El jugueteo de las palabras se nota más cuando las palabras nos entran por los oídos
Por Alejandro Ruiz Galicia
En lo que sé.
(Texto que se sugiere leer en voz alta.)
—Cuando yo uso una palabra —dijo Humpty Dumpty— quiere decir lo que yo quiero que diga, ni más ni menos.
—La cuestión —dijo Alicia— es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas.
—La cuestión —dijo Humpty Dumpty— es saber quién manda. Eso es todo.
(Lewis Carroll, Alicia a través del espejo.)
Pensé en eso cuando escuché a algunas personas que viven en pequeñas comunidades o rancherías decirle sentido al oído. También pueden decir una líquida vez, para decir lo que en otro lugar sería una única vez.
¿Qué son las palabras?
Tal vez eso que sale por la boca como un acordeón. Se pliegan y despliegan haciendo música. A veces obedecen, otras se mandan solas. Como cuando se dice Laura por Berenice, o quiero meterme un pase y que pase lo que pase. O cuando, discutiendo respecto de un cuadro que el marido no quiere en la alcoba y la mujer sí, él exclama: yo lo quito y ella lo coloca.
El jugueteo se nota más cuando las palabras nos entran por los oídos, como ruidos que no sabemos bien qué son. En cambio, cuando las vemos parecen más seriecitas, como cuando la directora entra en el salón sin maestra. Corren a tomar cada una su lugar, bien portadas, diciendo lo que dicen, ni más ni menos: un niñerío esperando que alguien descubra su travesura.
Alguien dice: quisiera alentarle.
Por los ojos, la palabra parece clara; por las orejas, titubea. ¿Quiere motivar o enlentecer?
Y qué decir de las emociones y su destreza para vestir las palabras. Un mensaje de WhatsApp puede decir: Si así está bien para ti, ok. En un día soleado se lee acuerdo; en un día tormentoso, condena. Las emociones visten, desnudan o disfrazan las palabras. Algunas cambian de atuendo según la ocasión: adolescente, paciente, corte, suspensión.
Fluyen divertidas las palabras por nuestra boca, en el tobogán de nuestra habla, hasta caer en la alberca del sentido. Splash, splash en el tímpano marcan polo de comprensión. Chapotean, se sumergen, pelean y se pasan la bolita del significado.
A veces, unos, estresados, las forman en fila. Toman su distancia y una detrás de la otra marchan derechitas saludando. Otras veces, hay quien se moja los pies y flota con los ojos cerrados. El sentido se llena enmudeciendo la alharaca. Ya no son precisas las palabras.