Maternidades disidentes: Subjetividades maternas frente al ideal heteropatriarcal

Audre Lorde alguna vez dijo: algunos problemas los compartimos como mujeres, otros no. Ella, siendo lesbiana, negra, feminista, hija de padres inmigrantes y madre de dos hijos, fue de las primeras en abordar las maternidades disidentes no como una teoría, ni como un debate, sino como una experiencia compartida. En el camino, muchas mujeres se han unido para pensar las maternidades desde afuera, desde la teoría y la práctica. 

¿Qué son las maternidades disidentes? 

Las maternidades disidentes son todas aquellas que rompen con la idea de que existe una única forma correcta de ser madre. Son las madres lesbianas, las que eligieron la inseminación artificial o la adopción sin una pareja a su lado, las madres solteras por elección o circunstancia, y las simplemente se atrevieron a alejarse y cuestionar lo que se supone que debe ser una “madre perfecta”.

Lo que las une no es una orientación sexual, el aspecto físico o un estilo distintivo, sino una experiencia compartida: maternar fuera del discurso dominante heteropatriarcal que dicta quién, cómo y bajo qué condiciones ejerce la maternidad. 

Esta disidencia también toma otras formas. Las maternidades trans y de personas no binarias con capacidad de gestar desafían el binarismo de género y la asociación exclusiva de la maternidad con la identidad femenina. Las maternidades racializadas también entran en este entendimiento, nombrando la experiencia de mujeres migrantes, refugiadas o desplazadas que maternan atravesadas por múltiples formas de opresión. Mientras que las maternidades con discapacidad visibilizan a quienes resignifican el cuidado y la crianza frente a una sociedad que frecuentemente devalúa tanto a las madres como a sus hijos con alguna discapacidad.

El mandato de la “madre perfecta” vs la maternidad disidente como acto de cuidado político 

En Nacemos de mujer, Adrienne Rich fundamenta que el cuerpo de la madre constituye uno de los territorios sobre los que se erige el patriarcado. Desde ahí, señala que la maternidad es entendida como institución, como aquel conjunto de suposiciones, normas  y reglamentos no escritos que limita la experiencia de las mujeres y disidencias para mantener el potencial reproductor femenino bajo control masculino. 

Sara Ruddick añade otra dimensión en su libro Pensamiento maternal al señalar lo siguiente: “Muchas feministas —y yo estoy entre ellas— se imaginan un mundo con muchos más hombres capaces de participar plenamente de las responsabilidades y placeres de la maternidad.” Sin embargo, en la vida cotidiana ese horizonte sigue siendo lejano. La maternidad sigue estando envuelta en la mitificación de un espacio sagrado, solitario y a la vez perfecto, y cuando una madre muestra arrepentimiento, culpa o enojo, la sociedad es la primera en juzgarla y sancionarla.

Es precisamente en esa teoría en donde entra Audre Lorde. Mientras que unas ya definieron la maternidad como una institución patriarcal, Lorde demuestra cómo se ve una madre fuera de esa institución. En El hombre niño: Respuesta feminista de una madre negra y lesbiana ella habla desde su experiencia personal criando a su hijo Jonathan y a su hija Beth junto a su pareja Frances. No ofrece fórmulas ni recetas: ofrece honestidad.

Para ella, uno de los mayores retos al maternar y criar, en especial a un hijo, es que no pueden encontrar modelos convencionales de masculinidad, ni modelos de dominación y sumisión que la sociedad cataloga como “naturales” o “normales”. Pero es ahí donde encuentra una ventana de oportunidad, y entonces se da cuenta que maternar no es reproducir el orden existente, sino interrumpirlo.

Lecciones que nos dejan las maternidades disidentes

  • La honestidad como herramienta de poder: Audre Lorde sostiene que la mejor herramienta que puede dar a sus hijos proviene de estar dispuesta a mirar en su propio interior y ser honesta con ellos sobre lo que pueden encontrar en ese entorno. Sea una maternidad lésbica, soltera, por inseminación artificial o adopción, no debe de haber secretos, ni vergüenza, ni miedo.
  • En un sistema patriarcal la maternidad es de los únicos espacios en el que una mujer puede ejercer plenamente: Pero ojo, como mujer y como madre es necesario repensar las formas de ejercer esa maternidad, y tener presente que no hay una sola forma de vivirla, ni tiene porqué ser una experiencia individual.

La crianza de hijos varones: Todas las autoras mencionadas destacan la importancia de enseñarle a sus hijos a sentir, a nombrar sus emociones y a no esperar que las mujeres a su alrededor hagan ese trabajo por él. Y sobre todo, ayudarles a construir su propia definición de masculinidad, una que no dependa de los modelos sexistas, presiones externas y jerarquías de poder.

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