Encuentran muerto al fundador de La Familia Michoacana. ¿ Ayudará esto a la disminución de la violencia?


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Desde el inicio de la “Guerra contra las Drogas” en México, el expresidente Felipe Calderón buscó combatir al crimen organizado de forma frontal y directa. Esto incluía entre otras cosas el ataque directo a las bandas de narcotraficantes a través de las fuerzas armadas y de seguridad del país. El principal objetivo de esta táctica era la de abatir o capturar a los jefes o “capos” de las bandas criminales para limitar o disminuir su fuerza o simplemente desaparecerlas. Sin embargo, esta estrategia de descabezar a las bandas del crimen organizado no ha reducido la violencia sino  ha generado mayor inseguridad en el país.

El día de hoy fue encontrado asesinado Carlos Rosales Mendoza alias el “Tísico”, fundador de la banda criminal “La Familia Michoacana”. Los cuerpos del Tisico con el de otras 3 personas fueron descubiertos cerca de la caseta de cuota de Santa Casilda sobre la autopista Siglo XXI en el estado de Michoacán. Todas las personas presentaban huellas de tortura e impactos de bala.  Carlos Rosales era considerado por la DEA (Drug Enforcement Agency) cómo el capo más peligroso e importante del estado de Michoacán e inclusive llegó a ser el jefe de Servando Gómez Martínez alias “La Tuta”.

Con la muerte del Tisico, el crimen organizado pierde otro de sus líderes durante la Guerra contra las Drogas. Sin embargo, desde 2008 la muerte de grandes capos ha sido una constante más que una excepción. Desde 2008 a 2014 se han capturado o abatido a 12 de los líderes de las bandas criminales más poderosas de México. Desde la aprehensión de Alfredo Beltrán Leyva en 2008 o de Eduardo Costilla en 2012, hasta al abatimiento de Arturo Beltrán Leyva en 2009, Heriberto Lazcano en 2012 o la actual muerte del Tisico, el gobierno mexicano ha logrado capturar a los líderes del narcotráfico más importantes del país. Si bien personajes importantes como el Chapo Guzmán o el Mayo Zambada siguen libres, la política de encontrar y capturar o abatir a los grandes capos podría decirse que ha sido relativamente eficiente. Sin embargo, si bien el objetivo de terminar con los liderazgos del crimen organizado se ha logrado, la meta final de disminuir la delincuencia y la inseguridad no se ha logrado.


La tasa de homicidios en México aumentó considerablemente desde el inicio de la “Guerra contra las Drogas”. Mientras  el país tuvo una tasa de homicidios por 100 mil habitantes de 8 a inicios de 2006, en 2011 alcanzamos una tasa de 21 hasta llegar en 2014 a 16. Si bien el número de homicidios disminuyó considerablemente entre 2011 y 2014, en el presente año hubo un aumento de asesinatos en todo el país. De acuerdo con el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) durante los primeros 9 meses del 2015 hubo 14 mil homicidios, lo que representa el primer aumento en el número de asesinatos en el país desde hace 4 años. Es decir, desde 2011 la tasa había experimentado una reducción constante hasta 2014. Además, en este presente año los secuestros repuntaron en un 20% con respecto al año anterior. Este aumento de la violencia en el país a pesar de la captura o muerte de los capos más importantes del país demuestra el fracaso de la política del combate directo hacia las bandas del crimen organizado.

La muerte del Tisico podría generar cambios importantes dentro de las estructuras criminales de ciertas bandas del narcotráfico generando nuevos grupos criminales. Sin embargo, la ausencia de un líder importante del narco no traerá modificaciones relevantes en el escenario de la violencia en el país. Por más que se capturen o asesinen a los líderes del narcotráfico, siempre habrá quien los sustituya siempre y cuando el mercado ilegal de las drogas siga generando las ganancias millonarias que año con año genera.


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