¿Quién las defiende?

Por Emmanuel Medina // TW: @emmanuelmedina


Una protesta feminista es acallada a disparos en Cancún días atrás.

La reportera Cecilia Solís recibió un balazo en la pierna, según se reportó.


Otras tantas chicas fueron perseguidas a toletazos.

Los gritos de “¡justicia!, ¡justicia!” no serían suficientes.

Una treintena de manifestantes huyeron por miedo a que la fuerza que, en un mundo ideal, los tiene que proteger los termine agrediendo -mortalmente: por supuesto-, mientras las primeras reacciones de las autoridades era voltear, a todos lados, preguntándose, con cínica indiferencia, “¿quién había dado la orden?”, “yo no, ¡faltaba más!”, “abriremos una carpeta de investigaci…bla, bla, bla, bla”.

¿Quién las defiende en este país sin justicia, que solapa lobos que buscan y encuentran mujeres para violentarlas hasta extremos de espanto?

Nadie tiene una respuesta, ni lejanamente cercana a una solución.

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Pero esto ya existía en muchos libros, en muchas narraciones, venidas de todas las lenguas, desde hace años.

Quizás no supimos leerlos: historias descorazonadoras donde el ser mujer es símbolo de castigo, persecución y la ansiada búsqueda de emancipación contra sociedades o grupos que son indiferentes o negligentes a su condición.

Ahí está, por ejemplo, la conmovedora historia de Miss Celie, sobajada por ser mujer y negra, golpeada y humillada por un marido violento y una familia política indiferente en una sociedad norteamericana de los años 30, en “El Color Púrpura”, una obra de Alice Walker y editada por Plaza & Janes, merecedora del Premio Pulitzer en 1983 que trazaba un descarnado retrato que no está lejos de las protestas raciales de apenas meses atrás, en la Unión Americana.

La escritora española, Almudena Grandes, voz imponente de la narrativa iberoamericana, exponía la violencia y el abuso que cometen los hombres por conseguir, a cualquier precio, el sometimiento y rendición de mujeres que, enamoradas por palabras vacuas, pierden ilusión y fortuna, quedando vacías y solas, como la tía Paloma: ser trágico que es la gota que lleva a la ruina a toda su familia, por creer en un misógino burlador, Julio Carrión, en “El Corazón Helado”, una obra conmovedora que, editada en Tusquets Editorial, presenta un retrato ambientado en la Guerra Civil española y con consecuencias desoladoras en el presente.

Es pertinente recordar que Almudena es heredera de las narraciones del escritor Benito Pérez-Galdós, que está eaño cumplía un centenario de su muerte, y que retrató, a finales del siglo 19, las costumbres y vicios de una España sumida en la miseria y los conflictos de clase: en su novela “Tristana”, editada en Alianza Editorial, su protagonista es sumida en el desencanto y el maltrato, por hombres que la rodean y que consideran que “su condición” debe ser, siempre, a la sombra y servicio de los caballeros.

Los hombres atacan en manada: una mujer y su hija sufren un violento ataque sexual, ante la impotencia de un profesor de matemáticas, padre honorable, que no puede hace nada frente a un trío de borrachos y salvajes machos, que los entrampan en una carretera solitaria de Estados Unidos. Novela dentro de otra novela, la protagonista real de “Tres Noches” es Susan, un ama de casa aburrida que, leyendo un libro sin terminar, teme que ese ataque sea un mensaje contra ella, en la narración que compone el libro de Austin Wright, editado por Salamandra, y que fue llevada al cine con el nombre de “Animales Nocturnos”, en 2016, bajo la dirección de Tom Ford.

La protesta feminista, como forma final de inmolación y grito macabro, lo retrata, con maestría, la escritora argentina Mariana Enríquez en su libro de cuentos “Las Cosas que Perdimos en el Fuego”, donde el relato que da nombre a esta publicación de la editorial Anagrama, publicada cuatro años atrás, parecía profundamente premonitoria y desoladora. Casi como si la creadora argentina hubiera espiado en una bola de cristal y previniera las violentas consecuencias que el género femenino puede llevarse por protestar en el México del año de la pandemia.

Lecturas que, enmascaradas en la narrativa y lejos de ensayos o estudios de género que descalifican quienes se atreven a escribir “feminazis” en redes sociales a la menor provocación, son ejemplos de lecturas que hay que esgrimir, también, como armas contra esta guerra silenciosa y absurda por dejar ser a quien ya es.

Mujer.

Ni más. Ni menos.

 


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