos hasta hacerlos sangrar. Deseo entonces que sangres, que sudes y llores pero que nunca te calles, que te desmorones y te vuelvas a erigir sabiendo que tus sentires, experiencias y opiniones valen tanto que merecen ser compartidas… No dudes de ti, duda del mundo y toca sus grietas.

Texto: Melissa Benítez
Ilustraciones: Ana Santos


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