Transmitir hasta morir: influencers, cárteles y la desensibilización de la violencia en Sinaloa

Una docena de creadores de contenido de Sinaloa han sido asesinados en los últimos dos años. El último caso es el de César Gastélum, conocido como “Cesarín”, de 25 años, cuya muerte quedó registrada en una transmisión en vivo. Se encontraba a 200 metros del edificio de la Fiscalía General de Sinaloa.

Esta serie de asesinatos iniciaron en septiembre de 2024, cuando inició la guerra entre La Mayiza y Los Chapitos, tras el secuestro y traslado a Estados Unidos de Ismael “El Mayo” Zambada. De acuerdo con Reforma, 10 agresiones mortales se dieron en territorio sinaloense y dos casos ocurrieron en otros estados. 

 

¿Por qué los influencers? 

 

Los grupos delictivos se han asociado con creadores de contenido para expandir su alcance: teniendo nuevos canales de difusión en redes sociales en los que se difunde propaganda criminal y nuevos operadores financieros. 

 

Los asesinatos 

 

  • Jesús Miguel Vivanco García, ‘El Jasper’: asesinado el 23 de noviembre de 2024.
  • Leobardo Aispuro Soto, ‘Gordo Peruci’: asesinado el 9 de diciembre de 2024.
  • Agustín Paul, ‘El Pinky’: su cuerpo fue localizado el 10 de enero de 2025.
  • Adalberto Peña, ‘El Tata’: asesinado el 23 de enero de 2025.
  • Víctor Manuel, ‘El Brasileño’: su cuerpo fue localizado el 27 de marzo de 2025. 
  • Gail Castro, ‘Gail Toys’: asesinado el 28 de marzo de 2025 en Baja California. 
  • Gerardo Moya, ‘El Jerry’: asesinado el 16 de noviembre de 2025.
  • Camilo Ochoa, ‘El Alucín’: asesinado el 16 de agosto de 2025 en Morelos. 
  • Rafael L. ‘El Peinadito’: asesinado el 04 de junio de 2024. 
  • César Gastélum, ‘El Cesarín’: asesinado el 04 de agosto de 2026. 


En volantes físicos y redes sociales de Sinaloa, se acusó a influencers de trabajar con Los Chapitos en temas financieros, de lavado de dinero y otros tipos de colaboraciones. 24 creadores de contenido aparecieron en el volante y, al menos, la mitad han sido asesinados.

 

Violencia normalizada

El Dr. Nery Córdova Solís, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa escribe en su artículo ‘La subcultura del ‘narco’ en Sinaloa: la fuerza de la transgresión’ que “el crimen es un elemento central de la sociedad contemporánea, en su concepción real y potencial. Como diría Foucault, la gente que hoy es juez, en otras circunstancias, podría más bien, sin la toga de la autoridad, estar en el banquillo de los acusados. […] La desviación depende de las condiciones, las situaciones y las circunstancias socioculturales. 

 

Estas condiciones y circunstancias constituyen elementos materiales de la gratificación económica, que fungen como carnada, y que se esparcen a través de la información y del rumor. Generando así un tipo de “fascinación” por los placeres y la vida de “los mafiosos”. Cuando también puede ser que “ya no hay de otra” debido a la precarización laboral.

“En una sociedad mundial con marcadas diferencias sociales y económicas, a pesar del mito de la globalización, los límites y las fronteras de ciertos esquemas como la astucia, el engaño, la inteligencia, el riesgo, “la aventura” o “el crimen”, se diluyen bajo los afanes de la ganancia y sus lindes se difuminan, se mezclan y se hacen cada vez más indiferenciados”, agrega Córdova Solís.

Las peculiaridades de funcionamiento y las ventajas de esas organizaciones criminales para su expansión, comparadas con las corporaciones y empresas legítimas, han sido la “flexibilidad” y la “versatilidad”. Flexibilidad para negociar con grupos múltiples, y versatilidad para transmutar su fachada, su rostro o sus aspectos empresariales, a través del lavado de dinero.

Estos grupos ya llegaron al arte, a la música, a los gobiernos, a los negocios, a las empresas.Y, ahora, también a los creadores de contenido en las redes sociales.  La interconexión es su forma de operación. 

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