INE investiga uso de acordeones en elección judicial 2025 por posible inducción al voto

A tan solo días de la primera elección judicial federal en México, la polémica por el uso de “acordeones” —listas que indican por quién votar— ha puesto en entredicho la promesa de participación libre e informada. El Instituto Nacional Electoral (INE) ha abierto procedimientos sancionadores por la distribución de estos documentos que sugieren apoyar a determinados perfiles judiciales, tanto a nivel local como nacional, revelando prácticas desde ambos frentes políticos: alcaldías panistas y sectores vinculados al oficialismo.

De acuerdo con la consejera Dania Ravel, el INE ya investiga varios casos por posible coacción del voto. Se han abierto al menos dos procedimientos especiales y tres cuadernos de deslinde por denuncias de distribución de acordeones en horarios laborales y con posible uso de recursos públicos, lo cual contraviene la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales. La Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (FISEL) ya fue notificada, mientras que el Tribunal Electoral deberá evaluar la validez de estos materiales.

En la Ciudad de México, la entrega de acordeones ha sido documentada en alcaldías como Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc y Benito Juárez, todas gobernadas por el PAN. En estos documentos se promueven candidaturas como la de Karla Yolanda Cabello Vázquez, abogada cercana a Mauricio Tabe, así como Yamil Villalba Villarreal, vinculado al Consejo de la Judicatura Federal. También figuran nombres como Víctor Manuel Rocha Mercado, colaborador del ministro González Alcántara, y Santiago Vázquez Camacho, exintegrante de la ponencia de Arturo Zaldívar.

Sin embargo, los mismos folletos también incluyen nombres afines a la Cuarta Transformación, como Celia Maya y Bernardo Bátiz, así como a Eva Verónica de Gyves, quien declaró en entrevista con El Polemón: “Soy amlista de corazón y si me dicen chaira, pues soy chaira también”.

El Gobierno de la CDMX, encabezado por Clara Brugada, aseguró no estar involucrado en la elaboración o difusión de los acordeones. Aun así, el INE abrió una investigación tras una denuncia sobre la entrega de estos materiales por servidores públicos en Álvaro Obregón, alcaldía gobernada por un funcionario cercano a Marcelo Ebrard. En uno de los acordeones distribuidos se propone votar por Jorge Carlos Ortiz Reséndiz, integrante de la Secretaría del Medio Ambiente capitalina, y por Santiago Vázquez, también excolaborador de Zaldívar.

Ante la controversia, la presidenta Claudia Sheinbaum llamó a garantizar el voto “libre, secreto y directo”. Desde su conferencia matutina, instó al INE y al TEPJF a intervenir, pero también señaló que las listas no son exclusivas del oficialismo: “También hay listas de la derecha. Quién sabe quién está haciendo eso”.

El INE, por su parte, emitió una medida cautelar para bajar el portal vota.sireson.com, el cual generaba acordeones personalizados. La Comisión de Quejas concluyó que la plataforma podía representar propaganda encubierta. En estas listas digitales también se recomendaba votar por perfiles claramente alineados con el gobierno, como Lenia Batres, Loretta Ortiz, María Estela Ríos y Yasmín Esquivel.

Expertos electorales como Arturo Espinosa Silis y Benito Nacif han coincidido: portar un acordeón personal no es ilegal; lo que constituye delito es la coacción del voto, la oferta de dádivas o el uso de recursos públicos para favorecer a determinadas candidaturas. La Ley General en Materia de Delitos Electorales establece sanciones claras para estas prácticas, así como para el acarreo o condicionamiento del voto.

A pesar de la investigación en curso, figuras como Gerardo Fernández Noroña consideran que el uso de anotaciones es legítimo, siempre que no haya presión externa. El senador incluso comparó el uso de acordeones con “copiar en un examen”: la responsabilidad recae en el votante.

La elección judicial fue presentada como un hito de democratización del Poder Judicial. Sin embargo, las listas que circulan —ya sea desde gobiernos locales, actores políticos o simpatizantes— revelan una tensión entre el ideal de participación ciudadana y la realidad de una campaña informal paralela. Mientras los votantes se preparan para enfrentar boletas complejas y poco conocidas, la confianza en el proceso depende de un principio básico: que nadie les diga por quién votar.

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