El fútbol es político, quieran o no
Cada vez que la o el árbitro pita el silbatazo inicial, pareciera que durante 90 minutos (ahora más con las nuevas pausas de hidratación) el mundo se detiene y solo importa la pelota. Sin embargo, la política no se va a ningún lado. Hay capas detrás del deporte más popular en el mundo.
El fútbol une, trae alegrías y esperanzas, sí. Pero también es un instrumento de poder. Uno que sirve para legitimar gobiernos, lavar caras, afirmar identidades nacionales y hacer negocios.
Fascismo y fútbol
La Copa Mundial de 1934, celebrada en Italia, fue utilizada por el dictador Benito Mussolini como un instrumento clave de propaganda para legitimar su régimen fascista tanto a nivel nacional como internacional.El torneo estuvo marcado por la controversia, arbitrajes abiertamente favorables y fuertes presiones sobre el equipo local para asegurar su triunfo.
Un verdadero dictador
El Mundial de 1978 en Argentina se disputó bajo la dictadura militar de Jorge Rafael Videla. Con centros clandestinos de detención y tortura funcionando a pocas cuadras de los estadios donde se jugaban los partidos.
La junta militar usó el título obtenido por la selección de César Luis Menotti para proyectar una imagen de normalidad hacia el mundo, mientras se desaparecían a miles de personas.
Esa fiebre mundialista funcionó como cortina de humo para que el régimen militar de Videla lavara su imagen, mientras, a pocos kilómetros de donde se jugaba el torneo funcionaban centros clandestinos como la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada). Hay testimonios de sobrevivientes de la ESMA que aseguran haber escuchado los festejos del gol de la final desde su cautiverio. El trofeo sirvió como una buena cortina.
Identidad vasca
El Athletic Club en Bilbao construyó una política deportiva que es en sí misma una declaración política: solo ficha jugadores formados en el País Vasco (o de cantera vasca en sentido amplio). Buscan diferenciarse dentro del Estado español a través del deporte. El equipo busca sostener una identidad nacional.
La Unión Soviética y Chile
En 1973, tras el golpe de Estado por parte de Augusto Pinochet, la selección de la Unión Soviética (URSS) debía disputar un repechaje para el Mundial 74 contra Chile en el Estadio Nacional de Santiago.
Ese estadio había sido usado como centro de detención, tortura y ejecución de opositores al régimen apenas semanas antes. La URSS se negó a jugar allí por razones humanitarias y políticas. La FIFA, indiferente, obligó a Chile a presentarse solo en la cancha y a marcar un gol simbólico ante el arco vacío para clasificarse.
Fútbol e independencia
Durante la guerra de independencia de Argelia contra Francia, el Frente de Liberación Nacional organizó en 1958 un equipo de fútbol propio, formado por jugadores argelinos que militaban o simpatizaban con la causa independentista, muchos de ellos con carrera en clubes franceses.
El equipo argelino no compitió en torneos oficiales, pero recorrió el mundo jugando partidos amistosos con un objetivo claro: visibilizar internacionalmente la causa argelina y desafiar la narrativa colonial francesa. La selección argelina de fútbol surgió de manera clandestina antes de que el país fuera reconocido como nación soberana.
Didier y paz
En 2005, tras la clasificación de Costa de Marfil a su primer Mundial, Didier Drogba tomó el micrófono en el vestuario, de rodillas junto a sus compañeros, y pidió públicamente el fin de la guerra civil que dividía al país entre norte y sur.
Esto tuvo un impacto real. Se cree que fue uno de los factores que ayudó a acelerar negociaciones de paz, y poco después la selección llegó a jugar un partido en Bouaké, bastión rebelde, como gesto de reconciliación nacional.
Trump e Infantino
El actual presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha hecho todo lo posible para ganarse las simpatías del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En 2025, la FIFA inventó un Premio de la Paz que le entregó al mandatario estadounidense.
Trump le tomó la medida y, en medio del Mundial 2026, le pidió a Infantino reconsiderar la tarjeta roja que le había sido impuesta al goleador estadounidense Balagun. La FIFA atendió el llamado de Trump.
El fútbol es un juego que moviliza países enteros, genera identidades colectivas, factura miles de millones de dólares. Es imposible que quede al margen de la política. Es un terreno donde se disputa poder, legitimidad y narrativa.