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Los olvidados del terremoto #19s

Texto y fotos: Annick Donkers

El terremoto del 19 de septiembre 2017 fue mi primer “gran” terremoto en la Ciudad de México. Aunque ya me había acostumbrada a los movimientos de la tierra y al sonido de la alarma sísmica en los momentos menos esperados durante el día y la noche, esta vez fue diferente. Ese día cambió algo dentro de la mente de la gente. Este sismo fue devastador, dejó en shock a los ciudadanos y hizo repensar lo frágil que la gente era ante el poder masivo de la naturaleza. Desafortunadamente también mostró el nivel de corrupción en este país, que dejó a la gente sin la ayuda necesaria y en condiciones miserables, sin perspectiva de un futuro mejor.

Por eso fui en búsqueda de las historias  de quienes se sentían olvidados después de meses de miseria.

PARTE 1

LA UNIÓN POPULAR NUEVO TENOCHTITLAN – SANTA CRUZ ACALPIXCA (XOCHIMILCO)

Después del sismo de 1985 se empezaron a crear toda una serie de organizaciones para ayudar a los damnificados. Una de estas organizaciones es la Unión Popular Nuevo Tenochtitlan. Esta unión consiste en gente damnificada que viene de diferentes barrios en la CDMX. Todas estas personas se unieron, lucharon juntas y fueron en búsqueda de un terreno para comenzar una nueva y mejor vida.

Con la ayuda de la Cruz Roja se compró un terreno en una zona al sur de la ciudad en el pueblo de Santa Cruz Acalpixca. Era un lugar de Chinampas y les costó en principio mucho esfuerzo para integrarse dentro de la población de Xochimilco, que es una población endogámica.

Foto: Annick Donkers

Después de la compra del terreno empezaron con la construcción de las casas, que están organizadas en módulos de 4 departamentos. Los habitantes eran capaces de pagar estas casas por medio de créditos. Después del sismo unas veinte viviendas se dañaron. Los damnificados del 85, ahora adultos mayores, se encontraban damnificados otra vez y algunos tuvieron que endeudarse para poder pagar las reparaciones de las casas y poder seguir viviendo en ellas.

Las Chinampas cerca de Santa Cruz Acapixtla en Xochimilco / Foto: Annick Donkers

Fotos: Annick Donkers / Casas de la Unión Popular Nuevo Tenochtitlan, organizadas en módulos de 4 departamentos. Todos los departamentos están conectados, si modificas un modulo, se modifica todo. La gente afectada por el sismo del 85 empezó a construir sus casas en este terreno. Ya tienen una vida aquí después de 30 anos y están a 2-3 generaciones.


Jesús Tello, profesor de historia de la ENAH / coordinador y habitante de la Unión Popular Nuevo Tenochtitlán:

Después del terremoto del 85, todos fuimos a ayudar y solidarizarnos con la gente. La destrucción era impresionante: parecía que a la CDMX la habían bombardeado. En la zona en donde vivía había muchas textileras que trabajaban turnos completos en edificios que no se podría utilizar como manufacturas, pero si lo hicieron y obvio todo se vino abajo. Nos organizamos en brigadas y fuimos a diferentes lugares. El ultimo nos tocó en la zona de Tepito, en vecindades, donde el olor de los restos era tan penetrante, que ya no podíamos trabajar.

A raíz de eso surgió la necesidad de todos organizarnos. Después del sismo se empezaron a crear toda una serie de organizaciones de damnificados. Nosotros participamos en una organización que se llama Unión Popular Nuevo Tenochtitlán. De aquí se lanzaron a la compra de terreno y buscar donde poder vivir.

La gran diferencia entre 85 y ahora es que esta vez en 2017 el sismo afectó a las zonas rurales y eso no había sucedido antes. La ayuda que la gente esperaba nunca llego. Los damnificados recibieron poco dinero y el resto del dinero no se sabe dónde está. Les ofrecieron tarjetas, pero la distribución fue de manera aleatoria; a mucha gente que no lo necesitaba se lo dieron, a otros no. Así que esas últimas personas tenían que endeudarse para poder arreglar sus casas dañadas. Eso creó mucho malestar en la población. Pienso que fue una medida para dividir a la gente. Pero la gente se organizó y pudo salir adelante. Nosotros tuvimos que averiguar a quién se habían dado el dinero, para poder utilizarlo en el módulo. Y la mayoría tenía que ser justificado con gastos del recurso. Y eso causó un problema muy serio. Porque se empezaron a pelear. Pero pienso que en general esos problemas se dan porque tenemos un gobierno tan corrupto.

Los que vivieron en los campamentos acá en la cancha y todavía viven son puros adultos mayores, no hay atención médica, dan programas generales, pero no existe una forma de organización permanente: necesitamos un sitio para ver toda la prevención, para hacer cursos, para capacitar a la gente, porque ya fueron dos sismos.

Fotos: Annick Donkers / Fotos del campamento, la lona fue donado. Todavía hay algunas personas que duermen en el campamento.

Esta familia no ha recibido ninguna ayuda y no ha sido capaz de reparar por su propia cuenta. La gente vive actualmente aquí.

Los habitantes damnificados del Nuevo Tenochtitlán:

Eugenia Ponce Chávez

Las dos recamaras fueron las que se lastimaron y se inclinaron. El arquitecto que vino dijo que las casas no eran habitables y que teníamos que dormir en el campamento. Era verdad: uno caminaba y se sentía que se movía.

Nos registramos con FONDEN pero la ayuda de ellos vino mucho tiempo después. A unos les dieron 2 tarjetas; uno para material y otro para mano de obra, pero a mí nomás me dieron 15.000 pesos. Mi hermano me compartió su material.

Estuvimos 8 meses en el campamento, fuimos y regresamos: nos tocaron unos aguaceros y estuvimos en puros plásticos. ¡Qué bueno que ya estamos en mejor situación! Mi hija apenas regresó ayer del campamento.

Fotos: Annick Donkers / Eugenia me muestra las fracturas en su casa.

Adriana Vázquez Soto

Ya fuimos afectadas por el sismo de 85 y no sé si fue por el miedo que teníamos que sentimos que duró mucho tiempo. Son dos vivencias que hemos tenido que nos han afectado demasiado. Nuestra casa no se cayó, pero quedó muy afectada: tuvieron que tirar paredes y nada más se quedó el cascaron. No hemos recibido la ayuda que esperábamos: tuvimos que hacer el esfuerzo y mandar reparar con nuestros recursos, aunque uno queda endeudado, pero aquí estamos.

Queremos retomar nuestra vida, pero a veces es un poco difícil porque nos embarga el sentimiento o la nostalgia. Nos duele esto que nos sucedió y tenemos mucho miedo. En esta casa tenemos muchas historias. Ahora tenemos una vivienda digna, que no lo teníamos antes. Y nos sucede esto, justo cuando acabamos de terminar de pagar. Terminamos, descansamos como dos años y nos vuelve a suceder esto.

Nos ayudaron mis hermanos que viven en el perímetro de Azcapotzalco y tuvimos que desplazarnos todos los días, dejar a mi hija a la universidad e ir a la casa para estar al pendiente porque ahí teníamos nuestras pertenecías. Fue algo muy difícil y muy desgastante porque era un trayecto muy largo.

Fotos: Annick Donkers / Adriana en la casa que ya está arreglado, pero en el momento del sismo los muebles vinieron abajo, en la sala, donde estaba la computadora, el refrigerador y algunos trastes de la cocina.  

Irma Espinosa Morón

El 85 y lo que ahora paso son experiencias muy desagradables. Ojalá ya no haya tercero porque creemos que ya fue suficiente. Ahora mis hijos ya están grandes, cada quien, con su familia. Pero volver a sentir el movimiento ese día…también se removieron cosas que quizás estaban en el recuerdo, que ya se enterraron, cosas que ya no se piensan. Xochimilco estaba olvidado. Dijeron que solamente había dos muertos, pero es pura mentira; San Gregorio está medio destruido, Santa Cruz está destruido, el centro de Xochimilco igual. Y todavía dice el señor delegado: “No pasa nada”.

No ha llegado nada de donaciones y en las noticias escuchamos “el artista fulanito donó tanto” y nos decimos, si está entrando dinero, por qué no nos ayudan. Eso es lo que más nos está lastimando. Han venido para decir “los vamos a ayudar” pero hasta ahorita siguen siendo palabras. Pero creo que nuestra fe es tan grande, que, si ya aprendimos de un 85, también estamos aprendiendo de un 2017.

Fotos: Annick Donkers / Irma en su casa, con los arcángeles que la protegen.

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

Irma en el campamento

María Guadalupe Ayala

El edificio en que vivíamos antes del 85 todavía existe, no hubo ni un rasguño, pero alrededor todas las casas se cayeron. Estuvimos en la Obrera. Entonces tuvimos que buscar otro lugar. Así empezamos en las marchas y con esta organización el Nuevo Tenochtitlan. Fue mucho trabajo para poder comprar el terreno y fue con la ayuda de la Cruz Roja y otras organizaciones. Fue mucha lucha. Yo entonces tenía 30 años: hicimos marchas de reforma al Zócalo, manifestaciones a grita y grita. Ya con el tiempo conseguimos el terreno.

Foto: Annick Donkers / María Guadalupe durmió junto con su hijo en esta casa de campana instalada en su jardín.

Fotos: Annick Donkers / El hijo de María Guadalupe tiene también un departamento dentro del modulo. Su depa se quedó también afectado.

Guadalupe Sevilla Ramírez

Mi esposo murió en el 85 -ya estaba enfermo- y me quedé sola con mis 3 hijos chiquitos: tengo 32 años sola. Fui a trabajar por la necesidad, mis hijos se criaron solos, porque yo tenía que trabajar. Desde que estaba enfermo, mi esposo y yo rentábamos un cuartito. Cuando falleció mi esposo me pidieron la casa, entonces me fui a rentar, pero no me alcanzaba. Me metí a la organización, anduvimos cinco años en la organización, y ahora hace ocho años que acabo de pagar la casa. Me dieron los 15000 pesos de FONDEN pero tuve que endeudarme. Dicen que hay créditos, pero es como volver a pagar la casa. Yo soy pensionada, me dan 3500 mensual, ahora me van a descontar 60% del sueldo por el préstamo que tomé. A medio comer vamos a estar.

Foto: Annick Donkers / Guadalupe en su casa que están arreglando. Para poder vivir otra vez en su casa, tenia que endeudarse

Foto: Annick Donkers / Guadalupe todavía duerme en su casa de campana en el campamento porque todavía están arreglando su casa. Porque tiene problemas de rodilla pues no es muy cómodo dormir en el piso.

Teresa Arenas

Mi casa está cuarteada del techo y también lo están las recamaras. No hemos arreglado porque lo poquito que nos dieron no nos alcanza. FONDEN me dio 15.000 pesos, pero tengo que arreglar techos, las 2 recamaras, el baño, un muro de la cocina y no alcanza porque pienso que necesito unos 50-60.000 pesos. Hay que reforzar desde abajo, porque si nada más remendamos la grieta, eso no nos va servir.

Yo dormí en la cancha y a veces todavía duermo allá, pero cuando llueve no puedo, porque mi colchón está en el suelo y nos acabamos de inundar. Duermo con la incertidumbre que vuelva a temblar.

Supuestamente estamos esperando el dinero que donaron para los que salimos afectados. Pero no ha llegado.

Foto: Annick Donkers / Teresa Arenas en su casa. Es del Estado de Hidalgo y después de vivir en Tepepan llego a Santa Cruz. Su casa se daño durante el sismo de 2017.

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