El caso de Carolina Flores: una cadena de ciclos de abuso familiar, normalización de la violencia y control extremo
Nadie debería tener que temer por su vida dentro del seno de su propia familia. El feminicidio de Carolina Flores no fue un accidente: sucedió a manos de quien se presentaba como su suegra, en el hogar donde se supone que estaba segura y en el mismo cuarto en donde se encontraba su hijo. Su pareja, tras presenciar el crimen, permitió que su madre escapara para presentar una denuncia formal un día después.
¿Qué ocurrió con Carolina Flores?
Carolina era una joven de 27 años originaria de Ensenada, Baja California, en donde era reconocida por haber sido una reina de belleza. La última vez que fue vista con vida, según grabaciones de una cámara de seguridad dentro de su domicilio, fue con suegra, Erika María Herrera, en donde se cree que estaban teniendo una discusión.
Carolina murió a causa de impactos de bala en la cabeza y el tórax. El mismo video revela que la suegra, Erika María, fue la principal agresora tras disparar más de seis veces. Sin embargo, no se encontraba sola. En el momento del ataque, se encontraban en la vivienda el esposo e hijo, Alejandro Sánchez Herrera. En menos de un minuto se puede apreciar como sale Alejandro a la escena del crimen y preguntarle a su madre con un tono pasivo: “¿Qué hiciste, mamá?”
Erika no muestra señales de arrepentimiento o culpa, pero sí una actitud posesiva. “Tu familia es mía. Tú eras mío y ella te robó”, le responde a Alejandro.
A este suceso violento se le suman capas, ya que aunque los hechos ocurrieron un 15 de abril, Alejandro presentó la denuncia formal ante el Ministerio Público hasta el 16 de abril, permitiendo que su madre escapara del lugar y sin hacerle saber a los familiares de Carolina. Como intento de justificarse, mencionó que el retraso fue para proteger a su hijo de ocho meses, ya que temía ser detenido y que el bebé fuera enviado a una casa hogar.
Hasta el momento, Erika María permanece prófuga y no hay personas detenidas. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México ya inició la carpeta de investigación bajo el protocolo de feminicidio.
Las familias disfuncionales también matan
Tras la noticia, amigos y familiares de Carolina confirmaron que vivía una relación “difícil y tortuosa” marcada por los celos y desconfianza de Alejandro, pero mencionaron que esa situación parecía haber “mejorado” tras el nacimiento de su hijo, quien tenía ocho meses al momento del crimen.
Reyna Gómez Molina, madre de Carolina, describió inicialmente la relación entre Erika y Carolina como una “convivencia con fricciones habituales”. No se sabe con exactitud los motivos del crimen, más que la obsesión por control por parte de Erika, con ayuda de la tibieza y complicidad de su hijo, Alejandro.
Este caso se puede explicar a través de las etapas del ciclo de abuso: tensión, calma y explosión. Aunque los familiares y amigos cercanos de Carolina estaban al tanto de la tensión creciente, ésta se fue integrando a la dinámica familiar y llegando a normalizar los ciclos de abuso, generando esperanza. Sin embargo, todo explota cuando se produce la agresión física, y se refuerza con el retraso de 24 horas en la denuncia.
El feminicidio de Carolina Flores comenzó mucho antes con señales de violencia que existieron, que fueron normalizadas por su mismo entorno, pero que nunca fueron denunciadas. Por eso, es importante reconocer cuándo una dinámica familiar es disfuncional y abusiva, y más importante, saber irse.