Karloz Atl (Ciudad de México, 1988) pertenece a una extraña especie: los poetas aullantes. Su perspectiva de la poesía es la siguiente: ofrecer la poesía como si se tratara de un ritual chamánico. Me invita un mezcal en su centro de operaciones poéticas, oficialmente conocido como Locatl —en la mismísima avenida Dr. Atl— en Santa María La Ribera. La bebida traslúcida y mística (Malcolm Lowry la prefería porque en exceso produce alucinaciones) es como la personalidad de Karloz, quien en un tono de franca camaradería me asegura sentirse incómodo con su papel de gestor, pues ha opacado su carrera como poeta. Fundador del Circuito Nacional Slam Poetry (junto a Comikk Mg, Edme Diosa Loca y Cynthia Franco) sabe que su nombre ha quedado marcado en la poesía mexicana por la gestión de este magno proyecto que rueda como una bola de nieve.

“Soy famoso en algunos lugares, pero no soy un gran poeta”

Recientemente ha publicado el libro Sin un freno que detenga este Cadillac (Circo Literario, 2016) una especie de cuaderno de partituras que tiene como finalidad enseñar a las nuevas generaciones de poetas que se puede vivir dignamente de la poesía. Sin preámbulos Atl me confiesa: “La manera que aprendimos nosotros los poetas a vivir de una forma digna es haciendo amigos”.

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Libertad, amor, y poesía. ¿Qué significan estos conceptos para ti?

Tenía la sensación de que era mi destino convertirme en un predicador. Finalmente me dediqué a predicar la poesía
Dentro de la cosmovisión de los pueblos juchitecos que habitan la región del Itsmo de Tehuantepec hay una palabra: guenda. El guenda es algo que se te da a ti particularmente como una cualidad extraordinaria, o como un acto de gracia.  En la poesía, más que la libertad, es el guenda lo que más me importa. Porque es el hecho de ser agraciados con la oportunidad de que en ti se manifestara la palabra. Respecto al amor, para que éste se manifieste en tu vida debe de haber un proceso de sanación.

Yo viví una experiencia mística hace mucho tiempo. En la cual, tras una derrota espiritual,  le pedí a lo sagrado: “dame las flores y el canto, permíteme en este momento humano ser poeta”. Y tuve una revelación, una especie de llamado, como los evangélicos.  Yo no quería formar parte de una religión en particular, mucho menos predicar la palabra de Cristo, pero tenía la sensación de que era mi destino convertirme en un predicador. Finalmente me dediqué a predicar la poesía. Tomé ese camino por amor a mí mismo, pero es algo que yo no decidí: lo que le queda a uno es vivir de fe, fe en lo que uno decide ser.

¿Qué siguió después de esa experiencia?

Después de esa experiencia mística tuve que decidir apuestas de escritura –y de poesía en voz alta.

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Foto: Annick Donkers

¿Así empezaste en la poesía?

Empecé recitando en los camiones, cuando tenía 18 años. Recitaba poemas en náhuatl porque creía que así me darían más dinero. Pagué mis estudios de la Universidad de esa manera. Después empecé a improvisar poemas, inventaba poemas al aire en los camiones.

Me di cuenta que no era el único en el mundo, sino que había muchas expresiones poéticas y corrientes de arte que compartían mis intereses, ahí comencé a escribir. Me junté con los poetas salvajes (Yaxkin, Calavera, étc.), tomé clases con Hernán Lavín Cerda, estaba ya en el circuito de la Facultad de Filosofía y Letras. Pero ahí se trataba de escribir, no de poesía en voz alta.

¿Así comenzaron tus apuestas de escritura?

Mis líneas de exploración fueron escribir en trance, como Valeria Capinteiro. Esta poeta existe. Le empecé a preguntar: “¿cómo existes?” Entonces en una máquina de escribir me ponía en trance a escribir sin parar:“¿Valeria Carpintero quién eres?” Y ella me empezaba a responder. Tengo un poemario —que se sigue escribiendo— de textos escritos en trance producido por el golpeteo de las teclas.

Estoy estudiando cómo la cuestión mediúmnica se ha manifestado en la poesía. Aunque parezca una cuestión vanguardista pertenece a las culturas ancestrales, cuando los sacerdotes hacían ritos a la lluvia o para que naciera bien un bebé. Por ejemplo, José Juan Tablada, quien fue uno de los precursores en desarrollar poéticas vanguardistas en  México,  formó parte del Instituto Mexicano de Parapsicología, ahí participaban Plutarco Elías Calles, Madero y muchos otros personajes.

La escritura —dentro de mi proyecto como poeta— es una actividad paralela, la línea no es la escritura en sí, ni generar un libro como obra, sino que es por añadidura de otros procesos. Sin un freno que detenga este Cadillac es un libro que tiene como finalidad sostener a los poemas que recito en voz alta.

¿Es como una base?

Es como la partitura. ¿Cuál es la diferencia entre la base y la partitura? Que de la base tú partes y regresas, mientras que con la partitura tú puedes improvisar.

Para mí lo fundamental de la poesía en voz alta es que se trata de prender a la gente, disfrutar y divertirnos. Esta es una de las razones de que Sin un freno que detenga este Cadillac está dedicado a los jóvenes.

¿Por qué te interesaba dedicarlo a los jóvenes?

Cuando regresé de Brasil, donde había participado en un slam poetry internacional en noviembre de hace un año, llegué con la idea de escribir para los jóvenes que comenzaban su camino en la poesía. Mi deseo era transmitirles la idea de cómo vivir siendo poeta.

El slam poetry en México acaba de convertirse en una cuestión profesional, esto es muy reciente. En otros países la gente vive de decir poemas en voz alta. Por ejemplo, en EUA hay un instituto nacional de spoken word; en Alemania hay grupos de spoken word por barrios; en distintos países hay clases en universidades; hay circuitos europeos donde participa España, Bélgica, Francia, y muchos otros países.

En el festival FLUPP de Brasil –el primero donde va un mexicano— me doy cuenta que para México era la segunda vez que tenía una experiencia internacional compitiendo, los demás países llevaban cinco años por lo menos. También me di cuenta que las poéticas de los demás poetas eran diferentes porque ya no tenían las mismas necesidades que la poesía aquí en México. Nosotros somos pioneros, ellos ya tenían un camino recorrido. Por eso quise escribir para los jóvenes.

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

¿Qué quieres decir con eso?

Me da un poco de tristeza ver a algunos poetas de mi edad, porque se la pasan valiendo verga, es decir, mal:  agarraron el alcohol, las drogas, y eso es su único trip. Muchos ni siquiera tienen una obra genial, solamente tienen muchas presentaciones y son muy famosos, gracias al público que les aplaude porque el público en México es muy generoso, y lo mismo aplauden a alguien que realiza un baile folclórico, a quien hizo un discurso del diez de mayo, y al poeta de spoken word. Hay un público que ya se generó pero eso no quiere decir que halla calidad en la poesía, y menos calidad de vida.

El público en México es muy generoso, y lo mismo aplauden a alguien que realiza un baile folclórico, a quien hizo un discurso del diez de mayo, y al poeta de spoken word.

También era una cuestión de decir: ya deja de estar sufriendo y ponte a trabajar como poeta.

Esto de crear el Circuito Slam Poetry Nacional con apoyo del FONCA fue una forma que se me reveló en Brasil. Vi cómo otros poetas podían competir en Europa, pero ¿cuál fue el problema? Que los poetas aquí en México no tienen una cuestión de disciplina, sobre todo al vender sus proyectos creativos. Todos dicen que no se puede vivir de la poesía, pero como dice un poeta chileno (Héctor Hernández M.): “La poesía tiene su público y los que se lamentan son cobardes o están deslumbrados por el éxito”.

¿Qué piensas de tu generación?

Muchos apostaron a escribir y escribir para ganar becas, eso involucra el saber jugar las  reglas de la burocracia: de meter una factura cada que te den tu beca, tener papeles en regla, una cuenta de banco; esa es una línea. Otros decidieron el camino de la academia: hacer máster de escritura creativa en otros países. Estas personas son las que inauguraron la cuestión de conceptualizar todas estas actividades teóricamente. Por ejemplo Aurelio Meza, quien ahora está en Québec haciendo su doctorado sobre poesía sonora en México: está haciendo la sistematización de la poesía sonora en nuestro país, es pionero en eso.

Muy en cuestión ahora con los emojis de Paricia Binôme o Dante tercero, que también es de Tijuana. Hay carnales que se están aventando la cuestión teórica sobre estas manifestaciones de la poesía.

También conozco gente que escribe poemarios para el FONCA: la muchacha X gana una beca para un proyecto creativo porque está bien redactado, porque metió bien sus documentos (es gente que vive de becas); esa muchacha poeta X le pide a la muchacha poeta Y de otra ciudad que tiene una escritura super interesante pero que nunca decidió apostar a becas pero que escribe sobremanera, las dos son invitadas a festivales continuamente, una porque tiene libros publicados y la otra porque tiene proyectos de escritura asombrosos que arrebatan; entonces la poeta X le dice, gané esta beca, si gano ocho mil al mes te voy a dar cuatro mil al mes porque escribas un libro; y así. Hay otra banda que decidió ser poeta gestor, en esos yo me incluyo.

¿Eres más gestor que poeta?

A mí se me dan cosas por añadidura, es como creer en la multiplicación del pan y de los peces.
Soy gestor porque soy comerciante. La Beca del Fonca que ganamos fue por esta razón. Soy gestor sólo por añadidura. No sé cómo ganar una beca por un proyecto propio, he ganado becas por proyectos que involucran a mucha gente, de la que yo soy sólo la figura legal. Me gano mi sueldo por diseñar y posibilitar un proyecto donde mucha gente participe y donde la mayoría nos beneficiemos. A mí se me dan cosas por añadidura, es como creer en la multiplicación del pan y de los peces.

Yo no tuve los medios que mucha gente para entrar a una universidad pública y tener conocimientos académicos chingones. Lo que me quedaba a mí era vender, ¿qué? Vender poemas. ¿Cómo? Arriba del camión.

Después me pregunté, ¿quiénes son los poetas que la arman? Empecé a estudiar a Rocío Cerón, creadora del Festival ENCLAVE de Poesía Interdisciplinar, y de EXPANDIBLE. Y después comencé a estudiar a Rojo Córdova (él y yo somos de la misma generación). Él empezó a hacer ciclos de poesía, que no era nada fácil en aquello tiempos; ahora lo es, ya cualquier hace un “ciclo de poesía triste” los blue mondays y tiene su público. Antes quién chingados iba a escuchar poesía en voz alta. Después me puse a estudiar la programación de Pacho Paredes, el creador del festival Poesía en Voz Alta, y dije, algún día voy a ser como esos carnales.

Hace cinco años en una clase de la Secretaría de Cultura, en un programa que se llama Imaginación en Movimiento, me puse a escribir el proyecto para un centro de operaciones poéticas, que es el día de hoy Poesía Y Trayecto, y el Circuito Nacional de Slam Poetry.

¿Consideras que han formado una escuela?

Más que una escuela asumimos la tarea de brindar herramientas de profesionalización. Eso es muy importante, a lo mejor se escucha soberbio pero lo digo con humildad: “primero profesionalizarse uno y luego tender la mano. O brindar la herramientas, dicho de otra forma, para que otras personas alrededor también se profesionalicen”. Eso no es formar una escuela, estamos en contra de eso, dentro de nuestros valores está el respeto a los procesos creativos de los demás, nosotros no le decimos a alguien “cambia esto o no publiques esto”. Lo que queremos es que las personas logren proyectos que les permitan sostenerse a sí mismos.

En la cuestión de la profesionalización también entra ser humilde, dejar de tener envidia y ponerte a crear.

Yo sólo quiero tener un papel: ser una persona encargada del bienestar de los poetas y las poetas.¿La poesía te enseñó a vivir dignamente, o qué fue lo que te enseñó?

Primero me salvó y me sanó.

En mi casa mis padres tenían una rosticería, cuando se acaba el dinero siempre había un pollo que comer, nunca pasé hambre. Por eso dediqué mi lucha a ganarme mi lana a través de la poesía.

Solamente pedí trabajo dos veces en mi vida. Pero nunca he tenido las agallas para ir a una escuela y ofrecerme como profesor.

No fui a las intitituciones a pedir trabajo, fui a pedir dinero. Hay que ser sinceros, a mí no me da pena decir que parte de mis ingresos son porque las instituciones del estado me patrocinan.

No me da ninguna vergüenza, porque ese dinero nos pertenece, si uno no pide el dinero no hay que olvidar que el presupuesto siempre se reparte.

Hablando de la generación…

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Foto: Annick Donkers

Te voy a hablar de un persona paralela a Rojo Córdoba que también es un gran maestro de la poesía en México  y que ha transitado caminos de la poesía como modo de vida. Hablo de Víctor Ibarra Calavera, o Alicia Revólver, o Genkidama Ñu actualmente en las redes sociales. Víctor dejó todo –incluso él mismo— para ser poeta. Tú cuando hablas con él puedes pensar que estás hablando con una persona que está ida, así ¡ida!

Víctor es una persona que no está viviendo una dimensión normal, la vida cotidiana. ¿Cuál es la dimensión que nos exige vivir la vida cotidiana? El vivir bajo un horario, el tener dinero para consumir cosas, básicamente. Víctor podrá no tener para comer pero no va a dejar de escribir libros. Las experiencias místicas que él desarrolla en su escritura con el dextrometorfano son experiencias místicas autoprovocadas. La droga es una cuestión que en algunos momentos utiliza  y en otros no, y las puede utilizar para crear o no, pero todo lo atraviesa la poesía. Como resumió Rojo Córdova: “Víctor es asombroso porque su apuesta es el fracaso”. Eso es tremendo, porque la lógica del capitalismo se trata de vivir bien, tener un ingreso económico y ser exitoso. Ibarra Calavera es un visionario.

¿Y tú?

Es más probable que yo pase a la historia más como gestor que como poeta.

Tengo un cargo moral al ser director del Circuito Nacional Poetry Slam: tengo que generar una obra que tenga representación a nivel internacional. Soy famoso en algunos lugares, pero no soy un gran poeta. Tengo estética, tengo fuerza expresiva, tengo agallas, dentro de ciertos rangos podré ser excelente, pero no soy un gran poeta.

Mi poética surgió a partir de que mi madre había sido operada de cáncer –tenía una abertura de estómago a estomágo— y me fue a rescatar a la policía porque era un pinche chamaco vale verga en la vida. Después de eso me invitaron a una experiencia espiritual en un grupo de cuarto y quinto paso y ahí cambió mi vida. Se me reveló el Ghuenda y decidí seguir ese camino siendo poeta.

¿Para ti qué es la poesía?

Te voy a dar dos respuestas:

1) Chorear.

2) Cómo respondí en otra entrevista: eso pregúntaselo a mi madre, porque ella murió de eso. Metafóricamente esto es cierto. Para mí la poesía es esto: la muerte que hizo mi madre para que yo pudiera morir y renacer. La poesía es un estado místico.


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1 comentario

  1. Joakinky Poemas Pornpops
    09/07/2017 at 21:35 — Responder

    Excelente entrevista!!!

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