Me defraudaron al vender mi computadora por internet y la autoridad no hizo nada

Necesitaba lana y vendí mi compu. Hice lo que algunos: postear un anuncio en sitios de segunda mano y pagar 100 pesos para que destacaran mi anuncio. Me tardé una semana en que me llegara una llamada seria, y no los varios WhatsApp de gente troleándome. Mi comprador se escuchaba muy interesado. Incluso parecía ser experto en tecnología, porque me hizo preguntas que no supe responder. Logramos llegar a un acuerdo. Hizo el depósito en el banco con un cheque y le entregué mi Mac Book Pro de 1 Tera. Sin embargo, la historia acabó en que el cheque a cobrar $9,100 pesos era falso, la gente de www.segundamano.mx no quiso ayudarme en nada, y por lo tanto, me quedé sin computadora.

Hace unos meses leí un artículo en VICE sobre cómo estafan a la hora de rentar departamento en la CDMX y por eso decidí relatar mi caso, porque está cabronsísima la red de estafadores en todo México, y sobre todo en la CDMX. Espero que mi experiencia ayude a que nadie más caiga en las redes de estos bandidos.

En primera, si alguien llamado ABRAHAM FREGOSO CRUZ quiere comprarte tu computadora, ignóralo. Si alguien te da un cheque a nombre de Comercializadora DORINKO SA de CV, ignóralo: la empresa es falsa o no hay información de ella en internet más que unos PDF inentendibles en los que el SAT tiene registros de comercializadoras como esta.

Segunda, si vendes cosas en www.segundamano.mx  y  esperas que sus empleados te van a ayudar cuando tengas problemas, no seas iluso, ahórratelo y no vendas tu compu desde este portal. De otros sitios no tengo ninguna referencia, pero hazle caso a la gente que ya lo ha hecho y conoce su experiencia traumática.

Tercera, si crees que los bancos van ayudarte en algo cuando te estafan, mejor date un balazo en la cabeza con un plátano; los bancos son los más ladrones, déspotas y nefastos. A mí, el propio director de la sucursal donde está mi cuenta me dijo que mejor no fuera a levantar una denuncia a la Procuraduría, porque “estas mafias son tan peligrosas, que no vayan a quererme hacer algo más”. Así está el país: una red de bancos, sitios de compraventa desinteresados y estafadores de primer nivel.

Y cuarta, si crees que la Procuradoría General de Justicia va a priorizar tu caso, estás muy, pero muy equivocado. Me tocó ver cantidad de gente que llena los Ministerios Públicos para levantar denuncias, todas igual o más graves que tu caso: asaltos, fraudes, intentos de homicidio, etc. Las oficinas de “La Procu” son un carnaval de clichés, estereotipos y realidades que dan vergüenza.

Así pues, mi estafador se llama, o se hace llamar Abraham Fregoso Cruz (porque no sé si su IFE es falsa). El teléfono desde el que me llamó es 044 5577964962. En la llamada que tuvimos para llegar a un acuerdo, se notaba que sabía de computadoras, y al convencerlo de que era un buen equipo el que le vendía, quedamos de que le enviaría por correo electrónico mi número de cuenta para el depósito y un scanner de mi IFE: error.

Le mandé la información y quedamos que al día siguiente él iría por la compu y me entregaría el comprobante de depósito. Así, en la mañana siguiente su voz dijo al teléfono: “uno de mis trabajadores va a ir a tu domicilio, ya lleva la ficha de pago”. Mientras esperaba su llegada, confirmé en la app del banco que el depósito estaba hecho, ahí estaban los $9,100 pesos que habíamos acordado. Sonó el timbre y bajé a recibir “al trabajador”.

Era un tipo regordete, con una camisa de mezclilla azul que traía bordado el nombre de la empresa en la que trabajaba. Un taxi afuera lo estaba esperando. Le pregunté que a qué se dedicaba su patrón, “tiene una empresa de diseño”, me dijo. Recibí la ficha de pago y no presté mucha atención a la leyenda “salvo buen cobro”, la verdad no dudé, todo parecía muy formal. Ya había recibido depósitos así porque freelanceo, y regularmente te pagan por honorarios, y siempre se habían hecho bien los pagos. Esta fue la primera vez que pasó lo contrario.

Estábamos terminando la contraentrega cuando Abraham le llama a su trabajador por teléfono y apenas logré escuchar: “¡Ahora jálate para acá!”. El señor amablemente se despidió y se fue. Por un momento me sentí aliviado de haber vendido la compu y tener lana para la emergencia financiera por la que atravesaba, pero el horror empezó al día siguiente.

El depósito que había leído en mi aplicación ya no estaba. Le llamé a Abraham y le mandé correos a la dirección que me dio abrahamfregoso.41@gmail.com y obvio, no me contestó. Y no lo hizo sólo ese día, ni la siguiente semana, ni el mes siguiente, ni tres meses después. Al mismo tiempo mandé mensajes a www.segundamano.mx y fui a los bancos Santander (mi banco) y Bancomer (el del cheque falso). En segunda mano me dijeron que simplemente no podían ayudarme, ni siquiera lo hicieron de manera amable, solamente se limitaron a decir “lo sentimos”. 

A estos tipejos de segunda mano les mandé todos los mails posibles para reclamarles su falta de profesionalismo y orientación, pero se cansaron de mis quejas y me respondieron desinteresadamente. Silencio, total silencio, pero eso sí, cobrando de mi tarjeta para destacar mi anuncio. Nunca, pero nunca, vendan cosas valiosas a través de segunda mano. No les importa un carajo si un cliente es víctima de estafa o fraude.

En los bancos fue peor. Los asesores que me recibieron en la entrada no tenían idea de cómo atender mi caso, ni siquiera de ofrecerme hablar con un ejecutivo. Tuve que brincármelos para llegar con el director de la sucursal 655 de Santander, que está en el barrio de Mixcoac: Holbein y Patriotismo. Al platicarle al gerente del banco que iría a la Procuraduría a levantar una denuncia, me respondió diciendo que no lo hiciera, que “en la vida esas cosas pasan”. Me pareció increíble que a los clientes nos digan eso, cuando si a ellos les pasara se limitan a cobrar el seguro ¿no? Ridículo y nefasto en todos los sentidos. Como no pudieron ayudarme en mi propio banco, fui a Bancomer, que era de donde venía el cheque sin fondos.

Tenía la esperanza de que me dijeran que era falso. Incluso pensé que el estafador era un diseñador estafador, que se había inventado el cheque. Sin embargo, me explicaron que me lo estaban regresando por falta de fondos. La cajera vio el cheque y lo comparó con la firma que veía en el monitor “es que no es la misma firma”, me dijo. Pregunté si la empresa existía, que me dijeran cualquier cosa para hacer mi propia investigación, pero argumentaron hasta el cansancio que, por seguridad y protección de datos, no podían decirme nada. Sus semblantes mediocres de no te puedo ayudar, aunque quisiera, no sirvieron más que para hacer lo que debía: levantar una denuncia.

Mandé un tweet a la Procuraduría de la Ciudad de México y me respondieron con un teléfono al cual llamar. Ya al teléfono -la única voz amable de todo este proceso- me dijo que tenía que ir a Procuraduría General de Justicia del DF en mi delegación, la cual se ubica en División del Norte y el eje 7 sur. Fui entonces, llegué a las 8 am y esperé más de hora a que alguien me atendiera, porque “había que esperar el cambio de turno”.

No es que no hubiera agentes disponibles, al contrario, había gente del turno anterior, y teniendo todavía una hora de trabajo restante, los del tercer turno prefirieron pasar mi expediente a los que llegaban a las 9 am, en vez de hacer algo útil en la hora de trabajo que les quedaba.

El recepcionista que tomó mis datos fue muy amable, “muy rápido y efectivo” pensé, pero era demasiado bueno para ser cierto. Terrible realidad que era sólo el primer paso. Pase a la sala de espera, me dijo. Una hora y media del primer filtro al segundo. Mientras tanto me tocó ver la burocracia procuradora en acción: la gente echando el chisme con grandes carcajadas, el señor de los atoles con su mercancía encima de las mesas de los MP, y chistes misóginos de “ay licenciada, qué bien se ve, quién fuera tuerto para verla doble”.

Me di cuenta que la justicia en este país hay que esperarla, y ver cómo el nuevo turno llega a acomodar sus cosas, limpiar el sudor del MP anterior, tomarse su atole, ponerse al día de las desgracias ajenas y cumplir su trabajo de escritorio. Es como si uno no pudiera levantar una denuncia antes de las 10 am porque hay que esperar al otro turno. Total, a ellos nunca les ha pasado nada, nunca levantarán una denuncia porque ellos son quienes las hacen.

Éramos 10 personas esperando. Algunos más preocupados que otros; gente llorando, golpeando las paredes: en la lista de registro había casos de robo, asalto y extravío, los más destacados de esa mañana. Sólo podíamos quedarnos viendo los clichés de la realidad mexicana: desde el MP en traje caqui y lentes Ray-Ban oscuros, hasta gente esposada que acababa de cometer algún delito.

Por fin pasé e hice mi declaración. Luego la MP me guió al área donde está la Policía de Investigación, y ahí, el agente Morales dio seguimiento a mi caso. Era el sótano del edificio en donde sólo se escucha a los agentes sorber mocos, mientras las cumbias de fondo sirven de soundtrack para las investigaciones de los delitos por fraude y perjuicio al patrimonio.

Otra vez volverle a contar al agente lo que pasó: quise vender mi compu y el depósito salvo buen cobro fue rebotado por el banco por “insuficiencia de fondos”. Que fui a diferentes sucursales para preguntar qué podía hacer y todos me decían que nada, incluso el gerente del Santander al que fui me alertó que mejor ni presentara denuncia porque “esas organizaciones criminales son capaces de mucho”. Le dije a Ángel Morales- el agente que me atendía- que el argumento del banquero era una pendejada, pero para mi sorpresa, no había terminado mi relato cuando el agente me interrumpió: “no hay nada que hacer, perdiste Morado”.

Esa fue su respuesta, ni si quiera supe a qué se refería con “morado”, y según el propio agente, ¡me fue bien! porque este tipo de casos -que al parecer son muy comunes- llegan a pasarle a gente que vende sus carros. “En el tuyo fue una laptop, pero imagínate que fuera un coche. Por eso les recomendamos que no acepten pagos salvo buen cobro”, sentenció.

Salí de ahí después de 3 horas y media y sí, el cliché del levantamiento de una denuncia: agentes desinteresados, oficinas sucias, ruidosas y con gente vendiendo comida todo el tiempo. Lentitud, burocracia y falta de certeza: ni el teléfono del estafador, correo, copia del IFE ni nada pude dejar como evidencia en esta ocasión, porque eso era después: primero tenía que esperar 5 días para ver qué había encontrado la Policía de Investigación, y que si no habían encontrado nada, me avisarían para que llevara toda la evidencia que tuviera. Pero 5 días después.

Volví a la PGJ. Al llegar a las instalaciones todo parecía ser más del mismo cliché de películas y memes mexicanos sobre cómo luce “la Procu”. Ahora me tocó pasar con “los licenciados”, porque primero levantas la denuncia, y ya que no encuentran nada, te citan para que ahora sí entregues toda la documentación o evidencia para seguir el caso, porque la primera vez que vas sólo es para tomarte la declaración.

Los licenciados tienen libros de contabilidad en donde dan seguimiento a todos los casos; aquí la digitalización no ha llegado. Pasé con el licenciado Ortiz, un tipo de alrededor de sesenta años. Aquí la gente llega a las 10 am, algunas apenas se sientan y ya están en la hora del maquillaje, mientras otros ordenan la garnacha que el vendedor cocinó en la mañana. Hay pilas y pilas de papeles en todos los escritorios; miles de casos de gente que ha sido víctima de algún delito en la delegación. Durante 15 minutos no intercambié palabra alguna con el licenciado Ortiz, quien sólo se dedicaba a leer hojas y escribir en su computadora de vez en cuando.

Al fin me pidió el cheque, la IFE del estafador, y otros documentos que tenía en mano. “Nosotros te llamamos” me dijo, puesto que ahora le tocaría girar unos oficios para seguir con la investigación.

No sé qué llegue a pasar. No sé si confiar en la Procuraduría o en el destino justiciero, pero he decidido publicar mi caso después de 5 meses de enfado e impotencia, porque lejos de entorpecer la investigación, creo que mi experiencia puede salvar a posibles víctimas de fraude.

Los modos en que operan estas personas es híper sofisticado; cuando ocurre ni siquiera crees que se trate de un fraude, todo está preparado para que uno caiga redondito. Perdí $9,100 pesos en una computadora que intenté vender.

Es desgastante ir por la vida teniendo que soportar la incompetencia, despotismo y desinterés de empresas como segundamano.mx que no resuelven nada en momentos de crisis, o de gerentes de bancos que te incitan a no levantar una denuncia, o la propia procuraduría y sus agentes que aseguran que no me fue tan mal, que a otros les ha ido peor. La realidad desgasta, lastima y entorpece nuestra confianza a los demás, pero no podemos dejarnos. Ya ha sido suficiente, ya.

Las calles, así como el internet, hay que pelearlos No nos queda de otra: hay que decirnos cómo nos han estafado, defraudado y hacer algo con eso. Lo que menos hay que hacer es dejarlo pasar, más cuando hay gente amante de lo ajeno que moderniza y organiza sus tácticas de fraude. Sólo así podremos aventajarnos un poquito a los fraudes y delitos que acechan todo el tiempo en este país, y a la par rezar porque algún día las instituciones que nos procuran, lo hagan.

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