Nuevos transportes, nuevos problemas: Sobre los e-scooters que ya llegaron a la CDMX

Una especie de santo grial en la industria del transporte dentro de las ciudades grandes es aquel de última milla. Por ejemplo, mientras que el Metro, Metrobús o simples camiones urbanos pueden transportarnos entre zonas o demarcaciones urbanas, siempre resulta un pequeño gran dilema ir del paradero hasta nuestra oficina, hogar o punto de reunión.

¿Por qué? Lo normal no es que nuestra casa u oficina esté frente a la estación o parada, mucho menos en avenida, sino que es más probable que se encuentre cuadras adentro. A veces, en traslados de hasta otra hora o que requieren un taxi, Uber o hasta que un ser querido se traslade para ofrecer el famoso ride. Una situación hipotética que podría servir de ejemplo: pagué poco por el Metro, pero ahí van 50 pesos de Uber para ir hasta la puerta.

No solamente en el ámbito personal se enfrenta esto, ya que el auge de Rappi, Uber Eats, Cornershop  y Postmates nos habla de una necesidad donde el clima, estado de salud o la vida misma nos han vuelto prácticos a la hora de valorar el tiempo y esfuerzo de ir hasta un expendio para tener víveres o comida preparada. Estas apps de la denominada economía colaborativa atienden nuestra flojera en un esquema de negocios más bien inhumano pero que resuelve la falsa necesidad de necesitar unos churros del Moro sin tener que salir a hablar con seres humanos o convivir por 15 minutos.

Hablo de estas distancias tan cortas porque, por ejemplo, vivo en una ciudad pequeña, Aguascalientes. Tan pequeña que le quedarían excesivamente sobrados los sistemas de metro de Guadalajara o Monterrey, que suelen ser risibles para los chilangos. A pesar de eso, las orillas están incomunicadas por varias razones. Las más nuevas son cotos residenciales en medio de carreteras (o caminos hechizos en fronteras municipales) donde la última milla se vuelve redundante y más bien se genera una dependencia en automóvil. Otras orillas, de corte popular, tienen planeaciones urbanas pero crueles que obligan a tomar rutas de autobús ridículas (de orilla a orilla, con trayectos de hora y media) o enfrentarse al capricho de los taxistas, que prefieren no “ir lejos”. La otra opción, en ambos  casos, es tomar un Uber que cuesta al menos 5 veces más que un viaje redondo en camión.

Estos caprichos de última milla también aplican en la adicción reciente del mexicano a Amazon y su servicio Prime. Pedir todo en línea, aquí y ahora. En semanas saturadas, como las navidades o el Buen Fin, algunas veces tu pedido dice FedEx pero a tu puerta toca alguien de Red Pack. ¿Por qué? La simple necesidad de hacer logística de la bodega, a casa.

En Aguascalientes (1 millón de habitantes, ciudad estado, zonas lamentablemente bien demearcadas por estrato social) nada de lo comentado acerca de estas economías excéntricas tiene sentido, la solución es tener un auto mientras las autoridades siguen siendo negligentes con el transporte urbano colectivo. Es más, la prueba de Uber Eats en Aguascalientes ha encontrado poca aceptación debido a la inversión que tienen que hacer  los repartidores, sumado a que el grueso de los restaurantes abonados están en la zona centro-norte-poniente, con el sistema automáticamente bloqueado la zona más poblada (el oriente-norte), los desarrollos boom al sur (cerca de las plantas de Nissan) y los cotos exclusivos y/o clase media del poniente (Pocitos, San Agustín, Canteras).

Por todo este contexto, y mi especial interés al tema, me llamó mucho la atención el reciente minidocumental de BuzzFeed News (vía Follow This, su show en Netflix) sobre el auge de las startups de e-scooters (o patines del diablo eléctricos) en algunos estados de EEUU, con un discurso ecológico y a favor de menos uso del auto, pero creando otros problemas y hasta dejando algunos heridos debido a una suma de irresponsabilidad del usuario y negligencia de firmas como Lime o Bird.

Más allá de las anécdotas dolorosas como el niño que perdió varios dientes por tropezar con un e-scooter, el vídeo de BuzzFeed News nos habla sobre la actitud prepotente de algunas de estas empresas de tecnología que, siguiendo algunos pasos del modelo de negocio de Uber, han inundado ciertas ciudades americanas con estos patines del diablo que (esto es importante) no requieren un puerto para ser cargados.

Para ponerlo en cristiano: es como si pudieras dejar la Ecobici de CDMX en cualquier lado. Cualquiera, debido a un sistema de geolocalización (para prevenir robos) y de desbloqueo por medio de micropagos en el teléfono móvil. Y esto ha sido el factor elemental para que este tipo de transporte de última milla por fin sea práctico.

Volviendo a la situación del primer párrafo, te bajas del camión pero tu oficina está a cinco cuadras. Estás cansado o tienes un maletín pesado. No vas a pedir un Uber [lo he  hecho]. Pero encuentras un e-scooter, pagas con tu teléfono, no te cansas [tanto], llegas a la puerta y lo dejas afuera.

La cosa no termina ahí, porque se habla de usuarios poco cívicos que básicamente los dejan botados, además de todo el tema de invasión a las aceras (que son prioridad de peatones), junto a la planeación pobre de algunas ciudades para medios de transporte que no sean autos o camiones.

A pesar de esto, y sin que CDMX sea precisamente la capital de cordialidad para el ciclista, Lime y otras startups ya llegaron a avenidas como Reforma para ofrecer este servicio. Y su arribo recuerda la manera en que Uber se fue metiendo a distintos mercados en la república mexicana, pidiendo perdón antes que permiso. Es ahí donde entra un absurdo, ya que el año pasado la empresa intentó crear una especie de campaña social para que su servicio 1) fuera legal, 2) permita el pago en efectivo.

Aunque la cosa se arregló entre abogados y legisladores, fue risible la manera en que Uber trató de involucrar a la sociedad ¡para defenderlos!

Recuerdo esto, porque en el vídeo de BuzzFeed hay pietaje de una protesta a favor del medio ambiente para defender la permanencia de Bird y Lime, las empresas de e-scooters, en Santa Monica. Charlie Wazel, el reportero, nota también lo absurdo de la protesta contra el ayuntamiento por parte de personas con camisetas de staff. Y eso me lleva a varias preguntas sobre la permanencia de estos proyectos en CDMX:

  • ¿Hay legislaciones en la capital sobre estos medios de transporte?
  • ¿Los chilangos ya encuentran sus aceras invadidas por estos paseantes? Hoy un amigo me hablaba de que lo usó en la ciclovía, pero tengo la duda respecto a usuarios no civilizados.
  • ¿Ya han existido accidentes por el uso de estos scooters?
  • ¿Tienen algún uso en ciudades pequeñas? Por ejemplo, en Aguascalientes no ha podido existir un clon exitoso de Ecobici, sumado a una poca empatía al peatón en general.

Hay un lado positivo, en su reporte Wazel expone el caso de Memphis en Estados Unidos. La ciudad creció bastante pero el sistema de transporte colectivo no, en lugar de remediarlo de manera estructural, aprovecharon la infraestructura ciclista en la que ya se había invertido para invitar a la empresa Bird a implementar su plataforma de scooters.

De manera casual se ofrece un testimonio de un teatro pequeño que creció en audiencia debido a que hay más tráfico en su zona, debido a aquellos que ahora se transportan por Bird, aunque en general es un problema de todas las ciudades  el llevar gente más allá de su zona turística o el centro. Y trasciende también que Bird está pagando al ayuntamiento de Memphis para promoción del servicio.

Posdata

En el documental de BuzzFeed News, hay un detalle curioso acerca de la economía colaborativa. Uno de los entrevistados es un surfista que se sumó a una aplicación de Bird para recoger scooters, cargarlos en su casa y dejarlos nuevamente en la calle, por lo cual le depositan dinero por medio de la app de acuerdo a su desempeño.

Es el outsourcing de una importante parte del trabajo a usuarios que se abonen, tal como los repartidores de Uber Eats. Me parece curioso porque alguna vez leí que Lime, la competencia, tiene a la par un programa donde empleados de la firma recogen los scooters y los llevan a estaciones de carga masiva, pero parece que también hay algunas personas que buscan hacer algo de dinero de esta manera.


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