París ante la tragedia

El viernes 13 de noviembre de 2015 en lo sucesivo se recordará como un día terrible en la historia de Francia en tiempos de paz. Ese día se registraron tres explosiones cerca del Estadio de Francia y varios tiroteos en el centro de París, lo cuales generaron consternación, miedo y asombro a la ciudadanía francesa y al mundo. Los ataques hasta ahora causaron más de 127 personas fallecidas. De acuerdo a la información proporcionada por distintos medios de comunicación la serie de atentados contra la población civil duró varias horas, al punto en que la Alcaldía de París pidió a las personas no salir de sus casas.

Francia se encuentra en estado de emergencia y cerró sus fronteras. En el curso de las próximas horas y días podrá conocerse el estado de salud de aproximadamente 300 personas hospitalizadas, de las cuales quizá ochenta muestran un estado de salud grave. Hasta ahora se conoce que una organización que se denomina Estado Islámico se atribuyó públicamente la autoría de los ataques. El contenido de ese comunicado deja espacios para asumir con cierto grado de certeza que esta organización tiene la responsabilidad en los hechos.

Este mismo año, en Francia se vivieron otros dos atentados que cobraron la vida de 18 personas ambos fueron comentados en todo el mundo de forma por demás amplia en especial el dirigido a la revista ‘Charlie Hebdo’ y un supermercado de comida judía. Como también es conocido el reciente ataque tiene como contexto la participación de Francia en una coalición que encabeza Estados Unidos para luchar contra el Estado Islámico en Irak y Siria, lugar donde esa organización tiene un control territorial.



El apoyo de México y del mundo hacia Francia se han expresado en las más diversas modalidades a través de los medios de comunicación en especial en las redes sociales donde las personas en su mayoría reprobaron los ataques contra personas civiles, que como en cualquier día lo único que hacían era pasar un día como cualquier otro por las calles de París. Los actos fueron reprobables en diversos sentidos, pues el uso de armas contra la población civil escapa a la lógica del conflicto, al menos como se ha tratado de conceptualizar y definir en Occidente.

Sin embargo, también iniciaron ya los análisis, los estudios y los cuestionamientos que llevaron a que esto ocurriera, y en evidencia se trata de un debate delicado y nada simple de abordar. Las declaraciones de los líderes mundiales si bien parecieran ubicarse en una narrativa predecible, también encierran nudos de análisis que recuerdan otros momentos igual de terribles, en especial, los atentados del 11 de septiembre en la Ciudad de Nueva York a los Estados Unidos.

Con las diferencias del caso, reaparecen ideas, conceptos y demandas, que en su conjunto, trazan las coordenadas de ubicar el enemigo en lo diferente no sólo en términos religiosos sino incluso, y aquí los más grave, en lo civilizatorio. Por otro lado también reaparecen los análisis en que pareciera que la violencia actual por lo menos tendría su explicación directa en las acciones del Estado francés en el conflicto en Medio Oriente. Así, las cosas y entre estas dos rutas de análisis comenzaron a generarse las más diversas posiciones. Habría de tenerse la mayor de las cautelas en fijar posiciones irreductibles sobre alguna de estas tendencias de análisis, porque se trata de un asunto con aristas geopolíticas, históricas, religiosas, económicas, migratorias y con una estela de interpretaciones que exigen el mayor rigor en una época donde prolifera la información medida en pocas unidades.

Hace apenas una semana comenzó a percibirse lo que para diversos estudiosos de las relaciones internacionales parecía un cambio de postura en la política exterior de los Estados Unidos hacia el Medio Oriente donde el centro de gravedad se trasladaría de la iniciativa permanente de hacer nacer y crecer democracias en la región para transitar hacia la mediación de los conflictos. La presencia del Estado Islámico ha sido vista con argumentos rigurosos como un factor de alta inestabilidad en la región así como un riesgo mayor para los países involucrados en los diferentes conflictos en el Medio Oriente, en especial en la nueva ruta que ha tomado el conflicto en Palestina bajo un creciente reconocimiento internacional, y en las tensiones visibles entre Israel y los Estados Unidos.

Para Francia y la ciudadanía francesa toda la solidaridad y el apoyo, para las familias y amigos un sentido abrazo desde la nación nuestra, porque muchos podrán ser los análisis y motivaciones de lo que ha acontecido sin embargo ahí están las pérdidas, la tragedia y el dolor de las personas. Francia ha sido un eje de la arquitectura de la Unión Europea y de una nueva forma de capitalismo. Francia ha sido desde los Acuerdos del carbón y el acero a sólo unos años del término de la Segunda Guerra Mundial una fuente inspiradora de la sociedad abierta, esto es, de la Europa de la libre circulación de los hombres, las mercancías y los capitales.

Por ello es una paradoja lo que hoy ocurre en el Estado francés, porque todos sabemos que no se puede cerrar la sociedad abierta, porque en sus fronteras viven miles de personas que profesan el Islam, y porque durante varias décadas Francia ha sido un espacio de la pluralidad y la diversidad étnica, religiosa, política y social; Francia es una nación donde habitan múltiples voces desde la tolerancia, la comprensión y la vigencia de los derechos humanos, empero ahora enfrenta el horror en una de sus facetas más duras, así como en la impotencia que genera ver como el perpetrador visible quizá como organización desaparece como persona.

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Este atentado desata nuevas tensiones al seno de la Europa común, abrirá compuertas para posiciones encontradas, y dará espacios a debates donde algunos de los síndromes que creímos superar, necesariamente habrán de regresar. Sin embargo, quizá sea tiempo para la reinvención de la política y para un diálogo entre diversas formas de ver y situarse en la realidad.

Tal vez en el inicio del Siglo XXI tengamos la oportunidad de encontrar fórmulas que permitan superar algunas de las peores patologías que heredamos del Siglo XX, y de construir los tiempos para imaginar otros cauces para la política. En cualquiera de los casos, el conflicto clava sus mayores costos en las personas y las familias, antes que en los combatientes, la tarea es por demás compleja pero vivimos tiempos en México y en el mundo donde la política como arte, suma de inteligencias, capacidad para regular el conflicto y acuerdos en la diversidad, se nos hace especialmente necesaria.

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