La muerte de Laura Velázquez deja un vacío en la lucha contra el feminicidio en México
La activista Laura Velázquez Florencio, reconocida por su incansable lucha para exigir justicia por el feminicidio de su hermana Diana Velázquez, falleció, informó Amnistía Internacional México, organización que expresó sus condolencias y reconoció el legado de una mujer que convirtió el dolor en una causa colectiva.
Laura comenzó su activismo en 2017, después del feminicidio de su hermana Diana, de 24 años y embarazada, ocurrido en Chimalhuacán, Estado de México. Lo que siguió fue un largo camino marcado por omisiones, negligencia institucional y revictimización por parte de las autoridades, experiencias que la llevaron a denunciar públicamente las fallas del sistema de justicia mexicano.
Desde entonces, acompañó a otras familias de víctimas de feminicidio, participó en campañas de derechos humanos y colaboró con Amnistía Internacional para visibilizar la violencia que enfrentan quienes buscan justicia. Su historia fue incluida en la campaña #HastaSerEscuchadas, donde denunció la falta de investigaciones con perspectiva de género y la indiferencia institucional que enfrentan miles de familias en México.
En 2023, durante una disculpa pública ofrecida por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México a familiares de víctimas de feminicidio, Laura pronunció una frase que sintetizó el impacto de esta violencia:
“A mí no me asesinaron. Pero el 2 de julio de 2017 se llevaron mi tranquilidad.”
Sus palabras se convirtieron en un recordatorio de que el feminicidio no termina con la muerte de una mujer, sino que también transforma la vida de quienes permanecen exigiendo verdad y justicia.
Tras conocerse su fallecimiento, Amnistía Internacional destacó que Laura dedicó su vida a acompañar a otras familias y a denunciar la impunidad que persiste en los casos de violencia feminicida. Diversas colectivas y defensoras de derechos humanos también expresaron su reconocimiento a una mujer cuya voz se convirtió en símbolo de resistencia frente a un sistema que, en numerosas ocasiones, obliga a las propias familias a investigar los crímenes de sus seres queridos.
La historia de Laura Velázquez evidencia una realidad que se repite en México: madres, hermanas e hijas que, ante la falta de respuestas de las autoridades, se transforman en defensoras de derechos humanos para exigir justicia. Su legado permanecerá en la memoria de quienes continúan luchando para que ninguna familia tenga que recorrer el mismo camino de dolor e impunidad.