Picasso y Rivera juntos en una magna exposición

Dos de los creadores más influyentes del siglo XX entablarán un interesante diálogo artístico en la más reciente exposición del Museo del Palacio de Bellas Artes. La exhibición lleva por titulo Picasso y Rivera: Conversaciones a través del tiempo, y podrá disfrutarse a partir de este 9 de junio y hasta el 10 de septiembre.

Pablo Picasso y Diego Rivera son dos de las figuras más representativas del arte en iberoamericana, ambos pintores mantuvieron en vida un diálogo que  se desarrolló en diferentes ámbitos: académico, personal y artístico, durante el periodo de 1900 a 1940. Esta confluencia vital se pretende evidenciar en la muestra que está integrada por más de 140 piezas provenientes de diferentes galerías del mundo.

Con el objetivo de presentar un trabajo comparativo histórico y visual, las diversas etapas de estos grandes artistas se vislumbran a través de un recorrido en donde conocemos su encuentro en París, su influencia mutua y la importancia del cubismo en ambas obras.  Como su nombre lo indica, la muestra es una conversación a través del tiempo, entre la modernidad y la antigüedad, y de la amistad entre dos pintores y dos instituciones.

Esta exhibición es fruto de la colaboración dos importantes museos  Los Angeles County Museum of Art y el Museo del Palacio de Bellas Artes, que conjuntaron la obra de estos artistas que se encontraba en 19 colecciones internacionales y 27 de colecciones nacionales, incluido el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La exhibición está dividida en cuatro secciones, a través de las cuales se puede apreciar un paralelismo entre Picasso y Rivera, presentando las diferentes etapas de cada uno de estos artistas, desde sus años como estudiantes, la etapa cubista y la vuelta al clasicismo.

El primer núcleo, titulado Las academias, muestra la formación artística de ambos creadores, la cual tuvo como fundamento la estética del arte griego y romano.

Se pueden apreciar las divergencias de sus contextos sociales y su manera personal de transformar lo aprendido en la Academia, que los llevó a destacar como niños talentosos.

Mientras en la etapa infantil de Rivera evidencia un contexto rural, influido por sus grandes maestros paisajistas; Picasso retrata escenas citadinas en las que manifiesta su posición política anarquista al elegir sujetos de las clases sociales menos afortunadas, hecho que lo perfila como un pintor modernista.

En la sección Los años cubistas, el visitante encontrará una serie de obras que muestran los encuentros artísticos entre los destacados pintores, así como sus acuerdos y desacuerdos cuando ambos vivían en París como extranjeros no combatientes durante la Primera Guerra Mundial.

En esos años, los artistas exploraron el cubismo, que cuestiona la noción de la representación naturalista instituida por la Academia, y expande las posibilidades al proponer que los objetos pueden ser representados desde múltiples puntos de vista simultáneamente. Mientras Rivera estudió y transformó las propuestas formales y teóricas de Picasso; el pintor español expandió su propio entendimiento al conocer la original forma en la que Rivera ejercía su oficio.

El núcleo temático América y Europa en contraste refleja el momento en el que los artistas toman caminos distintos. Mientras Diego Rivera “cimentó su carrera sobre su identidad mexicana y como orgullo nacionalista”, Pablo Picasso “construyó su carrera a partir de cambios de identidad y de nacionalidad de española a francesa”.

Esta sección se dividió en dos subtemas, el primero titulado Diego Rivera, que expone el momento en que el creador guanajuatense regresó a México en 1921 y encontró un país en reconstrucción, con un sentido de urgencia acerca del futuro. Diego es inmediatamente contratado por José Vasconcelos, entonces secretario de Educación Pública, para participar en un programa que tenía como objetivo unificar a la fragmentada nación mexicana luego de la Revolución, involucrando a la pintura mural.

El segundo subtema, Pablo Picasso, muestra la etapa en la que el pintor español se acercó al clasicismo, pero no buscó las cualidades clásicas de “simplicidad” y tranquilidad que habían caracterizado sus pinturas a inicios de 1920, por lo que se podrán encontrar piezas como en la Suite Vollard (1930-1937) y sus ilustraciones para Las metamorfosis de Ovidio(1931).

En el cuarto núcleo, La vuelta al clasicismo en Europa y América, se expone la etapa en la que Picasso y Rivera adoptaron una revalorización de la tradición clásica. En este periodo los artistas crearon obras con expresión idealizada y retrataron a la gente ordinaria de la sociedad moderna con la grandeza de las culturas antiguas, logrando difuminar las fronteras entre el pasado y el presente, entre la gran tradición y lo autóctono, cada quien desde su perspectiva.

Mientras Picasso combinó a la perfección formas arcaicas y clásicas en sus pinturas neoclásicas, Rivera suplantó los valores clásicos basados en el canon estético grecorromano con la gran tradición escultórica de los mexicas.

Este impulso de regresar a los valores universales y a la estética tradicional se conoció en Francia como rappel à l’ordre(retorno al orden).

Entre las obras más importantes de la exposición se encuentran 16 grabados de la serie Suite Vollard de Picasso, considerada como la obra gráfica más importante del siglo XX y Hombre del cigarrillo de Rivera (Banco de México, Fiduciario en el fideicomiso relativo a los museos Diego Rivera y Frida Kahlo, Ciudad de México), obra que viaja desde Nueva York.

También habrá piezas que se exhibirán por vez primera en México, como los cuadros cubistas Farola y guitarra (Gas-jet and Guitar) de Pablo Picasso (Narodni Gallery, Praga) y Composición cubista (naturaleza muerta con una botella de anís y un tintero) de Diego Rivera (Colección Particular, cortesía Fundación Almine y Bernard Ruiz- Picasso para el arte, Bruselas, Bélgica).

Previo

Detectan los bloques de la vida a 400 años luz

Siguiente

Conciertos por un México incluyente: de la discapacidad a la música