Navidad sin culpas: Cómo romper con la cultura de las dietas y castigo

Sabemos que las celebraciones navideñas están a la vuelta de la esquina y aunque para muchas personas puede ser un ritual placentero y deseado, para otras puede convertirse en una auténtica pesadilla. En especial cuando todos los eventos giran en torno a la comida.

Contar calorías, saltarse comidas para poder comer el postre, lamentarse por haber comido “de más” y hacer promesas de que al próximo día vas a quemar todas las grasas en el gimnasio. Hemos estado ahí. Incluso si tú no lo has declarado, es probable que tu tía o tus papás lo hayan mencionado, y es difícil ignorar esos comentarios. 

En una sociedad sumergida en la cultura de la dieta, nos enseñan desde temprana edad a vigilar nuestros alimentos, antes de disfrutarlos. A temerle a subir unos kilos, pero no a aceptar nuestros cuerpos como son. Vivir una navidad sin culpas puede sonar casi hasta imposible, pero hay algunas formas en las que se puede lograr, o al menos intentarlo.

¿Cómo vivir una navidad libre de culpas al momento de comer?

  • Primero que nada: NO hacer comentarios sobre la comida o el físico de nadie

Es importante tener presente que para muchas personas, estar frente a una mesa llena de comida puede significar todo un reto mental, social y nutricional. Por ello, es importante mantener conversaciones enfocadas en otros temas, evitar reforzar discursos que tengan que ver con el aspecto físico y comentarios que hagan alusión a dietas. Por ejemplo: “no voy a comer al próximo día para compensar”, “¿a poco te vas a comer otro plato?”, “esto engorda muchísimo”. Entre otros, pero sabes a qué nos referimos. 

  • Entender la comida como un acto social y afectivo

Es verdad que este tipo de eventos cambia nuestra rutina, pero con ello vienen otros rituales igual de valiosos: como conseguir los ingredientes, preparar los alimentos, cocinar en colectivo, compartir recetas familiares y comer en comunidad. Lo más importante es acompañar a cada persona en su camino, empatizar y que sienta que su felicidad no tiene por qué depender de su aspecto físico. 

  • Romper con la narrativa de “compensar”

Por ejemplo: “A quemar lo comido” o “me voy a portar mal”. Algunas de estas ideas traen consigo el sentimiento de culpa, lo cual no es la fórmula ideal para empezar a disfrutar la comida. Aprendimos a ver los alimentos como una amenaza que nos cuestan nuestra delgadez y belleza, pero se nos olvida que el bienestar radica en el goce y una relación sana con la comida, no en imposiciones externas. 

  • Rechaza la idea de “alimentos prohibidos”

En la psicología, existe un término al que le llaman “alimentos prohibidos”. Estos son alimentos que nuestra mente ha catalogado como negativos, y que evitamos comprar o tener en nuestros hogares de forma regular. Al estar en un ambiente en donde no tenemos completo control de los ingredientes y porciones, suelta ese miedo y culpa al comerlos. La prohibición provoca que nos relacionemos negativamente con alimentos que, en su medida justa y equilibrada, podemos disfrutar. 

  • Escucha tu cuerpo sin extremismos y compasión

En este proceso de desaprender muchas de las reglas que nos enseñaron sobre la comida y el control. En lugar de imponer prohibiciones o excesos, se trata de identificar señales básicas como el hambre, el placer y la saciedad, entendiendo que todas son válidas y necesarias. Comer no debería estar atravesado por la culpa, el rechazo al propio cuerpo ni la idea de castigos antes o después de las fiestas.

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