México, el paraíso de la producción y distribución de productos ultraprocesados

El Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO) destacó que México se ha consolidado como líder en producción de alimentos ultraprocesados en América Latina y el cuarto consumidor más importante a nivel global. Esta tendencia ha generado una grave crisis de salud pública, manifestada en altos índices de sobrepeso, obesidad infantil y enfermedades crónicas como la diabetes.

¿Qué es lo que más consume la población mexicana?

A través de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el LabDO reveló que más del 70% de la población consume de manera habitual productos ultraprocesados, entre los cuales destacan: 

  • Bebidas azucaradas y refrescos con altos niveles de endulzantes
  • Botanas saladas y frituras
  • Dulces, chocolates, galletas, pan dulce empaquetado o de caja
  • Sopas instantáneas y productos cárnicos saturados de grasas, sodio y conservadores

Además, la población mexicana tiene una preferencia por la comida rápida, inclinándose principalmente hacia los tacos y antojitos, seguidos por las hamburguesas y las pizzas. 

En promedio, cada persona en el país adquiere 212 kilogramos de productos ultraprocesados al año, de acuerdo con estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), mientras que el acceso a frutas, verduras y proteínas es limitado, especialmente en los sectores de menores ingresos. 

¿Por qué la gente consume más estos productos?

Esta tendencia responde a una combinación de factores sociales y económicos que han transformado los hábitos alimenticios de la población, especialmente en los sectores de menores ingresos. 

Principalmente el estilo de vida actual ha obligado a muchas personas a depender de dietas impuestas por grandes corporaciones, ya que estos productos tienen una amplia disponibilidad en tiendas o supermercados, lo que facilita su compra en cualquier momento.

Por otro lado, ofrecen una gran cantidad de energía a un precio reducido en comparación con opciones más nutritivas. Además, influye mucho el componente cultural en donde estos mismos productos son percibidos como una “recompensa”, o son vinculados con momentos de diversión y el disfrute.

No olvidemos que el ritmo acelerado en las zonas urbanas, las largas jornadas laborales, el estrés, el tráfico vehicular y las grandes distancias dificultan que las personas puedan llevar una dieta equilibrada o preparar comida en casa. Por lo que, “comer fuera” se ha convertido en un estilo de vida, impulsando la demanda de alimentos que “ahorran tiempo”.

¿Cuál es el impacto de estos hábitos de consumo?

El consumo de estos productos ultraprocesados ha tenido importantes implicaciones para la salud, manifestándose principalmente en una crisis de exceso de peso y enfermedades crónicas que afectan a todos los grupos de edad, pero con una vulnerabilidad crítica en la niñez y adolescencia. 

Según el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el 7.7% de menores de 5 años ya padece exceso de peso, lo que representa a casi 4 millones de infantes en esta etapa temprana. Además, el sobrepeso es apenas el inicio de otras condiciones que afectan a la salud, incluso de enfermedades crónicas.

El impacto se extiende hasta la población adulta, donde más de 7 de cada 10 personas tienen exceso de peso, impulsando el desarrollo de diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y cáncer, según señala el Reporte sobre las Economías Regionales Enero-Marzo 2024, del Banco de México.  

Desde hace 8 años, el gobierno mexicano inició una campaña mediante sellos de advertencia y prohibiciones de su venta en las cooperativas escolares con el objetivo de reducir su consumo,  pero nada de esto ha funcionado.  

En consecuencia, el sistema sanitario enfrenta un desafío financiero inminente debido a las complicaciones médicas derivadas de estos hábitos alimenticios.

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