“Vladimir, Detente”: Estalla Trump en redes contra Putin por bombardeos a Ucrania

En la madrugada del jueves, Kyiv se convirtió en epicentro de uno de los ataques más letales desde el verano de 2024. La capital ucraniana amaneció con 70 misiles y 145 drones rusos cayendo sobre edificios residenciales, hospitales y centros de infraestructura civil. Al menos 12 personas murieron y más de 90 resultaron heridas. Para cientos, su hogar desapareció en minutos. Para el resto del mundo, la guerra volvía a tocar la puerta con fuerza.

Entre las reacciones internacionales, destacó una que nadie vio venir: Donald Trump. El presidente de Estados Unidos usó su red Truth Social para lanzar una rara y contradictoria crítica pública a Vladimir Putin: “¡Vladimir, DETENTE!”. Esto, mientras presiona a Ucrania para aceptar un acuerdo de paz que, según trascendidos, contempla ceder Crimea a Rusia. Un giro de 180 grados en la política exterior estadounidense que rompe con años de postura firme contra la anexión forzada de territorios.

El mensaje de Trump llega tras semanas de tensiones entre su administración y el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky. Para Trump, Zelensky es un “incendiario” que prolonga la guerra; para Zelensky, el plan de paz estadounidense es una capitulación disfrazada. “Aceptamos el alto al fuego hace 44 días, y Rusia sigue matando a nuestro pueblo”, reclamó el líder ucraniano.

Mientras tanto, Kyiv arde. En el distrito de Sviatoshyn, un edificio fue reducido a ruinas. En las redes sociales, se multiplicaron los relatos de ciudadanos que pasaron la noche en refugios, en pasillos, o simplemente rezando bajo sus techos endebles. Una mujer relató cómo perdió el acceso a su departamento porque las escaleras ya no existían. Un joven esperaba a su amigo Danya, desaparecido entre los escombros junto con sus padres.

Los servicios de emergencia y rescate trabajan manualmente para remover restos de concreto. No pueden usar maquinaria pesada: todavía hay personas atrapadas. Entre ellas, al menos seis niños. El olor a quemado, el polvo suspendido y las lágrimas son parte de una escena que se repite desde 2022, pero que esta vez tiene un giro aún más desconcertante: Estados Unidos parece inclinar la balanza hacia Moscú.

Zelensky acortó su visita a Sudáfrica. Volvió de inmediato al país mientras sus ministros asistían sin respaldo de alto nivel a negociaciones de paz en Londres, marcadas por la ausencia del secretario de Estado Marco Rubio y la amenaza de JD Vance de retirar a EE.UU. del proceso si no hay acuerdo pronto. La diplomacia trumpista parece más interesada en cerrar rápido que en cerrar bien.

La administración Trump incluso ha retomado los argumentos del Kremlin: responsabilizar a Ucrania del conflicto, negar presión real sobre Rusia y sugerir que todo terminaría si Kiev aceptara su derrota. Como si los escombros, las muertes y los niños sin hogar fueran simples daños colaterales de una firma no estampada en un papel.

Las sirenas volvieron a sonar seis horas seguidas en Kyiv. Y mientras los drones rusos seguían sobrevolando la ciudad, Trump publicaba que quería “¡LOGRAR el acuerdo de paz!”. La ironía no se escapa de nadie: el mandatario que hoy reprende a Putin es el mismo que ayer proponía que Ucrania reconociera la ocupación de Crimea.

La indignación crece no solo entre los ucranianos, sino entre quienes aún creen que los principios deben pesar más que las urgencias geopolíticas. Porque en esta guerra, la paz propuesta no es un final justo, sino un cese condicionado que impone a la víctima la renuncia a su soberanía. Y eso, como lo saben los sobrevivientes de Kyiv, no se negocia entre escombros.

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