¿Cuál es la situación del campo mexicano?


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El campo mexicano ha sido una de las áreas productivas más abandonadas del país. A pesar que durante buena parte del siglo XX el campo fue el principal pilar de la economía mexicana, hoy en día la producción agrícola ha perdido relevancia en México. No obstante que las economías modernas buscan una mayor diversificación de sus productos y enfatizan su producción en productos tecnológicos con alto valor agregado, países como Estados Unidos o Australia aún continúan dándole gran importancia a la producción de alimentos por su alto valor social y económico. Desafortunadamente, en México el abandono al campo ha sido una constante, generando problemas como la pérdida de la soberanía alimentaria, el aumento de la pobreza en zonas rurales, la migración de millones de mexicanos de sus lugares de orígen y el estancamiento de la economía nacional.

Durante gran parte del siglo XX, el país contaba con autosuficiencia alimentaria. Es decir, la mayoría de los productos consumidos en México eran producidos dentro del país y no fuera. Sin embargo, conforme se fue dando la crisis del Estado benefactor  durante la década de los setenta y con la entrada de las políticas de libre mercado en el país, el campo mexicano fue perdiendo fuerza y con ello se perdió también la soberanía alimentaria. Desde e la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio en 1994, la dependencia de alimentos al exterior ha aumentado un 33% al pasar del 10% al 43% en poco más de 20 años.  El porcentaje de importancias de diversos alimentos ha ido incrementando en el tiempo. Por ejemplo, las importaciones de maíz pasaron del 17 al 33 por ciento, en trigo se pasó del 34 al 65  y del 60 al 85 en arroz de acuerdo con el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados.

En términos monetarios, México pasó de importar alrededor de mil 800 millones de dólares en alimentos en 1994, a más de 21 mil 407 millones en 2003, generando una balanza de pagos deficitaria en este sector de 3 mil 374 millones de dólares. A pesar de que el 77% de las importaciones alimentarias provienen de los países miembros del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), países como Nueva Zelanda y Chile han aumentado sus ventas de alimentos en México en un 43% y 18.3% respectivamente, de acuerdos con datos de SAGARPA (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación).


Estos altos niveles de  dependencia alimentaria han tenido repercusiones negativas en el acceso a la alimentación de los mexicanos. De acuerdo con el Índice Global de Seguridad Alimentaria publicado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), México ocupa el lugar número 30 de 105 países evaluados y cuenta con una infraestructura agrícola débil. Sobre la baja infraestructura agrícola en el país, esta muestra una paradoja debido a que si bien durante los últimos años se ha incrementado la inversión pública y privada en el campo, esta se ha concentra en muy pocas empresas, afectando de este modo la productividad del país. Esta desviación de recursos para beneficio de unos cuantos explica la baja producción agrícola mexicana. Por ejemplo, mientras que nosotros producimos alrededor de 3.3 toneladas de maíz y 5.5 toneladas de trigo por hectárea, países como Alemania, Inglaterra y Francia superan las 7.9 toneladas.

El abandono del campo mexicano ha tenido también repercusiones en la calidad de vida de las personas viviendo en zonas rurales. De acuerdo con datos del CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), existen más de 16 millones de pobres viviendo en el campo mexicano en donde la gente vive con no más de mil 490 pesos al mes por persona. Esta situación de pobreza genera que millones de personas tenga que migrar de sus lugares de origen para buscar mejores condiciones de vida . De acuerdo con datos de la SEDESOL (Secretaria de Desarrollo Social), de más de 9 millones de personas que conforman la mano de obra campesina, el 40% deben migrar a otras regiones ya sea dentro o fuera del territorio nacional, para encontrar mejores oportunidades laborales.  Dentro de este sector de la población, es común que ante la falta de recursos, todos los integrantes de la familia trabajen juntos en el campo. Sin embargo, esto significa también que los niños tengan que trabajar a la par de sus padres. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo,  en 2010 había más de 700 mil niños entre 13 y 14 años que trabajaban más de 8 horas diarias en muy malas condiciones de trabajo.

Desde hace ya muchos años, el campo mexicano ha dejado de ser el pilar del desarrollo y progreso de los mexicanos. La idea de que la economía debe trasladarse a producir productos y servicios con mayor valor agregado junto con el fortalecimiento de las políticas de libre mercado, han causado un abandono del sector agrícola del país. Estas decisiones han generado pobreza y dependencia alimentaria, poniendo en riesgo la misma gobernabilidad del país. Es necesario que la política agrícola se replanté en México para darle un nuevo sentido y rumbo al campo mexicano. Gran parte de las potencias mundiales en lugar de abandonar la producción de alimentos la han fortalecido, como son los casos de Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, Australia, etc. No importa que tan relevante sean las nuevas tecnologías o que tan grande sea la demanda del sector terciario en la economía mundial, si no se cuenta con una economía básica sólida, el progreso y desarrollo de nuestro país no podrá llevarse a cabo.

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Este artículo originalmente refería una fotografía de Marco Antonio Cruz

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Fotografía destacada:

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Crédito: https://www.flickr.com/photos/cimmyt/10160656175/ (Vía Creative Commons)


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