Elizabeth Philpot y Mary Anning: Las cazadoras de fósiles

Elizabeth Philpot es una de esas mujeres dedicadas al mundo de la ciencia cuya vida y obra pasó desapercibida para la historia. Poco se sabría de ella, si no hubiera sido por su amistad y colaboración con Mary Anning, otra gran coleccionista de fósiles cuyo mayor logro quizá fue el de encontrar el primer plesiosaurio o el de excavar el ictiosaurio más completo de la historia; ambas se conocieron en Lyme Regis (una localidad de Dorset, al sur de Inglaterra) y su pasión por descubrir el pasado las unió para el resto de sus días.

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Retrato de Elizabeth Phelpot

Cuando Mary tenía 15 meses, un rayo alcanzó a tres mujeres que jugaban con ella entre los árboles, mientras que la niña sobrevivió milagrosamente. Esa experiencia casi sobrenatural explicaba, a los ojos de sus conciudadanos, su extraordinaria  inteligencia y avidez de conocimientos. Pero cuando su padre murió en 1810, la familia quedó sumida en la miseria, por lo que continuar con la venta de fósiles, una actividad que desarrollaba su familia como parte de una tradición de la “Costa Jurásica” como se conocía a Lyme Regis, se perfiló como la única opción posible para subvenir sus necesidades vitales.

Por el contrario, Elizabeth Philpot nació en el seno de una familia acomodada del Londres de finales del siglo XVIII. Y después de la muerte de sus padres, ella y sus hermanas (Mary y Margaret) se trasladaron a vivir a Morley Cottage en Lyme Regis. Las hermanas Philpot dedicaban buena parte de su tiempo a buscar fósiles en los acantilados de la zona. Su extensa colección la exponían a menudo en su casa para que pudiera ser contemplada por los visitantes del lugar.

A pesar de que Elizabeth tenía veinte años más que Mary y que provenían de mundos sociales distintos, pronto se hicieron amigas y disfrutaron de su pasión común por los fósiles. Elizabeth, que llegó a poseer fósiles de 34 especies diferentes, modeló intelectualmente a Mary, instándole a que leyera textos sobre geología para abordar el estudio de los fósiles de forma científica. Salían a buscarlos casi a diario y desarrollaron conjuntamente experimentos sistemáticos de investigación. Así, Mary llevó a cabo la disección de peces, sepias y calamares para entender mejor la anatomía de sus fósiles.

Reproducción del primer registro de un Plesiosaurio por Mary Anning

Un ejemplo notable de la inteligencia de ambas mujeres es la innovación que consiguieron cuando Maty encontró bolsas de tinta en los belemnites y Elizabeth se las arregló para disolverla, realizando con ella ilustraciones de sus hallazgos. Una técnica que no tardarían en imitar los lugareño y varios artistas contemporáneos.

Elizabeth Philpot se especializó en la búsqueda de restos de fósiles de peces y mantuvo contacto constante con algunos de los paleontólogos y geólogos destacados de su tiempo, como William Buckland o Henry de la Beche. Sin embargo, en un tiempo en el que las mujeres tenían prohibido el acceso a la Sociedad Geológica, el trabajo de Elizabeth Philpot, como el de Mary Anning, nunca fue del todo reconocido.

El legado de ambas descansa hoy en día en el Museo de la Universidad de Oxford y en el Museo Philpot, construido por uno de los sobrinos de las hermanas en Lyme Regis. Una especie de pez fósil, el Eugnatus philpotae, fue bautizado así por el paleontólogo suizo Louis Agassiz en su honor.

Información de MujeresConCiencia y Mujeres para la Historia (Blog de Sandra Ferrer).

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