Refugiados en México: de país solidario a tierra inhóspita

México ostentó el prestigio de ser un país de puertas abiertas. En los años treinta, el exilio republicano español encontró en éstas costas un puerto seguro, en parte por la iniciativa de Daniel Cossío Villegas. De aquella oleada se destacaron personalidades como Luis Buñuel, Remedios Varo y León Felipe, así como 325 científicos del más alto nivel, ya médicos, ingenieros, farmacéuticos o estudiosos de ciencias exactas. 

En 1937 también Leon Trotsky se asiló en la Ciudad de México, que sería su última morada. Luego en la Segunda Guerra Mundial, Leonora Carrington, pintora surrealista, arribó al país en su huída de un manicomio español. En 1955 hizo lo propio Fidel Castro, quien eventualmente partió en un barco para luchar por una revolución que quizá está por terminar. Juan Gelman debió exiliar su proselitismo comunista y escapar de la dictadura argentina en los años setenta, así como Enrique Dussel, destacado filósofo, quien eventualmente obtuvo la nacionalidad mexicana.

Más allá de los personajes ilustres, durante décadas México refugió a miles de personas afectadas por dictaduras y guerras civiles en América Latina. Hoy poco o nada queda de aquella solidaridad. Actualmente nuestro país sólo acepta al 20% de quienes lo solicitan.

¿Qué se necesita para ser un refugiado en México?

El proceso lo gestiona la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), órgano desconcentrado de SEGOB. En el artículo 13 de la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político se establece que la condición de refugiado se reconocerá a todo extranjero que se encuentre en territorio nacional, bajo alguno de los siguientes supuestos:

  1. La persona tiene fundados temores de ser perseguido en su país por motivos de raza, religión, nacionalidad,género, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas.
  2. La persona ha huido de su país de origen, porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por violencia generalizada, agresión extranjera, conflictos internos, violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.
  3. La persona que debido a circunstancias que hayan surgido en su país de origen o como resultado de actividades realizadas, durante su estancia en territorio nacional, tenga fundados temores de ser perseguido o no quiera regresar a su país debido a lo establecido en el punto dos.

Para adquirir el estatus de refugiado, la persona debe presentar una solicitud a la Coordinación General de la COMAR y asistir a tantas entrevistas como ésta determine. La duración del proceso es muy variable.

La persona tiene fundados temores de ser perseguido en su país

El asilo político se le otorga a todo extranjero que encuentre en peligro su vida, su libertad o seguridad por ideas o actividades políticas directamente relacionadas con su perfil público, y carezca de la protección de su país. El proceso debe realizarse ante la SRE y consiste en una solicitud por escrito y entrevistas.

¿Qué perfil es el más aceptado?

Aunque Méxco tiene una nutrida historia de refugio político, el número de refugiados ha disminuido de manera importante. Mientras que en el 2000 se recibieron a 18 mil 451 refugiados, en 2013 el registro es de tan sólo mil 831 (a pesar de ello es el segundo país que más refugiados recibe, detrás de Chile). Los solicitantes son, en su mayoría, de El Salvador y Honduras.

¿A qué se compromete el Estado mexicano al aceptar a un refugiado?

Los refugiados deben recibir servicios de salud, educación o reconocimiento de sus estudios, derecho al trabajo, obtener un documento de identidad y viaje y solicitar reunificación familiar. Quienes posean protección complementaria podrán tener acceso a programas de ayudas (son muy escasos y limitados, se puede decir que practicamente no existen). Quienes posean asilo político tienen los mismos beneficios que un refugiado pero el proceso para solicitarlos se hace a través de la SRE.

¿Hay refugiados mexicanos en otros países? ¿Por qué?

En 2013, había 9 mil 396 personas en situación de refugiados, principalmente por razones de inseguridad. Hace 15 años esta cifra no superaba los dos mil refugiados. El mayor incremento en el país fue registrado en 2007, de acuerdo con cifras del Banco Mundial. En ese año el número de personas refugiadas procedentes de México ya superaba los cinco mil registros. Para el 2013, más de la mitad de los nueve mil 396 refugiados se encontraban en Canadá.

Refugiados en México

Nuestro país ha experimentado un aumento importante en el número de solicitudes de refugio. De acuerdo con cifras de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados dependiente de la Secretaría de Gobernación (Segob), entre 2009 y 2013 las personas que solicitaron asilo en México aumentaron un 90.59%. Hasta Noviembre del 2013 México contaba con una población de 1,674 refugiados y 90 personas con protección complementaria provenientes principalmente de países centroamericanos. Para 2014 está cifra había aumentado a 2,125 y 169 respectivamente.

País de procedencia

Número de personas viviendo en México

El Salvador

340

Honduras

240

Colombia

233

Haití

143

Sri Lanka

84

Guatemala

83

Eritrea

74

Nigeria

56

Etiopía

51

Fuente: ACNUR 2013. Ser una persona refugiada en México

Las principales razones por las cuales las personas buscan refugio en nuestro país son:

Causa

Porcentaje de personas

Violencia Generalizada

38.6

Opiniones Políticas

24.5

Conflictos Internos

21

Religión

6

Raza

2.1

Género

1.7

Agresión Extranjera

0.9

Fuente: Encuesta sobre la Población Refugiada en México 2011

El reporte “Refugiados en México” de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) publicado en 2012 destaca la composición heterogénea de los refugiados en México. La distribución por género de las personas refugiadas en nuestro país es de un 58.1% hombres y 41.9% mujeres. Sin embargo, si se enfoca únicamente en la población proveniente de Sudamérica el nivel de mujeres aumenta a un 59.5% desplazando a los hombres al segundo lugar.Fuente: Encuesta sobre la Población Refugiada en México 2011

La mayoría de las personas que buscan asilo en México rondan entre los 26 y los 36 años de edad y emprenden el viaje sin acompañantes. Un aspecto importante de esta población es que son pocas las personas- solo 5%- que no cuentan con ningún tipo de estudios; en cambio, dos de cada diez refugiados en nuestro país cuenta con estudios de posgrado y 31% con estudios de licenciatura.

Es común que instituciones bancarias se rehúsen a otorgar crédito a las personas por falta de documentación oficial, haciendo imposible que una vez contratadas las personas puedan recibir su sueldo

El diagnóstico elaborado en 2014 por ACNUR en el informe “Ser una persona refugiada en México” subraya las dificultades de ser un refugiado en nuestro país. Uno de los principales obstáculos que encuentran los refugiados en México es la dificultad para integrarse al mercado laboral. A pesar de que gran parte de las personas cuentan con estudios académicos, tres de cada diez refugiados se desempeñan en trabajos poco cualificados que no requieren dichos estudios. Esto se debe en parte a que muchos empleadores no reconocen la cédula migratoria como documento oficial, impidiendo la contratación de las personas y fomentando abusos laborales. Al mismo tiempo, es común que instituciones bancarias se rehúsen a otorgar crédito a las personas por falta de documentación oficial, haciendo imposible que una vez contratadas las personas puedan recibir su sueldo por medio de transferencia o depósito bancario. Esta dificultad para obtener un empleo bien remunerado da como resultado que el salario promedio de los refugiados en México sea de $4,763 pesos.

Un elemento importante para la integración de los refugiados en el país es asegurar que ellos cuenten con vivienda digna y servicios. De acuerdo con la Encuesta sobre la población Refugiada en México 2011, entre los años 2000 y 2011 el 91% de las personas refugiadas vivían en lugares con paredes de concreto, 89% con techo y 70% con piso de mosaico. Debido a la dificultad de obtener créditos bancarios por las razones expuestas anteriormente, sólo 3% cuenta con casa propia mientras que 84%  rentan un cuarto o departamento.

Si bien no hay una correlación estrecha entre la nacionalidad de la persona y la capacidad de contar con un lugar donde vivir, si existe un contraste en la prestación de servicios y el país de origen. Por ejemplo, mientras que  93% de los refugiados procedentes de África tienen acceso a agua potable, solo el 68% de centroamericanos en México cuentan con este servicio.

Un problema de gran importancia para la integración de refugiados en México es la inseguridad. Debido a la falta de recursos económicos y la discriminación que presentan para obtener créditos hipotecarios, los refugiados tienen buscar hogar en zonas marginales e inseguras convirtiéndose en presa fácil del crimen.

Mientras que  93% de los refugiados procedentes de África tienen acceso a agua potable, solo el 68% de centroamericanos en México cuentan con este servicio

El último de los obstáculos de los refugiados en México tiene que ver con educación. Este grupo de personas padece la rigidez burocrática del sistema educativo mexicano. Al no contar con documentos que revaliden sus estudios en su país de origen, la oportunidad de ingresar instituciones educativas se vuelve complicada.

Daniel Otero: “En México no se trabajan condiciones mínimas para recibir refugiados”

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Fotografía: Annick Donkers

Daniel Otero trabaja como Coordinador de Voluntarios en Casa de los Amigos, un centro de paz y solidaridad asentado en la Ciudad de México. En colaboración con Casa Refugiados -donde también se desempeñó como Coordinador Educativo-, Comité Monseñor Romero y Sin Fronteras, coordinan Casa Tochan (tochan significa “nuestra casa” en náhuatl), espacio para apoyar a refugiados y solicitantes de asilo en México.   

¿Cómo apoyan a migrantes, refugiados y solicitantes de visa humanitaria?

En el año 2009 comenzamos a reunirnos cuatro organizaciones, pues veíamos que hacia falta tener un alberge de migrantes temporales o refugiados en la Ciudad de México. Había un espacio, lo que hoy es Tochan, que había sido una casa de refugiados guatemaltecos en los años ochentas. Ahora nos da un poco de recelo contarlo, pero Rigoberta Menchú vivío en esa propiedad por un tiempo, cuando recién llegó a México. Quisimos renovar ese espacio, darle vida. Sobre todo porque había muchas personas migrantes que no eran reconocidas como refugiados.

¿Quién es considerado como refugiado?

Es aquella persona que huye de su país por cuestiones de raza, nacionalidad, pertenencia a un grupo específico, religión o ideas políticas.

¿Cuál es la diferencia entre refugiado, asilado, exiliado y desplazado?

En la Convención de Ginebra de 1951 se crea la figura del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). En ese contexto se establecieron las reglas sobre quienes son personas refugiadas. Luego se acota por región y cada zona realiza su declaración. En nuestro caso, la Declaración de Cartagena de 1984 especifica las necesidades de América Latina, además de que busca homologar los términos: en consecuencia, la palabra reconocida por ACNUR y establecida en su mandato es refugiado. “Exiliado” sería sinónimo de refugiado, pero con una connotación política. Aunque se utiliza aún, “exiliado” no es una figura legal. Por su parte, en Europa el término más en uso es “asilado”. Finalmente, “desplazado” es quien realiza migración interna ante alguna amenaza o circunstancia grave que pone en riesgo su integridad.  

¿Quién es refugiado y quién es migrante?

Migrante es quien decide irse de su país por cuestiones económicas. Si lo ves a fondo, tienes estructuras como el TLC o acciones como la intervención de USA en Centroamérica, que causan en buena parte esa pobreza. Algunos por eso consideran que la migración forzada en centroamérica debería considerarse como necesidad de refugio.

¿Cómo se distinguen ambos en el terreno?

Una pregunta clave para determinar si una persona debería tener protección internacional o no, es: ¿Qué pasaría si vuelves a tu país? Si responde: me matan, me torturan, o cualquier trato inhumano o degradante, entonces en teoría debería ser reconocida como persona refugiada. Esto porque si eres migrante y te deportan, no pasa nada, pero si a un refugiado lo regresan a su país, es muy probable que sufra violaciones severas a derechos humanos.

Además es necesario entender que la situación de México es que tenemos un corredor muy complejo: somos país de origen porque “expulsamos” mexicanos; somos país de destino porque vienen personas a quedarse aquí, principalmente a la Ciudad de México, y somos un país de tránsito respecto a personas que vienen de Centroamérica y quieren llegar a USA. Finalmente, es difícil determinar en el terreno si las personas son refugiadas o migrantes, porque el nuestro es un corredor mixto, es decir, migrantes y refugiados se desplazan por la misma ruta. Por eso si no hablas con la persona o ésta no conoce sus derechos -el artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos les protege- es muy difícil que digan “me quieren secuestrar, torturar o matar en mi país”.

Si responde: me matan, me torturan, o cualquier trato inhumano o degradante, entonces en teoría debería ser reconocida como persona refugiada

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Fotografía: Annick Donkers

En términos institucionales, ¿Quién determina el estatus de refugiado en México?

En México existe la COMAR, que depende de SEGOB, y son ellos los que determinan si eres o no refugiado. En teoría lo deciden a partir de entrevistas y también a través de información de los consulados. Si un periodista hondureño viene a México, deberíamos investigar con testimonios, llamar a ONG´s y revisar prensa local para determinan si la persona realmente es refugiada.

¿Percibes que es complicado conseguir refugio en México?

Depende. Lo cierto es que hay una crisis en todo centroamérica que por razones diplomáticas no se ha nombrado como guerra o Estado fallido. Mientras no se reconozca esto, es mucho más difìcil para ellos obtener el estatus de refugiado. En Europa pasa igual, pues con un flujo tan grande de gente, se vuelve difícil determinar quién es refugiado.

¿Hay diferencia en el acompañamiento de un refugiado y un migrante?

Pues la diferencia es la celeridad de los trámites. Si te reconocen como refugiado, te dan la visa casi de inmediato, es decir, la residencia permanente. Si eres migrante, haces todo el proceso por tu cuenta y pagas por el permiso de residencia temporal o permanente. Depende también en donde estés. En la Ciudad de México hay avances en este sentido: la educación y el seguro popular están abiertos a cualquier persona que viva en la ciudad, aún cuando no tenga una situación regular en el país. Sólo es necesario demostrar que vive en el DF. Además, por la Declración de Cartagena, se aplica el principio de “no devolución”. Es decir, se “perdona” el delito de haber ingresado de forma irregular del país, porque evidentemente la persona estaba huyendo.

¿Existe alguna política pública en favor de la protección de refugiados en su tránsito?

En los albergues de toda la ruta se está trabajando en conjunto con ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Se realizó un proyecto el año pasado para dar más información sobre la condición de refugiado. Se distribuían trípticos con diversos contenidos: “Tú puedes solicitar asilo”, “Éstos son tus derechos”, “Si estás en éstas o aquellas situaciones, puedes ser candidato a refugio”. Pero falta mucho por hacer.

¿En cuanto tiempos e define la situación de una persona en una estación migratoria?

En teoría, en 45 días hábiles. A nivel internacional somos avanzados. Por ejemplo, en Alemania tardan un año. Por lo demás, están en una casa, pero no pueden trabajar, no pueden hacer nada. En México los retos son otros.

¿Cuáles son?

Lamentablemente en la sociedad civil tenemos el problema de no documentar muchos casos. Se han nombrado situaciones de discriminación, específicamente a hombres heterosexuales salvadoreños u hondureños. Si llegas con ese perfil ante COMAR, es muy probable que no te den refugio, aunque tengas un caso. ¿Por qué? No sabemos. Por eso digo que falta documentar. Me han dicho también de varios casos en los que funcionarios de la COMAR cambian la declaración, o incluso recomiendan literalmente a la persona solicitante “mejor entrégate y que te deporten, o sigue la ruta”. No tengo reportes, pero son casos que he conocido por testimonios. También la discriminación y el estigma: si eres colombiano, “seguro traficas”. Si eres de El Salvador, “eres mara”. Si vienes de algún país de África, “seguro eres un conflictivo o un criminal”.  

¿Que opinas de la propuesta de recibir a personas de Siria que están huyendo del conflicto?

México tradicionalmente ha aceptado a personas refugiadas. Sin embargo, yo cuestionaría si hay condiciones para ello. En 2010 pasó con Haití, con el terremoto, donde hubo un despertar nacionalista de “hay que ayudar a los hermanos haitianos”. Así se trajeron un barco lleno de personas, pero lo que terminó sucediendo es que llegaron aquí, los funcionarios se tomaron la foto con ellos y les dieron visas humanitarias, que duran sólo un año. Al final muy pocas personas solicitaron asilo y sólo a unas cuantas se les concedió. Tampoco existió ni existe labor de integración por parte del gobierno, sino que son las organizaciones las que lo hacemos, como ayudar a encontrar empleo digno, porque usualmente se les niegan al ver que son extranjeros, o les pagan menos de lo justo. Pasa lo mismo con acceso a servicios. Casa de los Amigos unió esfuerzos  con Sin Fronteras para ofrecer clases de español, pero es insuficiente para la cantidad de personas que vinieron en aquella ola. Creo que en el fondo estamos en una crisis de Estado en que no hay capacidad de responder ni a los mexicanos. Entonces se hacen campañas para traer personas, para sacarse la foto otra vez y poner la estrellita de “México, país de puertas abiertas” cuando no estás dando las condiciones mínimas ni para tu pueblo.

Pedro Aguilar: testimonio de un sobreviviente

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Fotografía: Annick Donkers

¿De dónde eres y porqué decidiste migrar?

Soy de Honduras, de la ciudad de Yoro. Salí hace tres años y medio de ahí, cuando tenía 22 años. Mis razones fueron la crisis económica y la violencia que vivimos.

¿Que pasó en tu viaje?

Sufrí la amputación de mi pierna por “la bestia”. Todo pasó en Apizaco, Tlaxcala. Quería abordar el tren, pero fue un poco ya el destino, porque no tomé uno en el que estaba un grupo de voluntarios que apoyaban a migrantes. Tampoco entré a la estación migratoria porque pensé que me deportarían. Me fui a esperar el tren afuera, en la estación. Ahí encontré a dos mexicanos, pero tampoco lo pude tomar porque iba muy rápido. Luego, se acercó una persona extraña, que pensé que podía hacerme daño. Como me asusté, decidí tomar el tren a toda costa. Eran las 12 de la noche del 17 de mayo de 2012. “La bestia” venía muy rápido, y en la maniobra de subir me cortó la pierna debajo de la rodilla. Después de eso pedí auxilio. Me estaba desangrando. Pensé que iba a morir. Di gritos pidiendo ayuda que nunca había dado. Entonces Dios mandó unos ángeles, dos personas que eran de El Salvador. Tenían un teléfono y llamaron a la Cruz Roja. Ellos me llevaron a un hospital.

¿Que ocurrió entonces?

Ahí pasé cinco días agonizando. Por la pérdida de mi pierna ya no quería vivir. Para bañarme era problema, me iba hincado. Era un impacto que no esperaba. Me comía el corazón. En esos días me cambió la mente. El sol sentía que no alumbraba lo mismo, las casas las veía al revés. Me mandaron así a la estación migratoria. Cuando llegué ahí ya había seis personas amputadas, sin sus piernas, sin sus brazos. Eso no me consolaba, pero ellos fueron mis psicólogos, mi familia.

¿Cómo fue tu estancia en la estación migratoria?

Estuve seis meses en migración, pero en general la pasé mal porque no me atendían bien la herida.  Por ejemplo, mi pierna agarró infección, pero en realidad todos los amputados tenían infección por la pésima atención. Yo reclamaba mis derechos, que me llevaran al hospital, porque pensaba: “quizá con lo que tengo de pierna puedo llegar a correr y jugar, pero si cortan más, lo más seguro es que no pueda hacer ya nada”. Yo le decía a la doctora que no se veía bien, pero ella respondía que todo estaba bien. Tres días después de eso, unos cubanos notaron que mi pierna ya estaba infectada, y fui a reclamar a las ventanillas de migración y le pegué al cristal con las muletas para que me trasladaran. Un oficial me terminó llevando, aunque no era su turno.

Recuerdo también que en un momento nos separaron a los que teníamos amputaciones del resto. Una persona de Tegucigalpa, también de Honduras, se había desbaratado una pierna al caer de “la bestia” y tenía toda esa parte llena de clavos. A mi me dijo “Pedro, así como estoy, me le voy a escapar al de migración”. Una vez que la llevaron a curación, se desapareció. Nos llevaron a todos en una camioneta para ir por él, persiguiéndolo, y yo sólo reía. Por casualidad pasamos por donde había perdido mi pierna y yo me sentí muy triste. Dije: “aquí fue donde quedé”.

¿Cómo saliste de la estación migratoria?

Dije que no quería regresar a mi país, sobre todo por la violencia: mataron a dos de mis hermanos en Honduras, Paulina y Juan, de 36 y 29 años. Por otro lado, no veía futuro en regresar para allá. En México sentía que tenía más posibilidades de sobrevivir. Le pedí apoyo al director de la estación en que estaba, que era San Pablo del Monte, en Tlaxcala. Él dijo que me había comportado bien, que era buen chico, pero que para eso, una organización debía hacerse cargo de mí y de mis gastos. Quien lo hizo fue una ONG que se llamaba en ese tiempo CAFAMI. Ahí me dieron mucha terapia psicológica. Ya libre, me mandaron a Chiapas. Ahí en el DIF me complementaron terapia física y psicológica. Pero sentía que en la Ciudad de México podía estudiar o trabajar. La organización me consiguió los boletos y así es como llegué.

¿Cómo conseguiste la prótesis?

Participé en la caravana “Abriendo puertas a la esperanza”, con el padre Alejandro Solalinde, del albergue “Hermanos en el Camino”. Fuimos a USA y visitamos muchos lugares: Dallas, Albuquerque, New México y Los Ángeles. Estando en Coachella impartí mi testimonio. Ahí llegó una persona que vio mi necesidad y dijo: “Pedro, yo tengo un hermano que se llama Armando, que tiene un modo especial de ser, es un poco bravucón, pero te puede ayudar con tu prótesis”. Ella se llamaba Lilia. Luego, regresé a México. Estaba en Casa Tochan cuando me llamaron. Me dijeron “Pedro, te vas a ir a tal lado, mi hermano te va a mandar tu prótesis, tu silicon y todo, y vas a poder volver a caminar”. Cuando me dicen esas palabras, quería volar.

Fotografía: Annick Donkers
Fotografía: Annick Donkers

¿Que pasó después?

Pues en realidad no tengo residencia, sino visa humanitaria. Era difícil obtener empleo así. Entonces, el mismo amigo que me hizo la prótesis me inscribió para aprender a hacer ortosis y prótesis. A eso es a lo que ahora me voy a dedicar. De hecho, estoy abriendo una ortopedia en Iztapalapa. Es una bendición. Ya en el futuro que estemos bien agarrado, vamos a apoyar a las personas. Porque el mundo de eso se trata: de apoyar al prójimo.


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1 comentario

  1. Angel Tovar
    24/09/2015 at 20:08 — Responder

    Muy interesante!
    El tema da para mucho. Concuerdo con que es difícil para México recibir refugiados, se están abriendo las puertas por razones políticas y para buscar relevancia en medios.

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