Mujer, se va la vida, compañera

Nada es peor que no hacer nada. La conclusión como una consecuencia del paso por la vida. En los muchos años de andar con la guitarra en el hombro, para rasgar en sus cuerdas la verdad que se ha inscrito en su mirada.

León Chávez Teixeiro atestigua, por elección, la lucha y fortaleza de las mujeres. Acude a sus nombres y exalta sus virtudes, el tesón, y entonces los versos de su escritura se convierten en un homenaje a la resistencia.

Mujer, se va la vida, compañera, es un documental, bajo la dirección de Mariana X. Rivera, que reseña el compromiso del cantautor (desde el título podemos asomarnos a la rúbrica de creación de Chávez Teixeiro), con los movimientos sociales, sobre todos esos que se echan acuestas las mujeres: costureras, vecinas que defienden su contexto que es su identidad, la flora y fauna que les legarán a sus descendientes.

Pero el patrón, voraz, la autoridad indiferente, indolente…

A manera de sinopsis, el documental describe: “Las canciones de León Chávez Teixeiro han acompañado y retratado las luchas populares de la Ciudad de México las últimas cinco décadas. Conoceremos a través de él y su música, la historia de tres mujeres que participan en distintos movimientos sociales y quienes nos invitan a reflexionar sobre los valores de la lucha organizada y preguntarnos sobre el futuro de nuestra sociedad”.

A ritmo de trenes, con la urbanidad puesta y dicha en imágenes (elocuentes imágenes, poéticas imágenes, texturas que enaltecen la estética de los nacidos jodidos), León Chávez Teixeiro reconstruye su origen, ese lugar donde nació y creció, su aldea que recorrió con pasos de niño, ese rincón que son muchos rincones del otrora Distrito Federal, y los recorre ahora con sus pasos de trashumante: el nómada que regresa para recrearnos los motivos de su ideología e identidad.

Porque de aquí soy, nos sugiere en una fotografía que lo retrata íntegro. La fotografía descriptiva que engloba el documental entero.

El ritmo de Mujer, se va la vida, compañera, es un propósito preciso, mejor resuelto: imposible. Es el ritmo del documental que nos describe también el ritmo físico del protagonista, el ritmo interior, sereno de su andar, las pulsaciones nobles y generosas que le destellan en su corazón.

Porque la armonía es un todo, en la estética de lo que el arte nos presenta. Y en esta propuesta donde León Chávez Teixeiro nos habla del otro (en este caso de las otras) nos habla de sí mismo. Porque los abrazos con sus vecinas y vecinos, amigos de siempre, son la sugerencia perfecta de su personalidad: un profesional que ejerce el oficio de amarrarse las agujetas de los zapatos del prójimo.

Las arterias del documental son las luchas sociales que las mujeres emprenden en aras de conservar lo que les pertenece. A esas luchas, en reconocimiento, se adhiere el cantautor, el rolero como él mismo se define.

Se despliega también, en el contenido audiovisual, la terrible tragedia del sismo de 1985 en la capital del país, donde la esperanza de muchos afloró al encontrarse con que son dueños de una capacidad inconmensurable para la fraternidad y organización. Empero, el dedo índice también está presto para señalar la rapiña de los patrones, el agandalle a la hora del recuento de los daños, donde el empresario aspira al rescate de la maquinaria, por encima del rescate de los cuerpos atrapados entre escombros.

Todo esto va observando León Chávez Teixeiro, para mostrárnoslo a los espectadores. Todos estos pasos que recorre enaltecen las voces de esas mujeres que nos muestras también su hábitat, sus mundos interiores, la precariedad de sus viviendas construidas de improviso porque el derrumbe les cercenó la edificación mas no el amor para con sus hijos.

Y resistir es un credo inherente, porque la condición de su género, en un mundo mezquino, las hace capaz de luchar todos los días para perseguir sus sueños que significan la construcción y el desarrollo de sus familias.

En recorrido del documental, es inevitable la irritación en los ojos, podría ser esto una consecuencia de la poética, insisto, en la textura, en el look mismo de la propuesta, e insoslayable es que la irritación proviene quizá de la nostalgia de esa urbanidad que nos abraza a nuestros pasos cada vez que nos vestimos de viajantes o de vecinos, o de hermanos, porque al fin de cuentas el mundo de la región que habita Chávez Teixeiro, es también nuestro mundo. Las mujeres que protagonizan el documental son también las mujeres que nos abrazaron cuando fuimos niños, esos niños que nunca dejaremos de ser.

Las otras preguntas que el arte en imagen y audio nos proponen los realizadores, son los inevitables, ¿por qué y de dónde ha salido este rolero?, que parecería ser no tiene otra cosa más allá que su cuerpo y su mente, y auténtica e inherentemente, lo dispone para los otros que son las otras.

Sin la galanura de una guitarra que deslumbre (que al final de cuenta su guitarra, sus letras, su voz, conmueven) sin la búsqueda de los demasiados acordes, con la honestidad rabiosa, el rolero nos dice que él cuenta historias en sus canciones.

Y la vida que es exacta nos muestra lo preciso y preciado de su discografía, porque una y otra vez la podemos mirar cómo emerge de los archivos de esas casas a las que regresa para ponernos sobre la mirada, otra vez, el motivo de su actitud de vida, el origen de sus canciones, el motor de sus pasos: la lucha y fortaleza de las mujeres. Otra vez.

MUJER. SE VA LA VIDA, COMPAÑERA (CUARENTENA)) from Urdimbre Audiovisual on Vimeo.

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