Una propina de cinco pesos

Por Jose Bastide

 

La generosidad y el agradecimiento, son dos de los valores universales que rigen el comportamiento de nuestra vida. Estos dos valores tienen un gran impacto en los seres humanos, ya que hacen que la convivencia sea más atractiva y la respuesta de aquel que los recibe trae una satisfacción enorme.

Cuantas veces no hemos visto cómo diferentes tipos de personas se acercan a nosotros y nos piden una ayuda, muchos acceden y buscan en su bolsa las monedas de más baja denominación para tendérselas a quién lo está demandando. Sin embargo, a la vuelta de la esquina, sin tener necesidad te gastas lo que ni siquiera tenías planeado. Igualmente, hay experiencias de que aquellos a los que les diste algo, ni siquiera las gracias te llegan a dar, o te voltean a ver feo pues consideran insignificante lo aportado por ti.

Por eso la generosidad y el agradecimiento prácticamente van de la mano, pues son sentimientos que salen del corazón, y tanto el que da como el que recibe, sienten que ese acto los reconforta.

En grandes urbes como la Ciudad de México, el dar las gracias o un simple buenos días, se ha perdido, y ¿por qué?, principalmente, porque la rapidez con qué vives tu día a día no te permiten ni conocer a tus vecinos. Esto ha llevado a que el contacto se haya perdido y de igual manera, la cercanía con los demás. La mayoría de las ocasiones prefieres no involucrarte en cuestiones que pudieran acarrearte un compromiso y decides mejor perder el contacto con tu entorno.

Es muy notorio cuando llegas a cualquier lugar de la provincia, sin conocerte cualquier persona que se te cruza en el camino de inmediato te saluda, y en contestación a cualquier acto te dan las gracias. Afortunadamente, todavía en esos lares estas costumbres (valores), no se han perdido. Al presenciar este tipo de actos, instintivamente tu naturaleza se siente atraída y reaccionas y contestas de igual forma. Si tu permanencia es por algún tiempo, te adaptas y respondes de igual forma. La naturaleza es sabia y sabe que estos actos le hacen bien.

Por ejemplo, mi padre me contó que en los inicios de su profesión como mecánico automotriz tuvo la oportunidad de trabajar en un taller de cierta importancia, y a base de esfuerzo y dedicación logró convertirse en uno de los maestros. Cierto día, terminó de ajustar unos frenos y se recargó en una pared para descansar fumándose un cigarro, de repente notó cierto movimiento diferente a lo acostumbrado y buscó el motivo; a la entrada del taller vio como un hombre vestido muy elegante, venía caminando y a cada persona que se encontraba lo saludaba de mano.

No le importaba que los personajes estuvieran sucios y llenos de grasa, él les apretaba la mano y seguía su camino. Su trayecto lo llevó hasta donde estaba mi padre y de igual manera lo saludó. Le extendió la mano y al apretársela, le depositó un billete de cinco pesos. Este acto dejo boquiabierto a mi progenitor, la otra persona siguió su travesía. Al llegar donde estaba un Cadillac convertible del año, color negro, se detuvo y se puso a platicar con el mecánico que ya lo había terminado de arreglar. De igual manera, al despedirse le dio un apretón de manos y subiéndose a su automóvil se retiró.

Obviamente empezaron los comentarios y mi padre se unió al grupo. Ahí se enteró que el hombre dadivoso y elegante, era el gran actor de la época del cine mexicano Miguel Inclán, y que era su costumbre llevar su carro a revisar a ese taller, así que cuando lo recogía, a todo aquel que se encontraba en su camino, le iba dando de propina un billete de cinco pesos y al maestro que se lo había arreglado veinte. Está era la forma de agradecer los servicios que le prestaban a su preciado tesoro y como consecuencia, todos lo tenían en alta estima.

Este es solo un ejemplo, de lo que puede significar el agradecimiento y lo que en ese tiempo y en cualquiera, es el dar con generosidad cinco pesos.

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