La ciencia como puente entre culturas de todo el mundo

The Science Bridge  es una iniciativa global que promueve la colaboración científica entre culturas y naciones para facilitar la innovación, la invención y el descubrimiento. El proyecto, que se centra en unir las comunidades de neurociencia de Occidente y Medio Oriente, ha sido idea del investigador Mazahir Hasan, del Achucarro Basque Center for Neuroscience. Hasta ahora, ha recibido el respaldo de más de 200 científicos de todo el mundo, incluidos 29 premios Nobel.

Además de impulsor de la iniciativa, Hasan es el autor principal de un artículo, publicado en la revista Neuron, en el que 122 científicos de 82 instituciones de investigación en 22 países (entre ellos, España) apoyan la ciencia como una plataforma para hermanar culturas por encima de los conflictos políticos.

Según Hasan, “las personas que trabajan en ciencia, como buscadoras de conocimiento, son embajadoras de la humanidad y en sus manos está la posibilidad de aprovechar de forma creativa el poder de las diferentes culturas y la colaboración internacional, esforzándose así en erradicar las enfermedades”.

Investigación sobre el cerebro

Por su parte Olga Peñagarikano, investigadora de la Universidad del País Vasco y otra de las promotoras, indica que actualmente están participando en eventos para dar a conocer el proyecto y promover la colaboración en ciencias de la vida, con un énfasis especial en la investigación sobre el cerebro.

“En un primer momento –señala– pretendemos conseguir fondos para programas de intercambio y cooperación. Luego se crearán ‘institutos gemelos’, uno ubicado en un país occidental y el otro en un país de Oriente Medio o surasiático. De esta manera, ambos institutos podrán beneficiarse mutuamente realizando una investigación complementaria, de manera que promueva un diálogo abierto y el intercambio de ideas”.

El documento ofrece una visión general del intercambio intercultural que se produjo durante la Edad Media, la ‘Edad de Oro’ de las culturas árabes y persas. Fue un modelo histórico de tolerancia e intercambio libre de ideas que, en la actualidad, puede servir de referencia para unir culturas de Occidente, Oriente Medio y el sur de Asia a través de la ciencia. “La ciencia podría facilitar la construcción de la paz y la reconciliación. Y la neurociencia es especialmente adecuada para promover la comunicación abierta y colaborativa y el fomento de la diversidad”, como se dice en el artículo.

Sólo la Ciencia Crítica puede constituirse como dicho puente. 

Si bien la iniciativa luce alentadora y sus argumentos son convincentes, no podemos olvidar que el relato cientificista de occidente ha sido una palanca de impulso ante el orden global capitalista. Muchos han nombrado a esta imposición un epistemicidio, justo porque la mayor parte de la comunidad científica no ha sabido reconocer que la ciencia es tan sólo otra forma de explorar el mundo y obtener conocimiento. Una forma extraordinariamente eficiente a la hora de comprender los fenómenos físicos del Universo, pero que encuentra sus límites cuando se trata de responder preguntas trascendentales.

Abrazar esta propuesta implica ser críticos con ese relato histórico de la ciencia, justo rescatándola de las estructuras de poder que la han cooptado para mantener su hegemonía. De hecho, una señal contraria a su convicción por unificar es la de publicar en una revista que mantiene su contenido cerrado al público (si usted intenta leer el texto original no podrá hacerlo a menos que pague por él… ¿Qué mensaje representa esto para los pueblos, que son quienes hacen las culturas que buscan integrar?).

La propuesta del Dr. Hasan sólo podría ser efectiva si la exploración científica se ejerce con valores comunitarios (horizontalidad, humildad, sustentabilidad, desarrollo tecnológico basado en el reciclaje, etc.), contrarios a los valores que impulsan la mayor parte de las investigaciones en nuestra época (competencia, acumulación, prestigio, progreso tecnológico basado en el ecocidio).

Sólo una ciencia de esas características podría servir de puente entre culturas de mirada distinta, ya que el método científico se aplicaría exclusivamente para resolver problemas de orden comunitario. El amplio rechazo al progreso científico se debe a que la tecnología sólo ha servido a unos pocos a costa de los recursos de muchos. Un auténtico puente científico debería ser construido no por premios nobel, sino por científicas y científicos que acepten su papel en el actual desastre global y que encuentren la forma de ejercer su profesión de formas tales que la ciencia no esté encerrada en los grandes centros de investigación, sino que sea un relato vivo en las calles donde se viven esas “culturas otras” que buscan dialogar.


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