El pueblo que tiene ganas de creer

Piénsenlo un momento. La economía no ha mejorado. La inseguridad no ha disminuído. Las tensiones con EUA se han diferido, pero están lejos de resolverse. En suma: la casa sigue en llamas. Sin embargo, en actos públicos como el del pasado 15 de Septiembre se puede palpar un clima social revitalizado y optimista. ¿Por qué?

Tal vez se deba a que la sofisticación que implica analizar y hacer política en el mundo globalizado eclipsa de vez en cuando las viejas verdades: un líder político no se limita a ser un solucionador de problemas, sino una figura de autoridad que logra transmitir confianza en el futuro. Los políticos más perdurables ofrecen, muchas veces, poco más que una visión. Su mérito, sin embargo, radica en que logran representar un deseo colectivo tan disperso como insistente: en el México donde la mitad de la población ha vivido por décadas en la pobreza y la marginación…¿sueñan las mayorías con que seamos primer mundo, con ser la suiza latinoamericana? ¿o más bien hace tiempo que esperaban el arribo de “un presidente honrado, que venga de abajo, que nos entienda, que nos hable, que nos defienda”?

AMLO es un mandatario que se mueve y autoevalúa en el terreno de los imponderables: “la felicidad de la gente”, “la esperanza social”, “el bienestar del alma”, “la reforma de la moralidad pública”. Para los hacedores de política pública todo esto no es más que humo. Y puede que sea cierto. Pero, en todo caso, es el humo de un incendio que se recondujo en la figura de AMLO.

Piénsenlo un momento. La economía no ha mejorado. La inseguridad no ha disminuído. Las tensiones con EUA se han diferido, pero están lejos de resolverse. Los problemas siguen ahí: lo que ha cambiado es la actitud ante esos problemas. Yo ví en el Zócalo a una mayoría social que marcha embriagada hacia su destino y tiene ganas de creer. ¿Le espera una decepción? Es probable. Por ahora lo único seguro es que un sector social que había sido sistemáticamente excluido puede hacer sentir al resto que algo vale: uno de los suyos ha logrado, por fin, representar un viejo sueño fundacional. El 15 de septiembre en el zócalo fue, para miles de personas, el momento de ver a AMLO-Presidente sin tener que frotarse los ojos.

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