Sembrar parte de nuestro alimento debería ser un eje de la “nueva normalidad”


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La crisis generada por el sars-cov-2 nos ha situado en un punto donde urge reconfigurar nuestras sociedades y si algo nos ha enseñado este momento histórico es la importancia de producir nuestro propio alimento. Desde hace tiempo, hay un movimiento pujante tratando compartir el hábito de la agricultura en espacios urbanos. La creación y cuidado de huertos en casa e incluso la jardinería con plantas de ornamento, tienen un gran impacto en el bienestar de las personas destinan tiempo a esta actividad.*

Pero no sólo se trata de asegurar la producción alimentaria, de hecho las políticas públicas deberían (si es que de verdad se quiere transformar el sistema para resolver conflictos como los derivados por la pandemia) insistir en transformar el sistema de agrícola por uno que priorice la producción a pequeña escala.*

Las razones son muchas pero una que quizá no se toma en cuenta con seriedad, es el sentido de bienestar emocional que se produce en las personas que siembran y cuidan plantas. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Princeton concluye básicamente que  “la jardinería doméstica lo resuelve todo”. El comunicado de prensa del estudio, que fue publicado en la revista Lanscape and Urban Planning señala que los encargados de formular políticas “pasan por alto en gran medida la jardinería doméstica”.


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El estudio siguió a 370 ciudadanos de Minneapolis y midió su bienestar emocional a través de actividades comunes como caminar, viajar en autobús, ir de compras y salir a comer. Los investigadores encontraron que un tercio de las personas hacen jardinería en casa durante un promedio de 90 minutos a la semana.

“Estos hallazgos sugieren que al elegir futuros proyectos de bienestar para financiar, deberíamos prestar la misma atención a la jardinería doméstica y la agricultura urbana”

“Es difícil saber quién está haciendo jardinería en casa”, dice el primer autor Graham Ambrose, especialista en proyectos de investigación en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de Princeton. “Muchas más personas cultivan un jardín de lo que pensamos”.

A los investigadores les sorprendió la cantidad de personas que hacían labores de siembra y sobre todo la estrecha relación que esto tenía con los niveles de felicidad. Además, especialmente en labores de horticultura (aquí si la jardinería ornamental fue menos relevante) los agricultores reportaron altos niveles de significado. Así es, sembrar tu alimento mejora tu relación con la tierra, con el ambiente y sobre todo con tu cuerpo. De hecho, un hallazgo interesante del estudio es que las mujeres y los jardineros de bajos ingresos dijeron sentir un bienestar emocional realmente alto, sin diferencias entre aquellos que siembran en colectivo o de forma individual.

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Ambrose, termina señalando que estas prácticas contribuyen a que las ciudades sean habitables; porque lo habitable también está relacionado con el grado de bienestar de sus ciudadanos.

Con información de Landscape and urban planning y FastCompany | Selección, traducción y *notas del Colectivo Alterius.


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