“Cuando Dios fue mujer”: María Begoña recurre a las diosas para preguntar qué tanto ha cambiado la realidad de las mujeres
María Begoña Beltrán es una artista mexicana que ha construido su trayectoria a partir de la tradición humanista y la pintura académica. Egresada de la Florence Academy of Art, consolidó una sólida formación técnica inspirada en los métodos de los grandes maestros del arte clásico. Además de su producción artística, ha impartido clases de pintura académica en Atelier México, el CAMEC y el Taller Huauchinango.
Sus obras han sido exhibidas en ciudades como Florencia, Londres, San Miguel de Allende, Querétaro y Ciudad de México. A través de ella explora figuras y mitos de distintas culturas, reinterpretándolos desde una mirada contemporánea que dialoga con la estética clásica.
Actualmente presenta la exposición “Cuando Dios fue mujer” en el Museo de la Mujer, en la Ciudad de México. La muestra propone ampliar la representación de las mujeres a partir de la resignificación de diosas, mitologías y arquetipos femeninos que han marcado la historia de distintas civilizaciones.
En entrevista con Tercera Vía, Beltrán explicó que el proyecto comenzó a tomar forma en 2020, tras los feminicidios de Ingrid Escamilla y Fátima Cecilia, casos que, además de conmocionar al país, evidenciaron la violencia con la que muchas veces se juzga a las víctimas incluso después de su muerte.
“La gente encontró la manera de culpar a Ingrid mientras sus fotografías eran difundidas sin ningún escrúpulo. Después ocurrió el feminicidio de Fátima. Como no podían responsabilizar a una niña, dirigieron la culpa hacia su madre. Esos hechos me horrorizaron”, recordó.
La artista contó que, durante una conversación con su abuela Josefina, encontró la frase que terminaría dando sentido a toda la serie.
“Mi abuelita solo me dijo, con cierto cansancio en la voz: ‘Aunque Dios fuera mujer, las cosas no cambiarían’. Esas palabras se quedaron conmigo y dieron origen a esta obra.”
Beltrán explicó que la selección de las diosas retratadas surgió de manera natural. Las primeras fueron Diana y Perséfone, figuras de la mitología grecorromana que siempre le habían fascinado. Después aparecieron Ashera, inspirada por la lectura de la escritora Merlin Stone, así como Tonantzin, Amaterasu, Sekhmet y Freyja.
“Me sorprendió descubrir la cantidad de violencia presente en sus historias de origen. Llegó un punto en que ya no parecía una coincidencia. Las religiones son un espejo de la sociedad y sus divinidades también hablan de las mujeres de su tiempo. Para mí dejaron de ser únicamente diosas y se convirtieron en ancestras.”
Con esta exposición, la artista busca que el público cuestione si realmente la sociedad ha transformado las condiciones que enfrentan las mujeres o si los conflictos presentes desde hace miles de años continúan repitiéndose.
“Quiero que las personas se sientan identificadas con estas historias y comprendan, tanto hombres como mujeres, que hay heridas que vienen de muy atrás. No estamos solos en esta lucha.”
Beltrán también considera que el arte sigue siendo una herramienta de protesta capaz de abrir conversaciones difíciles.
“Caravaggio utilizó la pintura para desafiar a la Iglesia y cuestionar sus creencias. El arte puede generar conversaciones sin pronunciar una sola palabra. Espero que quienes visiten la exposición descubran la fuerza de cada una de estas diosas, pero también se pregunten cómo hemos permitido que incluso una diosa sea golpeada y obligada a ocultar sus heridas.”
La exposición “Cuando Dios fue mujer”, inaugurada el pasado 14 de junio, fue realizada con la participación de la Federación Mexicana de Universitarias (FEMU), la curaduría de Sandra Carrillo y el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Permanecerá abierta al público hasta el 26 de julio de 2026 en el Museo de la Mujer, ubicado en República de Bolivia 17, colonia Centro, Ciudad de México.
Puede visitarse de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas. La entrada general tiene un costo de 20 pesos, mientras que estudiantes, docentes y personas con credencial del INAPAM pagan 10 pesos.