Las mujeres se sienten más “impostoras” que los hombres en algunas disciplinas científicas

El síndrome del impostor o la impostora, a veces llamado síndrome del fraude, es un trastorno psicológico en el cual las personas exitosas son incapaces de asimilar sus logros. Quienes tienen muchos logros y triunfos suelen sufrir; así que esta condición no se compara con la baja autoestima o falta de confianza. La tendencia a minimizar y subestimar el éxito personal es significativa en quienes padecen el síndrome del impostor.

Este fenómeno tiene varios componentes: por lo general, implica atribuir el propio éxito a la suerte o considerar que no se ha ganado. Además, a pesar de las pruebas objetivas de sus capacidades, las personas que experimentan este tipo de impresiones tienden a pensar que son menos capaces para desempeñar un trabajo de lo que otros creen que son.

Un estudio publicado ahora en la revista Journal of Educational Psychology muestra los obstáculos a los que se enfrentan ciertos grupos a la hora de promocionar profesionalmente en el mundo académico, en campos en los que se enfatiza la brillantez.


“Uno de nuestros principales hallazgos fue que este hecho se relaciona con los sentimientos de impostor de los científicos, pero no de manera uniforme. Las mujeres, sobre todo las que se identifican como miembros de una minoría, eran más propensas a sentirse como impostoras en tales contextos”, dice a SINC Melis D. Muradoglu, investigadora de la Universidad de Nueva York (EE UU) y coautora del trabajo.

Los resultados de la investigación fueron especialmente pronunciados entre las mujeres de grupos raciales y étnicos tradicionalmente infrarrepresentados en la enseñanza superior y el mundo académico, es decir, negras o afroamericanas, hispanas o latinas, indias americanas o nativas de Alaska, nativas de Hawai u otras islas del Pacífico.

“Creemos que los estereotipos culturales que asocian la brillantez con los hombres son la clave para entender esta relación. Estos entornos son probablemente hostiles para las mujeres porque se enfrentan a estereotipos negativos sobre sus capacidades intelectuales. Las mujeres interpretan y responden a los mensajes sobre la brillantez a través de la lente de los estereotipos culturales que definen quién tiene dicha cualidad”, enfatiza Muradoglu.

Para Andrei Cimpian, profesor del departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York y coautor del estudio: “Muchas personas de alto rendimiento se sienten inadecuadas, a pesar de la evidencia de su competencia y éxito. Los esfuerzos deben centrarse en cómo la educación superior puede crear entornos en los que todos los académicos se sientan capaces de tener éxito”.

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En una investigación anterior, Cimpian demostró que los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de ser percibidos como ‘brillantes’, mientras que otro estudio del que es coautor, junto con Sarah-Jane Leslie, de la Universidad de Princeton (EE UU), reveló que las mujeres y los afroamericanos están infrarrepresentados en las carreras en las que se percibe que el éxito depende de altos niveles de capacidad intelectual.

“Una de las implicaciones de este hallazgo es que el contexto desempeña un papel clave en las experiencias de impostor de ciertos individuos. Esperamos que esto impulse un menor énfasis en la brillantez en ciertas disciplinas académicas, además de esfuerzos más amplios para fomentar entornos en los que las mujeres y los investigadores noveles se sientan merecedores y seguros de su éxito”, declara Muradoglu.

El éxito académico y los estereotipos de género

Para lleva a cabo el estudio analizaron las respuestas de una encuesta realizada a cerca de 5.000 académicos –profesores (titulares, no titulares), becarios posdoctorales, médicos residentes y estudiantes de posgrado– de un total de nueve universidades públicas y privadas de EE UU que representaban más de 80 materias. Entre ellas se encontraban las ciencias naturales y sociales, las humanidades y la medicina.

“Sabemos que los campos varían en la medida en que valoran la brillantez. Algunos como la filosofía, las matemáticas y la economía, por ejemplo, tienden a tener miembros que piensan que esta cualidad es un ingrediente importante para el éxito”, explica la investigadora.

En la encuesta se pedía a los participantes que calificaran su nivel de experiencias de sentimientos de impostor (por ejemplo, “a veces tengo miedo de que los demás descubran cuántos conocimientos o capacidades me faltan en realidad”) y la orientación a la brillantez de su campo (por ejemplo, “personalmente, creo que ser un erudito de primera línea de [mi disciplina] requiere una aptitud especial que no se puede enseñar”).

En general, descubrieron que cuanto más se percibía que un campo requería ‘brillantez’, o talento en bruto, para tener éxito por parte de los participantes en el estudio, más mujeres y estudiantes de posgrado y becarios posdoctorales decían sentirse como impostores en relación con otros grupos.

“Vimos también que los investigadores que experimentan un fuerte sentimiento de impostor también afirman sentirse menos conectados y valorados por sus compañeros. Además, se sentían menos seguros de su capacidad para lograr en los futuros esfuerzos profesionales”, afirma Muradoglu. Para los científicos esto apunta a posibles formas en las que las experiencias de impostor pueden limitar el éxito de la carrera de estos investigadores.

“Sabemos por trabajos anteriores que estos constructos son relevantes desde el punto de vista de la motivación, por lo que sospechamos que las experiencias de impostor podrían obstaculizar el éxito de los investigadores a largo plazo”, concluye la científica.

Con información de Journal of Educational Psychology y Agencia SINC


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