La ‘girlificación’ de las cosas no es empoderador, es misoginia interiorizada

De las creadoras de “Las girls no tenemos que ser intelectuales todo el tiempo”, llega “Diccionario mundialista para las girls”. Porque no basta con renunciar voluntariamente al conocimiento: hay que reforzar estereotipos patriarcales para que, por fin, podamos interesarnos en actividades que son tradicionalmente masculinas. 

Al principio era gracioso. Después de una larga década de vernos como enemigas e intentar todo lo posible por ser diferente y “no como las otras chicas”, encontramos un punto intermedio para trivializar experiencias femeninas universales y visibilizar etiquetas sociales de manera irónica. 

Girl math, girl dinner, y alguna situación que revelaba cierto nivel de inmadurez o ignorancia de una mujer justificada bajo el discurso “I’m just a girl”. Una nueva tendencia había llegado para decirnos que, en efecto, somos exactamente como las demás chicas, y no hay vergüenza en ello. 

Pero como toda tendencia viral, agotamos hasta el cansancio estas palabras hasta vaciar por completo su significado, y lejos de lograr que las mujeres saliéramos de una caja, terminó haciendo lo contrario hasta convertirse en un símbolo de infantilización y rechazo a la herramienta más poderosa para la autonomía: la información. 

Cuando llegó oficialmente la Copa Mundial de Fútbol, algunas mujeres se dieron cuenta que podían trasladar lo poco que quedaba de este humor, y aún así ser parte de lo que está en tendencia. Empezaron a surgir frases como “el verano que me volví FIFAS” y las mujeres estaban involucrándose de manera oficial en los espacios que tradicionalmente son exclusivos de hombres. 

@7teens4life #mundial #mexico #fifaworldcup #girls ♬ orijinal ses – 📷

El uso de jerseys personalizados fue un buen punto de partida, ya que podían explotar su creatividad y aún así disfrutar su tiempo libre para el disfrute y reforzar su participación en el espacio público.  

Pros: de verdad estaban mostrando interés por un deporte que a menudo coloca la perspectiva masculina en el centro, y ni siquiera lo estaban haciendo por aprobación masculina. Contras: los estereotipos definieron, una vez más, la forma aceptable en la que las mujeres pueden acceder a estos espacios.

Hace unos días la influencer Morgan Riddle, cofundadora de The 400 Club (una comunidad de mujeres aficionadas al deporte) declaró en un podcast que en los últimos 10 años, y tras el éxito de series como Heated Rivalry y Off Campus, la audiencia y el marketing deportivo estaba cambiando. “Antes, el deporte se centraba en conocer a los jugadores, las estadísticas y las tácticas. Ahora, se interesan por la moda deportiva, la vida de los jugadores y sus parejas.”

Pero no necesariamente está cambiando por los factores que menciona. La audiencia femenina está creciendo porque las mujeres también han crecido con los deportes, y son capaces de entender y disfrutar de la misma forma que un hombre lo hace. 

Ese es un gran problema que viene al banalizar la participación de mujeres en el espacio público y en temas en tendencia. Muchas veces se le quita agencia pensando que están lanzando un mensaje de empoderamiento, pero que termina siendo muy limitante.

Porque incluso dentro de los espacios de recreación, el ocio y tiempo libre, las mujeres sí podemos ser intelectuales. 

No porque este tipo de contenido se clasifique como “humor” o “empoderamiento”, significa que el pensamiento detrás sea completamente inocente. La idea de que lo “femenino” es sinónimo de falta de pensamiento crítico por convicción, es parte de una construcción patriarcal que beneficia a todos menos a las mujeres. 

En un país donde las mujeres son orilladas a permanecer en el espacio privado, donde el acceso a la educación y a los espacios públicos son limitados, celebrar contenido que romantiza la ignorancia es otra forma de misoginia. 

No es que le debamos intelectualidad a alguien, nos lo debemos a nosotras mismas.

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