Sheinbaum cierra filas con Ariadna Montiel y rechaza uso político de programas sociales
Con una defensa férrea y un mensaje claro, la presidenta Claudia Sheinbaum marcó un límite institucional ante las críticas internas de Morena contra Ariadna Montiel, actual secretaria del Bienestar. En un contexto donde las tensiones por el control de programas sociales escalan, la mandataria no sólo respaldó la gestión de Montiel, sino que también cerró filas en torno a la despolitización de los apoyos federales.
La controversia estalló tras la filtración de audios donde legisladores morenistas acusan a Montiel de corrupción, trato despótico y marginación en eventos oficiales. Algunos, incluso, reclamaron que la secretaria no respondía llamadas y la excluían de actos relevantes. Las voces más críticas, como la diputada Irma Juan Carlo y el legislador Juan Carlos Varela, utilizaron expresiones como “trato déspota” o que se les trataba “como perros de rancho”.
Inicialmente evasiva, Sheinbaum reaccionó solo después de saber que los audios provenían de Latinus, lo cual incrementó el tono defensivo de su discurso. A partir de ahí, viró hacia una exposición amplia en defensa de Montiel, resaltando su capacidad organizativa, su labor territorial y el alcance masivo de las asambleas programadas. La funcionaria, por su parte, detalló una intensa agenda que incluye censos de salud, revisión de expedientes de pensiones por discapacidad, y la entrega de tarjetas de programas como “La Escuela es Nuestra”, “Clínica es Nuestra” y apoyos para jornaleros agrícolas.
Más allá del respaldo técnico, la presidenta articuló un mensaje simbólico: en su gobierno, la gestión personalizada de programas sociales para beneficio político se terminó. “Los programas son universales, y si no lo son, se definen casa por casa, con criterios claros, no por la intervención de un legislador”, sentenció.
Sheinbaum hizo énfasis en la trayectoria de Montiel dentro del movimiento, evocando incluso sus tiempos compartiendo trincheras durante manifestaciones con AMLO. Recordó, en un guiño nostálgico y funcional, cómo ambas sostenían cuerdas humanas para proteger al entonces líder opositor, intentando con ello proyectar integridad y lealtad de origen.
A pesar de la dureza con la que Sheinbaum respondió a los legisladores críticos, el mensaje de fondo tiene un propósito institucional: reafirmar el carácter impersonal y estructurado de los programas sociales. En un momento electoral clave, donde Morena se juega su continuidad y su credibilidad, la mandataria parece advertir que el clientelismo disfrazado de gestión no tendrá cabida en su proyecto.
Sin embargo, esta postura también expone una fractura interna. Las quejas de los legisladores no son nuevas ni aisladas. El hecho de que se ventilen de forma anónima y en medios críticos al gobierno revela una pugna más profunda por el control territorial de los apoyos, una disputa que ha sido históricamente uno de los ejes de poder en la política mexicana.
Lo que se proyecta como una defensa de principios también es, en los hechos, una delimitación de jerarquías: la centralidad del Ejecutivo en la operación del bienestar queda reafirmada, así como la subordinación operativa de los legisladores, incluso dentro del mismo partido. Y en tiempos donde los equilibrios de poder internos tienden a desdibujarse ante la perspectiva electoral, el episodio Montiel no sólo es un ajuste de cuentas, sino una advertencia simbólica para quienes pretendan convertir el presupuesto social en capital político propio.