La meditación produce efectos que se prolongan durante siete años

En general, el término meditación hace referencia a aquellas prácticas mentales que ayudan a concentrarse en un punto específico o a controlar el incansable flujo del pensamiento. En los últimos años, desde las investigaciones de Francisco Varela y Richard Davidson fomentadas por el propio Dalai Lama, el cúmulo de estudios que demuestran que estas prácticas tienen numerosos beneficios para la salud de las personas ha ido creciendo cada vez más.

En ellos se ha constatado, por ejemplo, que la meditación puede reducir el dolor mejor que un placebo o que frena los efectos del envejecimiento en el cerebro, al reducir la pérdida de materia gris asociada a la edad.

Otras investigaciones han incidido en los beneficios de la meditación para la consciencia o para las capacidades cognitivas humanas. Estos han demostrado que meditar puede reducir los prejuicios racistas, agudizar los sentidos, aumentar la compasión o hacer que el cerebro procese información más rápidamente.

Durante cuánto tiempo

Pero, ¿cuánto dura este aumento de la consciencia, en un sentido amplio, en una persona que se dedica a meditar? En 2016, investigadores de la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, la Universidad de California en San Francisco, y la Escuela de Medicina de Harvard (EE.UU.) realizaron un estudio para tratar de responder a esta pregunta.

En la investigación, un equipo de personas participaron en un retiro de meditación. Después, fueron sometidas a mediciones de diversos indicadores genéticos. Los resultados mostraron que, una semana después del retiro, tanto los meditadores novatos como los experimentados aún presentaban cambios genéticos significativos, concretamente en la actividad de aquellos genes relacionados con la respuesta al estrés y la función inmune1Es importante señalar que cuando hablamos de cambios a nivel genético, nos referimos a modificaciones en la expresión de ciertos genes particulares que tienen impacto en la producción de hormonas del estrés y otras moléculas que alteran los estados emocionales [algo que puede explicarse gracias a la epigenética], pero jamás se debe pensar que hay cambios estructurales en el ADN o nuestro genoma, como se afirma en infinidad de grupos “new age” que visten sus prácticas espirituales con un discurso pseudocientífico lamentable..

Pero científicos del Center for Mind and Brain de la Universidad de California en Davis (EEUU) han hallado ahora que los beneficios de la meditación pueden llegar mucho más lejos en el tiempo. En una investigación realizada en el marco del Proyecto Shamatha (que analiza los efectos cognitivos, psicológicos y biológicos de la meditación y constituye el estudio longitudinal más exhaustivo de meditación intensiva realizado hasta la fecha), se constató que los beneficios en la capacidad de atención de personas que han practicado la meditación intensiva se mantienen nada menos que durante siete años.

Este otro estudio incluyó a 60 personas que participaron en dos retiros de meditación intensiva celebrados en 2007. En ambos, los meditadores asistieron dos veces al día a sesiones de meditación grupal, e hicieron meditación individual durante aproximadamente seis horas cada día.

Tras los retiros se les hizo un seguimiento, primero a los seis y 18 meses, y finalmente a los siete años. Se constató que, inmediatamente después de los retiros, todos los participantes mostraban mejoras en la atención, así como en el bienestar psicológico general y en su capacidad para sobrellevar el estrés.

Siete años más tarde, estos efectos aún perduraban, especialmente en aquellos participantes que mantuvieron una práctica de meditación durante todo ese tiempo. En comparación con aquellos que habían practicado menos la meditación, estos participantes mantuvieron las ganancias cognitivas y no mostraron patrones típicos de disminución en la atención sostenida relacionados con la edad. Estos resultados demuestran por primera vez que la práctica intensiva de la meditación está vinculada a cambios cognitivos positivos, perdurables y mensurables en las personas.

Modificación cerebral

Pero, ¿por qué funciona la meditación? Los expertos aseguran que es efectiva porque modifica el cerebro y, con ello, nuestra consciencia y nuestra percepción. En una investigación realizada en 2017 por científicos del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en Leipzig de Alemania, se analizaron minuciosamente los efectos de la meditación en el cerebro.

En ella participaron 160 personas que realizaron tres programas de entrenamiento mental,  cada uno de ellos de tres meses de duración. En cada uno de estos programas, los participantes hicieron ejercicios de meditación específicamente diseñados para potenciar distintas capacidades.

Así, en el primer programa meditaron para potenciar la consciencia y la atención plena; en el segundo, para potenciar las competencias socio-afectivas (compasión, gratitud, empatía o  gestión de emociones difíciles) y en el tercero, para impulsar capacidades socio-cognitivas, como la autopercepción y la adquisición de la perspectiva de otras personas.

Los 160 participantes realizaron ejercicios de meditación durante 30 minutos al día, seis días a la semana. Al finalizar cada programa,  los científicos registraron su estado mental mediante test psicológicos, y midieron su actividad cerebral a través de resonancia magnética. Asimismo, a los voluntarios se les hicieron análisis para establecer sus niveles de estrés.

Los resultados de las mediciones constataron que la meditación había modificado aquellas áreas de la corteza cerebral vinculadas a la atención (tras el primer programa), y aquellas regiones del cerebro relacionadas con las habilidades socio-afectivas y socio-cognitivas (al final de los otros dos programas). En todos los casos hubo una reducción del estrés en los participantes.

Con información de Yaiza Martínez para Agencia T21 | Edición y comentarios del Colectivo Alterius


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Referencias   [ + ]

1. Es importante señalar que cuando hablamos de cambios a nivel genético, nos referimos a modificaciones en la expresión de ciertos genes particulares que tienen impacto en la producción de hormonas del estrés y otras moléculas que alteran los estados emocionales [algo que puede explicarse gracias a la epigenética], pero jamás se debe pensar que hay cambios estructurales en el ADN o nuestro genoma, como se afirma en infinidad de grupos “new age” que visten sus prácticas espirituales con un discurso pseudocientífico lamentable.
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