¿Cómo se están redefiniendo las maternidades desde la literatura contemporánea? Tres autoras para entenderlo
No recuerdo a la primera figura materna que conocí en la literatura. Tal vez porque muchos de los personajes con los que crecimos están cargados de clichés y arquetipos que muchas veces no se traducen a nuestra realidad: madres amorosas, cuidadoras, sabias y que son el sostén de la familia, sin complejidades, sin individualidad y sin otros deseos, solo existir para ser madres. Sin embargo, cada vez hay más historias de maternidades que intentan alejarse de los relatos hegemónicos, naturales y míticos, dando un paso a una pluralidad de voces y experiencias en torno a la maternidad.
Una mañana del 30 de noviembre de 2025, se reunieron tres autoras en la FIL Guadalajara con diferentes propuestas sobre maternidades en literatura: madres que han abandonado a sus hijos, mujeres que renunciaron a sus sueños para que sus hijos cumplieran los suyos y el deseo de ser madre o la ausencia de esta. No es que estos libros compartan el mismo abordaje en sus historias, o que haya una forma en la que estas historias se unan, sino que todas buscan aportar una maternidad singular.
Begoña Gómez Urzaiz llegó en 2022 con Las abandonadoras, Gemma Ruiz en 2025 con Nuestras madres y Elisenda Solsona con Mammalia en 2024. A pesar de los diferentes géneros literarios y temas que abordan en sus libros, las tres autoras coinciden en que la literatura debe servir para desmontar el cliché de la “madre santa y perfecta”, y defienden que la maternidad no debe ser el centro de la identidad femenina. Más bien, debería ser una herramienta para reescribir sus identidades y su experiencia humana. Y vaya que lo hacen a partir de sus propias historias.
Las abandonadoras (Begoña Gómez Urzaiz, 2022)
Por un lado, Begoña Gómez relata en su primer libro una realidad de la que incomoda hablar: madres que, por diversas circunstancias de la vida, abandonaron a sus hijos y que llevan toda una vida cargando con culpa, juicios externos y rabia por el resto de la sociedad. En él, Gómez señala una profunda desigualdad entre hombres y mujeres: la sociedad perdona —o simplemente olvida— al padre ausente, incluso se convierten en un meme. Pero a las madres se les señala como abandonadoras y como figuras monstruosas. Para ellas no hay una narrativa de aventura, no hay normalización, ni matices. “Los padres solo se van; si una madre lo hace, abandona” señala Begoña.
Nuestras madres (Gemma Ruiz, 2025)
En el caso de Gemma Ruiz, ella rinde homenaje a las mujeres poderosas que pertenecieron a la época franquista. En Nuestras madres escribe desde la ira, pero lo hace desde un lugar en donde intenta reivindicar la memoria colectiva: analiza cómo estas madres se vieron obligadas a renunciar a sus propios deseos y ambiciones para que sus hijas pudieran cumplir los suyos, operando bajo una estructura de opresión que las mantenía en segundo plano.
Mammalia (Elisenda Solsana, 2024)
Y finalmente, Elisenda Solsona parte de la infertilidad y el control del cuerpo. A través de la ficción, Mammalia relata la experiencia de la infertilidad como un proceso marcado por la vergüenza y la falta de control sobre el propio cuerpo femenino, explorando contextos donde el Estado ejerce un dominio absoluto sobre la natalidad. De esta manera, trae a la mesa figuras como la de la madrastra o aquellas que maternan sin hijos biológicos o a través de la adopción, desafiando a la norma patriarcal.
Begoña, Gemma y Elisena comparten un gesto que es, al mismo tiempo, literario y político: el de mirar la maternidad sin apartar los ojos de sus contradicciones. Ninguna de ellas la idealiza ni la condena. De hecho, algunas la practican desde convertirse en la madrastra, en maternar dos hijos de padres distintos y en la elección de no ejercer la maternidad. De esa manera, han aprendido a recuperar y controlar la narrativa, a integrarla a un lugar propio y narrar desde la experiencia. Y si lo pensamos bien, esa también es una forma de devolverle a la maternidad su significado humano y político.