Alina Velazco-Ramos #VocesVioletas

Alina Velazco-Ramos (D.F. 1973) es escritora, poeta, periodista y gestora cultural. Estudió el Diplomado en Creación Literaria del Instituto Nacional de Bellas Artes y ha estado presente en lecturas en diversos foros de los estados de Colima, D.F., Estado de México, Jalisco, San Luis Potosí, Michoacán y Oaxaca. Miembro de la Red Mundial de Escritores (REMES) y del Movimiento Poetas del Mundo. Participó en el XXII y XXIII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes. Oaxaca, México. Coorganizadora del VI Encuentro Poetas en Carnaval, Pasto Nariño, Colombia y organizadora de su I versión en Colima, México. Coorganizadora del encuentro El Mundo Literario Contemporáneo en Caxias, Maranhao, Brasil. Mención de honor en el género Poesía del XLIV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa Audiolibro “Voces de Hoy 2015” Buenos Aires, Argentina. Finalista en el certamen “La Décima es un Árbol” del Museo de Artes y Oficios de Santa Clara, Cuba. Traducida al Rumano, Italiano, Inglés y Portugués; publica en suplementos, revistas culturales, blogs y antologías de poesía y cuento en México, Chile, Rumania, País Vasco, República Dominicana, España, Perú, Argentina, Cuba, Estados Unidos, Bolivia, Canadá, Italia, Honduras y Brasil.

A continuación presentamos una breve selección de sus poemas:


HORUS

Te busco en el mitológico instante antiguo que nos une

y ansío sentir cerca los colores que surgen de tus manos.

Esos que cambiarán el arcoíris del blancogrisnegro de mi ser

y me llenarán la piel de entes de legendaria estirpe.

Mi persona tiembla tan solo verte.

Y es que te deseo jugando en mi entrepierna,

como nadie antes te deseó, dulce Horus.

Señor obscuro, hedonista.

Dios que corrompe mis sensaciones dormidas.

Cierro los ojos y lo roto de tu nombre,

plasmado en el papiro,

se convierte en eso que me lleva al éxtasis.

Al suave gemido que escapa de mis labios,

cuando por las madrugadas,

tomas mi sexo subrepticiamente,

en el sueño perfecto en el que solo existimos tu y yo.

Aunque tus caricias regresen siempre al territorio de la mujer leopardo..


SAMIR

Amar el sonido de tu voz que me despierta del ensueño.

Y la forma en que me ofreces el deleite del dulce de tus ojos.

Tu piel de chocolate que deseo probar y no me atrevo.

Esa que rocé con un dedo por un breve y delicioso instante.

Y esta timidez que no se de dónde sale.

Como el incontable caudal de lágrimas

que no me permiten recordar

el instante en que llegué al desierto que me presentó ante ti.

Te perseguí con la mirada cada segundo del día aunque tu no me viste.

Y te fuiste haciendo pequeño cuando me alejé de allí.

En ese instante entraste a tu nuevo hogar

y te alojaste en mi pecho.

En mi alma.

Te incrustaste en mi corazón como la piedra preciosa que eres.

Y te anhelé, te busqué alrededor antes de volar.

Pero fue Paris quien me regresó a la realidad. No estás.

Aún así, te pensé, te pienso, te pensaré. Samir.


NILO

La luna se refleja en el río.

A lo lejos, edificios tenuemente iluminados.

Y cerca de mi estás tú.

Solos en la tranquilidad del agua.

Avanzamos lentamente,

miro al horizonte que no encuentro

debido a la obscuridad.

Escucho ese ruido que no forma parte de mi.

Yo deseo acercarme a ti

y acariciar tu mano, que también me desea.

Pero el ambiente y tu indecisión no me lo permiten.


AGUA

La lluvia que inunda los campos de mi ciudad,

bautiza y santifica este sentimiento

que me llena la mente de la dulce persona que eres.

La necesidad de tu piel, recordarte.

Me llevan a ese momento en que entré al agua

y redimí la grave falta de desearte.

Y el amor terreno que siento por ti, se purifica.

Se diviniza.

Pierde el pecado implícito en él, cada vez que te pienso.


BEDUINO

Recorre con tus dedos,

la superficie de arena de mi piel

y haz que de ella surjan flores color violeta,

frutos de exótico sabor.

Dame la vida que se perdió en otro cuento.

Convierte mis noches,

en ese intercambio prohibido, lascivo.

Creado para ambos

en la parte de la luna que no podemos ver.

Hunde tu lengua en el arco de mi espalda.

Lámelo cada noche. Paladéalo.

Saborea la inocencia y perversión de mi oasis.

Avasállame hurgando en las ruinas

que el enemigo de otra era dejó.

Libera a besos, la salina humedad

que brota de entre las columnas

que sostienen mi ser,

dulce hombre del desierto.

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