Calaverita: Rey de Dolores
Por Alejandro Ruiz Galicia
En Dolores nació un canto,
un dolor hecho garganta.
Dicen que el alma andaba
en cada copa que alzaba.
Cantó por todos los hombres,
el de ayer y del mañana,
haciendo que el canto nombre
qué se pierde cuando se ama.
Bebía —no por olvidar—,
sino por no estar sobrio,
alzando con tequila un altar
que a todos nos queda propio.
Así es José Alfredo, rey de Dolores,
mostrando que hasta las diosas son de barro.
No puede morir —y no lo digo por halago—,
para eso me faltarían más flores.
Porque su música no muere,
y mi garganta es la suya.
Un desamor, un trago —por la que fuere—,
y el corazón chilla y aúlla.
Y al otro día —la cruda—,
esa resaca del alma que no cesa,
vuelve a cantar la voz huesuda,
como si él mero brindara por mi tristeza.
Canijo José Alfredo,
contigo tanto he tomado,
y decir aún no puedo
que dese amor he llenado.