La otra cara del tequila: el campo mexicano enfrenta una crisis sin precedentes

Antes era uno de los cultivos más rentables de México. Hoy, miles de hectáreas de agave azul permanecen abandonadas, los precios se han desplomado y una plaga amenaza con agravar aún más la crisis de una industria que sostiene al tequila, uno de los productos más emblemáticos del país.

El problema comenzó tras el auge del tequila entre 2019 y 2022. La creciente demanda internacional impulsó el precio del agave hasta los 30 pesos por kilo, incentivando a miles de productores a sembrar más plantas. Sin embargo, el agave tarda entre seis y ocho años en alcanzar su madurez, por lo que toda esa producción llegó al mercado prácticamente al mismo tiempo.

El resultado fue una sobreoferta que terminó por hundir los precios. De acuerdo con el Consejo Regulador del Tequila (CRT), en marzo de 2026 el kilo de agave llegó a comercializarse entre 0.80 y 8 pesos, una caída de hasta el 92 % respecto a los años de mayor bonanza.

Aunque el tequila continúa vendiéndose dentro y fuera del país, la situación es muy distinta para quienes cultivan la materia prima. Para numerosos pequeños productores, vender el agave ya no alcanza para recuperar los costos de producción, lo que ha provocado que muchos opten por abandonar sus parcelas.

Ese abandono ha encendido las alertas sanitarias.

Los campos sin mantenimiento favorecen la aparición y propagación de plagas como el picudo del agave (Scyphophorus acupunctatus), considerado uno de los insectos más destructivos para este cultivo. Además, aumentan las enfermedades bacterianas y fúngicas que afectan directamente la piña del agave, reduciendo su calidad y productividad.

El riesgo no termina en un solo terreno. Las plagas se desplazan fácilmente entre parcelas, por lo que un cultivo abandonado puede convertirse en un foco de infección para toda una región productora.

El presidente del CRT, Aurelio Rocha, explicó que actualmente existen alrededor de 3.5 plantas disponibles por cada una que realmente demanda la industria, un desequilibrio que mantiene deprimidos los precios y dificulta la recuperación del sector.

Paradójicamente, la crisis no significa que el tequila vaya a desaparecer. La producción nacional continúa y las exportaciones incluso registraron un ligero crecimiento durante el primer semestre de 2026. Sin embargo, especialistas advierten que, si el abandono de cultivos continúa y las plagas se expanden, el problema podría traducirse en una escasez de agave en los próximos años.

Ante este panorama, el Consejo Regulador del Tequila ha anunciado un reforzamiento de la vigilancia fitosanitaria y de los programas para mejorar la planeación de las siembras, con el objetivo de evitar que un nuevo ciclo de sobreproducción vuelva a poner en riesgo a toda la cadena productiva.

La crisis del agave evidencia una de las mayores vulnerabilidades del campo mexicano: cuando el mercado depende de ciclos largos de producción y de una demanda cambiante, el éxito de un momento puede convertirse, años después, en una amenaza para miles de familias que viven de la tierra.

 

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