El hogar como principal método de enganche para la trata de personas en México: casi la mitad de víctimas son niñas, niños y adolescentes

Cualquier persona podría ser víctima de trata de personas, pero en México el 44% de sus víctimas son menores de edad. Esta cifra no es casualidad: el enganchador suele encontrarse en casa y suele tomar forma como un integrante de su propia familia. 

Un reportaje de Animal Político recopiló advertencias de organizaciones que defienden los derechos de niñas, niños y adolescentes, revelando que la explotación infantil ha tenido un acelerado aumento en México en los últimos años debido a una combinación de factores sociales. 

En este sentido, la mayoría de los casos de explotación infantil empiezan desde casa. Gabriela González García, directora encargada del Programa Nacional contra la Trata de Personas del Consejo Ciudadano, mencionó a Animal Político: “La principal forma de cooptación sigue siendo persona a persona y predomina hacia mujeres el tema del enamoramiento. Por desgracia, en niñas, niños y adolescentes predomina el enganche familiar, es decir, el propio tratante es el papá, la mamá o alguien de la familia”.

Asociaciones como ANTHUS detectaron que la pandemia de COVID-19 representó un cambio radical en la forma en la que se manifestaban las víctimas de trata, identificando hasta un 60% de víctimas menores edad que eran principalmente explotados por sus propias madres. “Esto responde también a un sistema patriarcal que nos dice: bueno, si te quedas pobre y eres un hombre, siempre podrás lavar coches, (…) y para las mujeres es como bueno, si un día no tienes para comer, la prostitución siempre es una opción, señaló la directora operativa de la asociación, Mitzi Cuadra.  

Sin embargo, el papel de las madres en estas redes de explotación infantil no se genera de forma automática, ni se trata únicamente de un acto de “maldad”. Surge como respuesta de una precarización económica extrema y un sistema patriarcal donde, ante la falta de recursos, la explotación sexual de las hijas se normaliza como una opción de supervivencia.

Esta explotación se extiende hasta el ámbito digital, en donde algunos familiares graban contenido de abuso sexual de sus hijos con el fin de venderlo en grupos privados de plataformas como Telegram, un espacio que ha facilitado la distribución de contenido sexual no consentidos en los últimos años. González García explica que este fenómeno se ha visto reflejado reportes relacionados con la producción y distribución de material de abuso sexual infantil, los cuales han experimentado un incremento del 86% en el último año.

En comunidades indígenas, las prácticas de explotación laboral persisten en campos agrícolas. Además, persiste la entrega de niñas por parte de sus padres a cambio de dinero o beneficios, pese a ser ilegal. 

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) explica, a través del Manual de orientaciones y herramientas para prevenir la trata de personas en la comunidad educativa, que este método es tan efectivo porque la trata se basa en abuso de poder. Es decir, el tratante familiar no necesita violencia física inicial para reclutar y controlar a sus víctimas. Utiliza el vínculo afectivo y el abuso de autoridad para que la víctima no tenga una alternativa real más que someterse. 

En el manual, que surge como resultado de una colaboración entre la CNDH y el Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C., explican este fenómeno de la siguiente manera: “La mayor parte de las víctimas tienen una historia anterior de abuso u otras formas de violencia y/o son literalmente engañadas utilizando situaciones de vulnerabilidad como la pobreza, bajo nivel educativo y estados de incapacidad. Uno de los factores que favorece el acercamiento del tratante es su relación de poder o confianza con la víctima. Puede tratarse de sus padres, hermanos, tíos, abuelos o personas cercanas del trabajo, el centro de estudio o el vecindario”.

Tan solo en 2025 se registraron 301 víctimas menores de 18 años, según datos de Red por los Derechos de la Infancia (REDIM), lo que equivale a un promedio de 6 casos por semana. 

Es por eso que es importante conocer e identificar señales de alerta que nos indiquen que puede haber una situación de explotación. Así como: detectar si los niños o niñas se presentan con un sentido de obligación familiar inapropiado o desmesurado, si existen signos de familiares abusivos o negligentes como lesiones o enfermedades no tratadas, o si el menor es recogido de la escuela por personas que no son sus tutores legales o está involucrado con personas significativamente mayores.

Hasta la actualidad, se estima que entre el 96% y el 99% de los casos no se denuncian, muchas veces por miedo de los menores a ser regañados o por la falta de redes de apoyo fuera de la familia explotadora.

El Programa Nacional contra la Trata de Personas del Consejo Ciudadano ofrece prevención, atención jurídica y apoyo psicológico a través de la Línea y Chat Nacional contra la Trata de Personas: 800 5533 000. De igual forma, se puede presentar una denuncia ante la FEVIMTRA (Fiscalía Especializada en Delitos de Violencia contra las Mujeres, Grupos en Situación de Vulnerabilidad y Trata de Personas) al 55 5346 2516, o bien escribir al correo electrónico [email protected] 

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