El declive de aves migratorias es por clima e insecticidas

Dos notas de la Agencia SINC ilustran los problemas que en la actualidad enfrentan la aves migratorias. Por un lado la crisis climática está modificando sus rutas de paso, muchas de las cuales están pobladas por torres eléctricas y molinos de viento, y otra investigación aborda un problema poco estudiado; el efecto de los agroquímicos.

En la primera de estas notas se apunta que “Unas 400.000 cigüeñas y rapaces, 750.000 aves marinas y varios millones de aves pequeñas confluyen en su paso de Europa a África. En la actualidad, no solo el levante trastoca su migración. El cambio climático está cambiando sus rutinas.

“Afecta a las barreras que tienen que atravesar y a las condiciones de los lugares por los que vuelan y reposan”, Alejandro Onrubia, ornitólogo y coordinador científico de la Fundación Migres.

La consecuencia directa son alteraciones en los lugares de cría, invernada y paso. Los efectos son evidentes: cambios en las poblaciones, en la distribución y en los calendarios de migración –que se está adelantando–. “Los patrones migratorios ya no son los que eran, se han acortado y algunas especies de aves se quedan en nuevas zonas de invernada en el norte”, apunta Alejandro Onrubia.

En el caso de las rapaces forestales, como el águila culebrera (Circaetus gallicus), el aguililla calzada (Hieraaetus pennatus) o el milano negro (Milvus migrans), que cazan distintas presas en medios abiertos, sus hábitat, los bosques del norte de África, se ven afectados por la seca extensa o los procesos de desertificación.

Águila culebrera / Wikipedia
Águila culebrera / Wikipedia

“Además, las poblaciones de presas están mermando, como es el caso de los ofidios, lo que afecta al águila culebrera. Esto se solapa con otros procesos relacionados con la actividad humana”, enfatiza Onrubia.

Otra aves de menor tamaño, como el vencejo cafre (Apus caffer), el alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes) y el ruiseñor pechiazul (Cyanecula svecica), también están sufriendo alteraciones en su calendario de migración, la distancia que alcanzan y las zonas en las que pasan el invierno.

El trabajo de la Fundación Migres

Los científicos de la Fundación Migres han dedicado más de veinte años al conteo migratorio de aves que pasa por el estrecho y al seguimiento de la presencia humana en sus hábitats. Este rastreo los ha llevado a cruzar hasta Marruecos y ver el impacto, por ejemplo, de los pastores en el norte de África en las rapaces que migran desde Europa.

“Las condiciones ambientales no son suficientes para explicar la menor presencia de rapaces en Marruecos en comparación con la península ibérica. Hay factores relacionados con la actividad humana que están afectando esta abundancia, aunque desconocemos con detalle la causa”, añade Onrubia.

Los científicos descartaron la intensificación agrícola o los tendidos eléctricos y dedujeron que el declive debería estar relacionado con la actividad humana, “quizás por persecución directa de las rapaces o por la presión sobre poblaciones de presa”, dice el experto.

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400.000 cigüeñas y rapaces, 750.000 aves marinas y varios millones de aves pequeñas confluyen en este lugar en su paso de Europa a África / © John Wright

Pero ese no es el único obstáculo al que se enfrentan las aves que superan el paso por el estrecho. Para la mayoría, el Sahara es la gran barrera que tienen que cruzar. El estrecho de Gibraltar implica entre 14 y 30 km de vuelo sobre el mar y el mediterráneo central tiene menos de 700 km de anchura. Sin embargo, atravesar el Sahara supone, al menos, sobrevolar más de 1.800 km de roca y arena sin posibilidades de repostar.

“Sabemos que la mayor parte de la mortalidad durante la migración tiene lugar en el cruce del desierto, pero en esta mortalidad juegan un papel dramático las tormentas de arena que lo engullen todo”, concluye.

Uno de los mayores retos a los que se enfrentan las aves que llegan hasta Tarifa es el de evitar los parques eólicos que salpican el paisaje. Por esta razón, esta región es la única zona de España en la que se han instalado un sistema para parar las turbinas cuando estos animales vuelan cerca.

Otro de los estudios del CIMA, publicado recientemente en la revista Journal of Animal Ecology, analiza cómo estos molinos no solo provocan muertes directas, sino que también causan pérdidas de hábitat.

A escala global, la existencia de turbinas ha supuesto una pérdida de un 3 a un 14 % del hábitat disponible. Aunque no debería ser un gran hándicap, demuestra el efecto indirecto de estos parques eólicos sobre el ecosistema disponible para las aves migratorias en paso.

Otro fenómeno no esperado es el de algunas aves migratorias que se están sedentarizando, probablemente por el calentamiento global. Demasiados cambios para estas especies adaptadas a volar grandes distancias, a las que la presencia humana y el clima cambiante les están cortando las alas.

Los insecticidas también afectan a las aves

De este lado del mundo, en América del Norte, el 74 % de las poblaciones de aves migratorias que dependen del hábitat agrícola han disminuido significativamente desde 1966, y los pesticidas podrían estar contribuyendo en parte a este declive.

En los cultivos de arroz, maíz, colza, girasol, soja, frutas, verduras e incluso en los de plantas ornamentales, que atraviesan las aves en sus migraciones, se emplea un químico, el imidacloprid, que pertenece a los neonicotinoides, la clase de insecticida más utilizada en el mundo, para el control de plagas y el tratamiento de semillas.

El pesticida, que se comercializa desde mediados de los años 90, cuyo uso está estimado en más de 20.000 toneladas de sustancia activa al año, puede pulverizarse en las hojas o inyectarse en los troncos de los árboles, entre otras aplicaciones. En el 60 % de los usos se aplica en el suelo o directamente en las semillas, pudiendo afectar a insectos o vertebrados que las ingieren.

Hasta el momento, varios estudios habían demostrado que el compuesto perjudicaba a las abejas polinizadoras, actuando en su sistema nervioso central. Un nuevo trabajo, publicado en la revista Science, demuestra que el pesticida también impacta en los gorriones corona blanca (Zonotrichia leucophrys) que se alimentan de semillas tratadas que quedan en la superficie del suelo tras su dispersión.

“Nuestra investigación muestra que si un pequeño pájaro cantor come solo algunas de estas semillas tratadas le causa efectos anoréxicos como la supresión de apetito y la rápida pérdida de peso”, explica Christy Morrissey, investigadora en el departamento de Biología de la Universidad de Saskatchewan (Canadá) y autora principal del estudio.

Semillas
Semillas de cereales cubiertas de pesticida | Margaret Eng

Primera evidencia de los efectos negativos

Las científicas realizaron un experimento con gorriones, expuestos a pequeñas dosis de imidacloprid durante una escala en su migración de primavera al sur de Ontario (Canadá). Así pudieron comprobar que al consumir alimento cubierto de insecticida, las aves reducían su carga de grasa, lo que les hacía retrasar el momento de reanudar su viaje.

 “Después de alimentarlas, mantuvimos a las aves durante seis horas para controlar los cambios en el peso corporal y el consumo de alimentos”.- Christy Morrissey

Después, rastrearon su movimiento y comportamiento con nuevas tecnologías de marcaje ligero a través del Sistema de Rastreo de Vida Silvestre Motus. “Los gorriones que recibieron la dosis más alta de imidacloprid salieron en promedio 3,5 días más tarde que los pájaros de control”, revela Morrissey.

Además, esas mismas aves perdieron el 6 % de su masa corporal en las seis horas en las que estuvieron monitorizadas. Ambos resultados están asociados con el consumo del insecticida. “Las aves dosificadas comieron menos y es probable que retrasaron su vuelo porque necesitaban más tiempo para reponerse y recuperar sus reservas”, subraya Margaret L. Eng, coautora e investigadora en el Centro de Toxicología de la universidad canadiense.

Según las científicas, estos efectos podrían afectar severamente a las posibilidades de supervivencia y reproducción de las aves, ya que la migración es un período crítico para estos animales. “Cualquier demora puede dificultar su éxito en la búsqueda de pareja y en la anidación”, concluye Morrissey, para quien estas consecuencias podrían explicar, en parte, por qué las especies de aves migratorias y agrícolas están disminuyendo tan dramáticamente en todo el mundo.

Con información de Agencia SINC.

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