Elecciones 2018: El papel de los pueblos originarios

"El INE y los congresos locales y general, están violando los derechos políticos de los pueblos originarios consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales (OIT), así como lo ordenado en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos indígenas de tener a un representante en las legislaturas locales y federal" escriben para Vía libre Fidel Trinidad León (Ta savi), Martín Tonalmeyotl (Naua) e Iván Oropeza Bruno (Xàbò Mè’phàà)

Por Fidel Trinidad León (Ta savi)1Universidad Intercultural del Estado de Guerrero, Martín Tonalmeyotl (Naua) e Iván Oropeza Bruno (Xàbò Mè’phàà)

 

La elección del 1° de julio de 2018, está en la mira de los ciudadanos y de expertos tanto nacionales como internacionales. Para México es la primera elección del siglo XXI que “garantiza” los derechos políticos de los ciudadanos al incluir las candidaturas “independientes”, la paridad de género y “representantes” de los pueblos originarios para los congresos estatales y federal.

La mayoría de los candidatos independientes no pudieron reunir los requisitos establecidos en las leyes electorales para el registro. María de Jesús Patricio y Armando Ríos Piter quedaron fuera de la contienda electoral, otros falsificaron, duplicaron firmas y “revivieron” a muertos con la finalidad de reunir los requisitos establecidos.

Los partidos políticos, de manera obligada, lograron cumplir con la cuota de género,  aunque sus candidatas no tengan la mínima noción del proceso legislativo, sin embargo, algunos lograron registrarse y los demás tuvieron que obedecer al comité municipal, estatal y nacional de sus respectivos partidos; los cuales siguen la práctica impositiva de designar a sus allegadas con tal de cumplir con la paridad de género.

Para la diputación federal el Instituto Nacional Electoral (INE) ordenó a los partidos políticos postular al menos en  28 distritos a candidatos pertenecientes a los pueblos originarios: 7 en Oaxaca, 5 en Chiapas, 4 en Puebla, 3 en Veracruz, 3 en Yucatán, 2 en Guerrero, 2 en Hidalgo, 1 en San Luis Potosí y 1 en Quintana Roo; desconociendo los criterios utilizados por dicha institución para decidir a qué estados si y cuáles no, a sabiendas  que existen otras entidades federativas con poblaciones originarias y migrantes que fueron excluidas de dicho “criterio”. Lo más grave es que el INE reconoce que en los 28 distritos, los partidos políticos no han postulado candidatos pertenecientes a los pueblos originarios y no ha hecho nada para revertir el registro. Esta institución tampoco fija postura para la cuota de las candidaturas de los pueblos nativos al Senado.

En el caso de la Ciudad de México, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordenó que los partidos políticos postularan al menos 13 de 28 candidatos a diputados de mayoría relativa, pertenecientes a los pueblos originarios, donde cerca del 50% de los distritos de mayoría se otorga para la representación de los diferentes grupos étnicos. El hecho está en que los partidos políticos deben garantizar esos espacios a personas que verdaderamente puedan proponer reformas en pro de los pueblos para no ser un relleno más que sólo respalden las posturas de los partidos políticos.

En lo referente al estado de Guerrero para el V Distrito Federal Electoral, ubicado en la región socio-política conocida como La Montaña, el INE presenta una tabla con los nombres de los candidatos que van a representar a las culturas originarias, en el documento se observa que ninguno de los candidatos habla una lengua originaria, ni pertenecen a ninguna de las cuatro culturas. Por lo tanto, ninguno de los partidos y coaliciones están cumpliendo con este requisito en esta entidad ni en otras.

Por lo antes mencionado, el INE y los congresos locales y general, están violando los derechos políticos de los pueblos originarios consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales (OIT), así como lo ordenado en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos indígenas de tener a un representante en las legislaturas locales y federal, puesto que las leyes secundarias no son incluyentes al no contemplar la cuota de candidaturas para los pueblos nativos. Ningún partido político es democrático en la elección o designación de sus candidatos, todos responden a intereses personales y de grupos, la democracia interna es una utopía, lo que se persigue es el poder, el recurso financiero, un puesto en la administración pública para ejercer el nepotismo.

La mayoría de la gente ha perdido la confianza en los partidos políticos, votan porque reciben algún beneficio a cambio como son: las despensas, láminas de cartón, fertilizante, plásticos, dinero en efectivo, entre otras. Los candidatos se aprovechan del analfabetismo, de la pobreza extrema y marginación de las personas para la compra de votos en La Montaña. En nuestro país el tema de las candidaturas indígenas no ha sido reconocido en las leyes secundarias, por lo que se puede afirmar que en el congreso local y federal existe omisión legislativa, los diputados y senadores no están cumpliendo con su tarea de presentar iniciativa al respecto para legislar la cuota para la candidaturas indígenas y poder resarcir la deuda histórica con los pueblos nativos.

En torno al ámbito de la cultura en el panorama político de México, este no ha sido abordado en la agenda electoral. En este país tan “democrático”, la mayoría de las personas que buscan un cargo de elección popular no presentan ningún interés en temas culturales. Desgraciadamente los postulantes no han leído, ni uno, ni dos, ni tres libros, es más, ni siquiera la Biblia como siempre sale a colación.  Aquí importa el poder político, lo demás es relleno para tener contento al pueblo y tenerlo sumido en la misma miseria e ignorancia. Los asesores de estos son quienes planean y deciden que entre menos educación y cultura, menos serán los “quejosos” e “inconformes”.

En nuestros pueblos, los que nos representan y los que vendrán, son aún menos leídos; pero no solo eso, hablan por nosotros cuando ellos nunca han vivido en nuestras comunidades e ignoran nuestras riquezas culturales. En materia de cultura no hay propuestas, ni siquiera se ha tocado por los candidatos locales, estatales ni federales. Las leyes hechas para el “beneficio” de los pueblos son tramposas porque con el solo hecho de auto-adscribirse como “indígenas” uno puede participar por un cargo sin necesidad de comprobar si habla o escribe la lengua del pueblo que dice representar. En lo escrito hay mucho pero en lo práctico no hay nada. Ejemplos claros es que ninguno de los actuales candidatos por algún distrito llamado “indígena” habla una lengua originaria. La lengua y la cultura para ellos no cobran relevancia. El voto del pueblo solo sirve para acrecentar el bolsillo de los políticos. Algunos tenemos la culpa y otros no porque nuestra gente está mal-acostumbrada a seguir siendo engañada por estos zopilotes y por ende, terminan votando por el PRI u otro partido. En la política de nuestro estado tan lastimada por las minerías, las injusticias, la narcoviolencia, la narcopolítica y más, no hay rostros nuevos, no hay políticos auto-críticos porque para entrar al juego de los partidos, uno tiene que venderle el alma al diablo, no tener piedad, ser corrupto, traicionar al pueblo pero sobre todo, no desobedecer los mandatos del poder.

¿Nuestra cultura dónde queda? Las tradiciones, creencias, elección por usos y costumbres, música tradicional, literatura, nuestra educación tan arraigada al cuidado del medio ambiente, todo eso, ¿dónde queda? En el mismo lugar de siempre porque en la agenda política no entramos. Ahí solo entra la política demagoga la cual nos ha maltratado durante décadas. Los pueblos o integrantes de las comunidades seguimos esperando que llegue un diputado casi angelical y legisle por nosotros cuando nosotros deberíamos de estar abogando por nuestros pueblos, la lengua, nuestra educación y por la dignidad de nuestra gente. Y ¿qué es la cultura o por qué debe o debería de estar en la agenda política? La cultura desde una definición más cercana a nosotros es todo lo que hacemos de manera cotidiana, donde se incluyen formas de organización, pensamientos propios, pedimentos de lluvia, petición de la novia, del por qué nuestra vestimenta tan colorida, nuestro rostro tan moreno, un habla propio que no solo sirve para comunicarse con los hombres sino también con los animales, los árboles, las piedras y otros seres de este mundo. La cultura es lo que nos da nombre y una existencia particular sobre la tierra; únicos en la forma de comer, de interactuar, de convivir, de respetar al otro, pero no de robarle al pueblo como acostumbran estos vividores. Para ellos la política es un negocio donde se gana al mil, por eso olvidan las promesas y solo piensan en cómo pagar sus deudas de campaña porque la cultura no les beneficia en nada.  Por eso digo,  no hay propuesta en materia de cultura, o mejor dicho, no hay propuesta clara y concreta para nuestros pueblos originarios en todos sus aspectos.

Los actuales aspirantes tampoco presentan una agenda de trabajo específica en torno a las lenguas nativas. En el panorama actual de reconocimiento y promoción de la diversidad cultural y lingüística, es necesario que los  ciudadanos aspirantes a cargos de elección popular de distritos y municipios originarios tengan un conocimiento mínimo de las lenguas habladas en la región; ya que la lengua permite tener acceso a un particular y restringido conceptos  propios. Por ejemplo, los hablantes nativos del español y que tienen por cultura una distinta a la nuestra pueden conceptualizar fácilmente la palabra ‘naturaleza’; pero, para ‘nosotros’ este concepto no tiene una manifestación a nivel de palabra (voz) porque simplemente nosotros somos parte de.

Debemos entender que cada lengua representa una visión y cosmovisión propia; los políticos conciben a las 68 lenguas originarias en un mismo status, para ellos todos los indígenas somos iguales, y no. Deben entender que cada una de nuestras lenguas tiene su propia expresión, tal diferencia hace posible la existencia de alrededor de 7,000 lenguas en el mundo.

Así mismo, deben entender que nuestra lengua tiene su propio territorio: la tierra, nuestra madre, dadora de vida. Los políticos no saben esto porque no pudieron aprenderlo desde el vientre materno. La relación hombre – naturaleza no existe para ellos. Por tal motivo, proponen modelos de ‘desarrollo’ que permitan a los pueblos originarios salir de su atraso, como por ejemplo construcción de ‘mejores caminos’ aunque estos destruyan nuestros pozos de agua, centros ceremoniales, lugares sagrados, etc. Pero estos caminos les servirán a ellos para comercializar sus productos, vender cervezas, sacar la producción de mercancía producidas por nuestras manos pagándolas a precios irrisorios. En fin, distintos modelos asistencialistas que no aseguran nuestros derechos y tampoco permiten tomar decisiones sobre los modelos que nosotros queremos. Nuestras lenguas no son escuchadas porque el sistema de partidos impide la interlocución.

Al interior de nuestros pueblos los partidos políticos, los programas asistencialistas, las religiones, por mencionar algunos, solo se introdujeron para dividirnos. Los políticos y sus ‘compadres’ que tienen en cada población imponen sus opiniones sobre la conveniencia del sistema de partidos; así mismo, han impedido el derecho de los pueblos a su libre determinación, y a la elección de sus representantes políticos a través de su máxima institución: la Asamblea.

La nación mexicana, a través de sus leyes e instituciones debe promover y respetar los derechos reconocidos y otorgados a los pueblos originarios. Desde la colonización, pasando por la lucha independista y revolucionaria hasta en la actualidad en la lucha contra los modelos de ‘desarrollo’ las violaciones a los derechos indígenas son el acontecer cotidiano.

Nuestro sistema de gobierno contraviene a lo plasmado en los distintos instrumentos nacionales e internacionales, como por ejemplo en el artículo X del Proyecto de la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que dicta: 1. Los pueblos indígenas tienen derecho a mantener, expresar y desarrollar libremente su identidad cultural en todos sus aspectos, libre de todo intento externo de asimilación. 2) Los Estados no deberán desarrollar, adoptar, apoyar o favorecer política alguna de asimilación de los indígenas ni de destrucción de sus culturas. Las prácticas y el ejercicio político promueven ‘inherentemente’ políticas de asimilación, porque las personas de nuestros pueblos no tienen un dominio pleno del español, en nuestra habla siempre hay y habrá un error de pronunciación porque debe entenderse que es nuestra segunda lengua.

El papel de nuestros pueblos como se describe en estas líneas no es clara, porque aquellos que quieren representarnos no son más que vividores de la política y sus intereses giran hacia un camino muy alejados al de nosotros. Esperemos que los próximos gobernantes electos tomen conciencia de esto y permitan un diálogo con nuestros pueblos. Deseamos, una vez más, no ser solo carne de cañón en futuras elecciones.

[1] Universidad Intercultural del Estado de Guerrero


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