Weren: ser a partir de los demás  

Sostengo que el cambio político más relevante no es el que sucede la superficie. No es el de los grandes nombres.

Es cierto que Guadalajara está en el centro de la agenda de cambio político en México: el ascenso de Enrique Alfaro y un equipo que mandó al PAN a ser tercera fuerza en su bastión. Una gesta que para muchos (incluyendo al que escribe) hubiera parecido imposible hace apenas una década en uno de los enclaves del conservadurismo más rancio de México.

Es cierto, también, que la agenda de Guadalajara está hoy a la vanguardia en el país: la revalorización de los espacios públicos, la movilidad, la participación ciudadana, la transparencia y el combate a la corrupción han permeado mucho más en las instituciones que en ningún otro lugar del país.

En Guadalajara tuvo su origen, entre otras, #SinVotoNoHayDinero, que planteó hace unos años un académico respetado que se convirtió en actor político (Clemente Castañeda) y que con buen tino re-lanzó el político más representativo de su generación (Pedro Kumamoto).

¿Qué sucedió ahí que no sucedió en otros lugares de México?

Mi convicción es que la explicación de esta nueva ola de dirigentes políticos está en los barrios de la ciudad: en una generación que retó la hegemonía cultural del grupo dominante en la Universidad de Guadalajara y que trazó nuevas formas de acción política para su ciudad.

El cambio se gestó en la calle; en el rock; en los puestos de comida

La calle es más democrática en Guadalajara que en muchos otros lugares del país. El futbol se juega ahí y, a diferencia de otras grandes ciudades, los puestos de comida son una garantía de limpieza y buen sazón, prácticamente sin excepción.

“Amanecer es un día menos sin tortas ahogadas”, escribió en Twitter el 21 de marzo del 2012 Carlos Delgado, mejor conocido como el Weren, que a pesar de ser uno de los personajes más relevantes en la transformación de la ciudad, es uno de los más discretos.

Al Weren lo puedes encontrar en un concierto de punk, en una conferencia de alto rigor académico o en las tortas del Profe Jiménez, ubicadas en la esquina de José María Vigil y Andrés Terán, justo en el corazón del Barrio de Santa Tere, que es uno de los más representativos de la ciudad y es en el que Carlos Delgado creció.

“Podría fundirse con cualquier tribu urbana”, dice un ex compañero universitario cuando le pregunto por el Weren. Y es cierto:

Platica con interés genuino con gente de diferentes edades e intereses. “Es un gran conversador”, dice uno de sus mejores amigos. Quizás sea tan buen conversador porque vive de acuerdo a lo que escribió en su Twitter el 13 de septiembre de 2012: “Sin todos se es un don nadie”. Es atento y educado, sin importar el interlocutor.

Aprendió que “sin todos se es un nadie” en la calle. En ningún lugar como ese, el egoísmo se castiga. “Nunca se rajaba” y “siempre nos hacía sentir protegidos”, lo recuerdan quienes hicieron política universitaria a su lado.

También fue la calle la sede de su incursión a la vida pública de la ciudad. Fue en la década pasada, que las estatuas del Parque Rojo aparecieron enfundadas en pasamontañas. Madero y Carranza se re-significaron a través de una intervención de inspiración zapatista. El Weren estuvo ahí.

Un anti-sistema que pregona “no todos son iguales”

Quizás nada haga tan original el activismo de Carlos Delgado como su capacidad para navegar entre matices. A pesar de haber sido parte del movimiento anulista de 2009, e incluso haber hecho campaña para su perro Fidel (“el candidato de la perrada”), el Weren siempre se cuida de ser un tonto útil para el régimen:

No solo es que no le gusten los lugares comunes: Nunca falta el agudo que comenta lo obvio luego luego, tuiteó el pasado 19 de marzo. Su discurso apela al reconocimiento de que las causas que no compartimos pueden ser legítimas pero que no por eso, todas las causas merecen ser abanderadas.

Para el Weren, el cambio que se plantea en las calles no tiene por qué divorciarse de la aspiración a mejores instituciones y de un Estado de Derecho. En Julio del 2012, en plena discusión post electoral, tuiteó: “La corrupción es la que polariza; no la protesta, mucho menos el uso de la ley”.

Su construcción de alternativas tampoco comparte el código de la superioridad moral que ha caracterizado a varios de sus compañeros: “Se purifican purismos, informes allá”, escribió en su Twitter el 24 de octubre del 2012.  Esa es una de sus formas predilectas para hacer política: la ironía. A los que caricaturizan una discusión y la simplifican hasta el absurdo, les responde con sentido del humor.

Hace unos meses, la diputada jalisciense Rocío Corona propuso multar a los dueños de pitbulls y arremetió contra los perros de esa raza. El Weren acababa de ser papá, por primera vez en su vida, y el 23 de noviembre de 2016 publicó lo siguiente en su cuenta de Twitter:

“Urge legislar y prohibir que pitbull sigan dando estas fuertes imágenes. Aquí Fidel poniendo en peligro a Étel desde su primer día en casa.”

El Weren tiene un diálogo permanente con actores políticos, pero no se mimetiza con ellos en su forma de entender la política. El 24 de febrero, por ejemplo, colocó la siguiente pregunta en sus redes: ¿Por qué los que se dicen de izquierda siempre ven al anulismo o a los independientes como una obra para evitar que ganen?

Dos meses atrás, había escrito: Urge entender que la ridiculización y simplificación de las luchas a través de prejuicios y etiquetas nos perjudica a todos”.

Por eso, en su primera experiencia como servidor público, el Weren no ha enfrentado uno solo de los debates de los que ha formado parte anteponiendo etiquetas a sus interlocutores. Sería traicionarse y convertirse en lo que ha combatido los últimos 15 años.

Conversar sin que la meta sea tener razón

Cualquiera que haya platicado con él puede ratificar que es un gran conversador. ¿Cómo no va a serlo? Si observa lo cotidiano desde una perspectiva que se resume en su tweet del 5 de diciembre del 2016: “Yo digo que no hay que atar el ego a la necesidad de tener razón. Sin hacerlo también se obtienen victorias y se consigue respeto”.

Yo conocí a Carlos Delgado en el 2013. En ese momento, yo había impulsado, con éxito, la primera legislación de candidaturas independientes en el país y había reunido las firmas necesarias para ser el primer candidato independiente en la historia de mi estado.

En ese momento, en mi equipo se discutía si seguir ese camino o dar el paso a una candidatura ciudadana con las siglas de Movimiento Ciudadano. Yo era un ferviente admirador de Enrique Alfaro y de su evolución política desde mi época como estudiante en Guadalajara, y veía en esa coyuntura una posibilidad de construir a futuro, por encima de la circunstancia de ese momento.

Platiqué muchas veces con el Weren sobre esa disyuntiva. Luego, cuando Dante Delgado me invitó a ser secretario de organización, fue una de las primeras personas a las que busqué.

Él estaba por trasladarse a Honduras, para asesorar la campaña de Xiomara Castro, esposa del presidente Manuel Zelaya, que había sido derrocado por medio de un golpe de Estado. Tomamos un café, le dije que quería alfarizar Movimiento Ciudadano y compartimos algunas ideas.

Gracias a él, conocí a dos personas que ahora son mis amigos entrañables: Rafael Valenzuela y José Luis Valencia, que coordinan a un equipo de casi 500 jóvenes que, en distintas empresas y organizaciones, son la comunidad epistémica más consolidada e influyente que yo haya conocido.

Cuando Valencia, que siempre va ligero por la vida, se dio cuenta que iba a escribir sobre el Weren, su talante cambió para advertirme: “me dan nervios de que vayas a hacer una cochinada con un tema tan importante como mi amigo Carlos Delgado”.

Tiene razón. A alguien así no se le puede resumir ni se le puede encapsular.

No alcancé a escribir aquí de su sólida formación académica ni de su generosidad; tampoco de su conmovedora relación con Myri y con Étel, o de su afición por “el jardín de las delicias”, del Bosco.

Al Weren y a mí nos gusta escuchar la filosofía de lo cotidiano que distingue a Dante Delgado: “La política no es. Va siendo”, suele repetir. También la vida. También la vida va siendo.


Colofón

“A dormir, que mañana hay muchas decepciones que afrontar”

Tuiteado por el Weren, el 24 de octubre de 2012.

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