Calcetines, física cuántica y derechos civiles


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Hace unos días un buen amigo publicó esta imagen. Broma inocua en apariencia, encierra uno de los más grandes enigmas a los que se haya tenido que enfrentar el intelecto humano: calcetines que desaparecen por las noches.

Sucede tan a menudo, que ya algunas culturas han tenido que recurrir al mito para explicar el fenómeno: los nórdicos hablan de un ser fantástico que aparece muy entrada la noche y gusta de devorar calcetas, El Dragon de las Calcetas; los asiáticos, de espíritus que se los llevan para usarlos como refugio. Mitos, es todo lo que tenemos hasta el día de hoy, pero, a pesar de los estragos que causa diariamente en la vida de millones de personas, es un problema que no ha sido abordado por la ciencia. Es hora ya de darle la importancia debida y colocarlo ahi, junto a los grandes problemas del milenio: encontrar su solución no debe considerarse una hazaña inferior a dar con la solución a P versus NP, la conjetura de Hodge, o la hipótesis de Riemann, aunque, por su naturaleza, tal vez habría que circunscribirlo al problema de la existencia de Yang-Mills y del salto de masa.


Los calcetines, estarás de acuerdo querido lector (a), te los quitas ambos siempre en el mismo lugar: la recamara, el baño, tal vez la sala, pero nunca te quitas uno en la recamara y el otro en la sala: ¡Diablos! Son como los zapatos: donde te quitas uno te quitas el otro, de lo contrario irías renqueando y la situación sería bastante extraña. Sin embargo, si hay una característica que distingue a los calcetines —como nos lo demuestra la imagen de arriba— es su increíble capacidad para repelerse el uno al otro y aparecer en lugares distintos a aquellos donde te los quitaste. Esto me ha llevado a formular varias teorías al respecto.

El Calcetín como Retardante de la Energia Cinetica.

La explicación más obvia, probablemente, es que el material del que están compuestos los calcetines —poliéster en su mayoría— es un muy buen retardante de la energía cinética. Al caminar durante el día esta se va acumulando en su superficie y, ya liberados del pie y los zapatos, esperan a que te duermas para empezar a dar pequeños saltos (lo cual nos habla también de sus capacidades extrasensoriales). Así, aunque podrías afirmar ante notario que te los quitaste justo al lado de la cama antes de dormir, ahora uno de ellos ya no está (curioso por cierto: siempre es uno, nunca se pierden los dos, si así fuera ni siquiera te molestarías en buscarlos) y por fin, después de mucho buscar, lo encuentras bajo la cama del cuarto contiguo, en la sala a 10 metros de distancia o adentro del refrigerador (sí, me ha sucedido).

Esta teoría me gusta, y podría apostar mi reputación en ella, pero hay otras más interesantes.

El Calcetín como Elemento Cuántico de Gran Envergadura.

Es muy posible que a pesar de sus Nobel, Bohr, Feynman, Fermi, Plank, Schrödinger y John Von Neumann estén todos equivocados y sea necesario considerar que el estado cuántico se puede manifestar también en elementos no subatómicos. Que la indeterminación y la aleatoriedad que experimentan las partículas a niveles subatómicos sea aplicable a elementos de gran envergadura. Y que una de las características más distintiva de los electrones: aparecer y desaparecer aleatoriamente en diferentes lugares y sin motivo aparente, —el brinco cuántico— es posible también en estructuras más grandes como el calcetín. Así, sería interesante ver —por las implicaciones practicas que se podrían derivar de su estudio—, los resultados de introducir en las ecuaciones al calcetín como la partícula minima con características cuánticas. Imaginen las posibilidades: si logramos descifrar la formula y trasladar ese comportamiento a elementos aun más grandes: una nave espacial por ejemplo, estaríamos en condiciones de hacer viajes interestelares con un mínimo consumo de energía.

Este problema es de la mayor importancia para la humanidad, por lo que urjo a la comunidad científica a tomar cartas en el asunto.

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Teoría Virtual Mecanicista

Si como los últimos estudios sugieren, estamos viviendo en una simulación de computadora, la aparición-desaparición aleatoria de los calcetines debe ser considerada como un simple error del sistema, un “bug” que El Arquitecto no se ha molestado en depurar porque espera liberar pronto una nueva versión del universo donde los avatares humanos ya no son tan miserables. Una versión donde, si te fuera dado ver su sistema de archivos, la verías junto con otras múltiples versiones del universo y a la que para distinguir de las demás llamaría algo así como: “Universo versión 10.2.3 buena Ok” al lado de versiones como: “Universo versión prueba Dinosaurios 4.2” o “Universo extinción paleolítico v2.2 revisión”. Su gran proyecto, por supuesto, es el Multiverso con funciones recursivas, que no ha podido empezar por falta de presupuesto y por que tiene que sacar antes otras chambas. Los programadores son conocidos por ese tipo de cosas.

Teoria Biológico-Evolutiva.

El calcetín ha evolucionado a lo largo del tiempo, desarrolló ciertas capacidades morfológicas y fisiológicas fundamentales, y a fuerza de desplazarse desde hace centurias en los pies de hombres y mujeres se han impreso en sus genes y en su memoria muscular ciertos reflejos condicionados que le impulsan a seguir moviéndose aun y cuando ya no esté en el pie de su dueño. Es posible que estemos observando un estadio muy primitivo de su evolución, donde apenas han aprendido a reptar (una especie de invertebrados ¿calcetinotrópodos?) pero, que de seguir la tendencia actual, dentro de algunos milenios sean seres pensantes e independientes que se nieguen a seguir a nuestro servicio. Así, en un futuro, pensar en una revolución de los calcetines no es nada descabellado —al menos por el planteamiento evolutivo—, y nuestra actual preocupación por los posibles estragos de la inteligencia artificial, el Apocalipsis zombie o la invasión extraterrestre sean un tanto fantasiosas y prematuras.

Esto nos lleva a la Teoría Social.

Debemos desde ya considerar a los calcetines como individuos conscientes, con plenos derechos: derecho a un ambiente de trabajo sano, derecho a la libertad de asociación, reunión y manifestación, derechos sexuales y reproductivos, así como derecho a la autodeterminación y a la libertad de transito y residencia. Esto se deduce de su tendencia a querer separarse de nosotros. No nos quieren. Punto. Démosles su libertad.

Por eso me siento culpable cuando en las noches, para evitar que alguno de ellos escape, los extiendo cuidadosamente y les pongo encima un pesado libro o la esquina del buró: es un alivio tremendo saber que al despertar por la mañana ahi van a estar los dos, listos para irse a la lavadora. Aunque, por otro lado, también me preocupa que en un universo alterno, donde los calcetines son la especie dominante, mi comportamiento pudiera ser considerado abusivo y me sometieran a juicio con resultados no muy favorables.

Eso sí me quita el sueño.

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ARMANDO ALVAREZ


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