¿Estamos viviendo una época de retroceso en derechos humanos? 

En palabras de Judith Butler: “Estamos viviendo una restauración del patriarcado, nacionalismo, del racismo y del individualismo capitalista”. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de una restauración del patriarcado, y cómo nos afecta?

Un retroceso a nivel global

En muchos países se están presenciando el resurgimiento de políticas conservadoras y regresivas que amenazan los derechos de las mujeres, el medio ambiente, las personas inmigrantes y hasta los espacios cívicos. Ya lo ha advertido la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): “Estamos viviendo una de las épocas de mayores retrocesos para los derechos humanos. Sobre todo, porque no advertimos que el sistema internacional esté lo suficientemente fuerte para dar estas peleas.” Y no es una casualidad. Actualmente, existe una tendencia muy regresiva en tema de derechos humanos y equidad de género, así como del debilitamiento de los organismos que protegen esta agenda. La pandemia de COVID-19, la crisis climática, las actuales guerras y tensiones geopolíticas están empujando a muchas personas hacia la pobreza extrema, en especial las mujeres. 

Muchos de estos problemas se han detectado con el regreso al poder de Donald Trump en Estados Unidos, la primera potencia mundial y referente para algunos gobiernos del mundo. Durante su administración, se han sumado drásticas políticas migratorias que impiden el acceso a inmigrantes, un retroceso en los derechos reproductivos y un aumento de discursos de odio. 

Sin embargo, lo que ocurre en Estados Unidos no es exclusivo del país, sino que es un fenómeno que se reproduce a nivel mundial. Cada vez surgen más problemas como la reducción del espacio cívico, el aumento de los discursos de odio o, en países concretos, las irregularidades en procesos electorales, como el caso de Venezuela.

En marzo de este año, Estados Unidos reanudó las deportaciones masivas de migrantes venezolanos, pese a los bloqueos judiciales, con ayuda de El Salvador, a pesar de la situación carcelaria que ha recibido fuertes críticas a nivel mundial por la violación de los derechos de las personas detenidas. Todo esto se ha logrado bajo la promoción de discursos y políticas estigmatizantes, en las que se describe a los migrantes como seres que atentan contra la seguridad nacional o perjudican económicamente a los países de tránsito o destino. 

De igual manera, este giro conservador trae consigo nuevas caras: En Japón, la conservadora Sanae Takaichi fue elegida como primera ministra, tras una votación en la Cámara Baja del Parlamento hace unos días. Su llegada al poder no es un hecho aislado, parte de una tendencia global en la que las figuras conservadoras ganan terreno, apelando a la “nostalgia” y a la defensa de los “valores tradicionales”. 

Como parte de la agenda que promueve, ha defendido la sucesión masculina en la familia imperial japonesa, ha rechazado el matrimonio entre personas del mismo sexo, se ha opuesto al uso de apellidos separados en las parejas casadas y defiende políticas de inmigración más estrictas. Por si fuera poco, también busca aumentar el presupuesto militar y modificar la constitución pacifista del país.

El desafío de las luchas sociales ante el avance del conservadurismo

Mientras tanto, la vicepresidenta primera de la CIDH y abogada argentina, Andrea Pochak, destaca que entre los datos más preocupantes se encuentra el hecho de que estos retrocesos no vienen de dictaduras o golpes de Estado. En muchos casos son promovidos por gobiernos elegidos democráticamente. A ello, hace una invitación: “Este es un momento para defender los principios mínimos como la igualdad, para confiar también en que las sociedades tienen que reaccionar. Tienen que saber priorizar también la agenda de derechos humanos en el momento de votar.”

Ante este panorama, Judith Butler también plantea que “tenemos que revivir un análisis marxista a la luz de los nuevos movimientos sociales”, incluyendo al ecologismo, el feminismo, antirracismo o la lucha LGBTQ+. “Tenemos que pensar en todas estas cosas juntas, porque están conectadas.” Declara, y nos recuerda que la clase social no se puede separar del género, la raza o la sexualidad, todo está entrelazado. 

Este fenómeno no es nuevo, pero se ha acelerado en los últimos años. Al ritmo actual, la ONU ha advertido que alcanzar una verdadera igualdad de género podría llevar hasta 300 años. Países como Francia, después de Suecia, Canadá y Luxemburgo, se han comprometido para implementar una estrategia feminista en sus gobiernos. A esta le llaman: política exterior feminista, que se basa en el principio de igualdad de derechos, en el respeto de las libertades fundamentales y las oportunidades entre todos las personas. 

Dichos países que apliquen una política exterior feminista deben no solo oponerse al retroceso, sino seguir impulsando el progreso. 

 

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