Texto sobre mi voz

Mi voz se planta firme desde el dolor, desde la rabia y el hartazgo por que las voces de muchas se dejaron de escuchar, han dejado de existir, las asesinaron, víctimas de una violencia tan evidente que sólo quien la ejerce elige no verla.

Mi voz se encuentra y pierde, se encuentra a través del lugar común como mujer; el amor, lo sensual y lo trágico, otros espacios y realidades no tienen el mismo acceso, son más bien laberintos con rincones confusos que al final buscan no dejarte pasar… poco se avanza desde el lugar de la musa.

El amor, la necesidad de ser mirada… ¿De ser complementada?… de existir. El amor, motor de lucha para el sujeto femenino, pretexto para no pagar por su trabajo, para no verle como ciudadana o negarle derechos, el amor es un discurso que define voluntades, sueños y ambiciones.

Mi sexo determina mi supuesta ineptitud en lo laboral y define el grado de precarización salarial (más me vale no volver a enfermar). Ingenua, me niego a escuchar al mercado global hablar; esa voz tan otra que pide fuerza laboral, fuerza requerida en el hogar, fuerza que debo dirigir hacia el cuidado de todo y de todos menos de mi misma.

Mi voz encuentra lugar ahí, desde narrarme enamorada, dándole nombre a los ensueños con alas frágiles de mariposa, pieles y miradas eternas, desde el buscarme y hallarme rota, en escribir del extrañar crónico; se deja de lado pues, el espacio entre los modelos matemáticos de los sistemas biológicos y la crítica a la negritud hipersexualizada, para escribir desde siempre y por siempre sobre la primera vez.

Texto: Melissa Benítez


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