En primera persona de Cecilia Eudave, un descubrimiento inquietante

Los cuentos de Cecilia Eudave cruzan el umbral entre dos mundos con el azoro de quien vuelve de un episodio de sonambulismo, o de quien va hacia ese trance sin poder detenerse.

Fue buena suerte que llegara a mis manos En primera persona (Amargord Ediciones, 2013), un libro de relatos de la narradora y ensayista mexicana Cecilia Eudave. Culpo a la buena fortuna —y no a las actividades editoriales— de esta casualidad. Si no hubiera llegado a mí el libro a través del ofrecimiento de un amigo, jamás habría conocido la inquietante narrativa de esta escritora. Una narrativa que perturba y fascina.

¿Por qué negué toda posibilidad de encontrar En primera persona en otras circunstancias? Uno no puede adivinar esas circunstancias, ciertamente. La vida es tan extraña e impredecible. Sin embargo, pienso en una circunstancia hipotética: de haber visto el libro en los estantes de una librería no lo hubiera comprado, es más, ni lo hubiera hojeado. ¿Por qué digo esto? Porque el título y la imagen de la portada —un anodino cepillo de dientes— no evidencian, siquiera en lo más mínimo, la fuerza literaria de los cuentos que habitan en esas páginas. Se trata de un desacierto editorial que nada tiene que ver con la calidad de la narrativa de Cecilia Eudave.

Estoy totalmente de acuerdo con Carmen Alemany Bay cuando asegura, en el prólogo que realizó para En primera persona, que la narrativa actual en español está atestada de muchas propuestas poco propositivas —sin vivacidad, sin atrevimiento, sin valentía de acometer lo inesperado—, de tal manera, entre la oferta literaria hay muy pocas propuestas con la energía que manifiesta la prosa de Cecilia Eudave. Una narrativa que atrapa al lector por la destreza con que la autora deambula entre dos mundos. De lo real a lo fantástico, cruzamos ese umbral con el azoro de quien vuelve de un episodio de sonambulismo, o de quien va hacia ese trance sin poder detenerse.


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Es que Cecilia Eudave es una narradora bastante sólida, con mucha experiencia en el oficio de crear mundos a través de las palabras. Su obra literaria está integrada por alrededor de quince títulos, no sólo de cuentos, sino también novelas y libros de ensayos. Algunos de ellos han recibido premios y otros se han traducido a distintos idiomas. Dentro de esta bibliografía hay obras que, por supuesto, servirán como una puerta para adentrarse en el universo eudaviano. Podría asegurar que En primera persona es uno de esos libros. Porque está compuesto por nueve relatos que al agruparse constituyen una breve antología hecha con el material más destacado de la autora mexicana.

Los cuentos que aparecen en este libro han sido escritos desde la primera persona (naturalmente de aquí salió la idea del título). Uno conoce la historia en boca de sus propios protagonistas, quienes parecen evidenciar una necesidad enfermiza por narrar los sucesos que los involucran. No es para menos, pues cada voz narrativa asume la condición de un testigo que no puede escapar de sus recuerdos. Pues éstos son, en algunos casos, siniestros. De tal manera, el desconcierto del personaje narrador será contagiado al lector, quien no tiene otra opción que involucrarse en una historia donde lo más perverso de la condición humana sale a relucir. Me resulta estremecedor el hecho de que algunos de estos personajes se dejen arrastrar con pasmosa resignación ante las circunstancias de su mundo perturbado.

De los nueve relatos, hay uno que jamás podré olvidar. Se titula “Sin reclamo”. Se trata de un hombre que viaja en tren. La historia es simple, pero bastante siniestra. Este hombre no puede mover ni un solo músculo de su cuerpo. Permanece inmóvil desde su asiento en el aeropuerto narrándonos todo lo que pasa por su cabeza. Pronto, nos damos cuenta que se trata de un ser detestable. Un hombre mezquino que odia a todos y a todo. Principalmente, odia viajar. Atrapado dentro de su cuerpo inmóvil, trascurren horas y horas hasta que nos damos cuentos que la parálisis es un asunto bastante grave. El día ha trascurrido y las encargadas de la limpieza encuentran al hombre inmóvil. Sin embargo, las señoras no muestran ninguna sorpresa, porque no es la primera vez que… Como no quiero arruinarles el final, termino aquí. Les dejo la invitación para que descubren la narrativa de Cecilia Eudave, una escritora inquietante.

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