Sinaloa: madres buscadoras localizan siete fosas clandestinas con restos humanos
El sur de Culiacán volvió a mostrar su rostro más crudo: entre surcos de tierra seca, madres con palas en mano encontraron lo que el Estado no quiso ver. En menos de 48 horas, el colectivo Sabuesos Guerreras localizó siete fosas clandestinas en el ejido El Mezquitillo, sindicatura de Costa Rica, con once cuerpos en avanzado estado de descomposición. Un hallazgo estremecedor que, lejos de ser una sorpresa, es la confirmación de una rutina que se ha vuelto paisaje en Sinaloa: desaparecer, buscar, excavar.
Aunque el operativo contó con el acompañamiento de la Comisión Estatal de Búsqueda y diversas corporaciones policiacas, el hallazgo no partió de una investigación institucional, sino de una denuncia anónima recibida por las madres buscadoras. Otra vez, fueron ellas quienes rascaron la tierra. Quienes supieron dónde mirar cuando el Estado no supo –o no quiso– hacerlo.
Las primeras búsquedas, iniciadas desde el fin de semana, no arrojaron resultados. Pero el martes por la mañana, y tras insistencia del colectivo, se comenzaron a encontrar restos. Cuatro cuerpos en una primera fosa, y luego seis fosas más. Prendas como sudaderas, jeans, una capucha y una pulsera sirvieron como únicos indicios de las identidades que, por ahora, se mantienen sin nombre. El SEMEFO tiene la tarea de identificarlos, pero esa es apenas una parte de la deuda.
La escena recuerda a otras tantas: tierra abierta, cuerpos arrojados sin más, el ejército resguardando, las madres llorando, y funcionarios asegurando que “se trabaja con enfoque humanitario”. La titular de la Comisión Estatal de Búsqueda, Karina Márquez, agradeció públicamente el trabajo del colectivo y prometió continuar con los operativos. Pero eso no basta cuando en Sinaloa desaparecen, en promedio, siete personas al día. Desde septiembre de 2024, cuando estalló el conflicto interno entre las facciones del Cártel de Sinaloa –La Chapiza y La Mayiza–, la crisis se profundizó. Las cifras se duplicaron. La impunidad también.
En un hecho paralelo, se encontraron restos óseos en el dren Burrión, en Guasave. Otro sitio. Otras víctimas. El mismo patrón. El mismo silencio. Las mismas madres buscando.
Lo que sí cambia es la resistencia: frente a la desidia institucional, los colectivos han tejido sus propios sistemas de búsqueda, organizando expediciones con mapas hechos a mano y palas improvisadas. No solo excavan la tierra: están excavando también las omisiones del Estado mexicano.
Los 11 cuerpos encontrados esta semana no son la noticia. La noticia es que siguen apareciendo cuerpos y no hay responsables. Que el crimen organizado sigue usando los campos agrícolas como cementerios, mientras las autoridades siguen usando comunicados para fingir que hacen algo.
El Mezquitillo no es un caso aislado. Es un síntoma de país. Una muestra de que, en México, la memoria se cultiva con dolor y la justicia no germina.