El Peso Sin Peso: Hay cosas que pesan mucho y, sin embargo, no pueden contarse en monedas.

Por Alejandro Ruiz Galicia

Hay cosas que pesan mucho y, sin embargo, no pueden contarse en monedas. Pensemos en algo tan cotidiano como dar un aventón. Suena sencillo: acercar a alguien a su destino. En ese gesto se juega más de lo que parece. Al aceptar, uno entrega parte de su libertad: ya no puede decidir salir antes o quedarse más tarde, desviarse, detenerse en tal lugar, cantar a todo pulmón o simplemente guardar silencio en el trayecto. Ese pequeño acto muestra cómo lo emocional, lo invisible, puede volverse pesado sin tener traducción en dinero.

Ese es el primer sentido de El Peso Sin Peso: lo que cuesta en términos de incomodidad, de renuncias, de energía, sin que nadie lo pague en efectivo. Freud lo señaló con claridad en El malestar en la cultura: la vida compartida exige una pérdida de felicidad y el refuerzo del sentimiento de culpa como precio inevitable del lazo social. Aquí están ubicados los gestos cotidianos que no generan ingresos pero sí un costo subjetivo.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando sí entra en juego el dinero? Allí aparece el segundo rostro: la moneda que pesa menos de lo que debería. A veces recibimos un pago, pero lo que llega no compensa lo invertido en tiempo, energía, emociones. Es el peso hueco: la retribución que, aunque tangible, no alcanza a equilibrar la balanza interna. El dinero paga, pero no repara. Recompensa, pero no reconoce.

Desde una perspectiva psicoanalítica, lo que está en juego no es sólo el valor económico, sino el reconocimiento simbólico. Lo que buscamos no es únicamente que se nos pague, sino que se nos vea. Y cuando eso no ocurre, el dinero se vuelve insuficiente, porque no sana la herida de no haber recibido el reconocimiento por lo que dimos.

De ahí la importancia de aprender a cobrar con justicia: no sólo fijando un precio adecuado, sino también evitando quedar atrapados en la espera de que el otro compense lo incompleto. La deuda, en términos emocionales, nunca se salda del todo. Ese resto que no puede pagarse es también lo que da sentido a los lazos humanos, lazos con peso tal, que resulta imposible contenerlos en lo económico.

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