La insuficiente aportación de las candidaturas independientes

Las candidaturas independientes representaron en las pasadas elecciones una alternativa al caduco sistema de partidos, que a fuerza de cerrarse ha perdido toda capacidad de representatividad.

A pesar de lo anterior, hay que decir que las candidaturas independientes no son la solución a la crisis política mexicana; no sólo porque pueden implicar riesgos de cacicazgos y muchas veces carecen de la profundidad y la fuerza de las organizaciones políticas tradicionales, sino porque su regulación impide que sean auténticas vías de acceso para una mayor representatividad política.

Hay tres fases importantes en el procedimiento de las candidaturas independientes: la obtención de firmas para conseguir el registro; la candidatura y la etapa post electoral. Cada una de ellas tiene sus particularidades:

En el caso de la obtención de firmas, son dos los requisitos más importantes: obtener una cantidad del 3% de firmas de la lista nominal relevante para la elección para la que se quiera competir, y adherir a dicha firma una copia de la credencial de elector. Todo esto, además, debe hacerse, en el caso de elecciones locales del Distrito Federal, durante un mes.

Este requisito confunde la necesidad de acreditar la ausencia de frivolidad para la contienda con el acreditamiento de representatividad. En muchos casos el 3% de la lista nominal representa un apoyo mayor que el número de afiliados de partidos políticos en demarcaciones específicas. Es decir: Esta exigencia supone muchas veces pedirle al candidato independiente que acredite, en un mes, un apoyo mayor al que los partidos han logrado en años de trabajo. Es un error intentar acreditar representatividad en esta fase; esa se acredita en las urnas, y es de hecho el criterio imperante para decidir quién ocupa los puestos de elección popular.

Anexar una copia de la credencial no hace más que encarecer aún más la entrada, sin justificación alguna. Si lo que se pretende es garantizar la autenticidad de la firma, existen mecanismos de revisión y sanción a posteriori mucho más eficientes que la prevención de contar con una forma de corroborar todas las firmas (suponiendo sin conceder que la autoridad encargada de revisar las firmas no cuente ya con alguna otra fuente de información para corroborar la veracidad de dichas firmas).

Si se logra pasar por ese filtro, en la etapa de la contienda uno se enfrenta a la plena inequidad electoral. No hay punto de comparación entre las prerrogativas de los partidos y de los candidatos independientes. En el caso del DF, las candidaturas independientes tendrán financiamiento público y privado. Éste último no podrá ser mayor al 10% del tope de gastos de campaña, y el público se obtiene considerando a todos los independientes que hayan logrado el registro como un nuevo partido político, para luego crear tres bolsas iguales: una para candidaturas a senadores, otra a diputados y otra a Jefe de Gobierno. Finalmente, esas bolsas se reparten en partes iguales entre independientes.

Esta distribución es abrumadoramente menor a la que tienen los partidos políticos. Sin embargo, es prudente aclarar que la equidad debe construirse hacia abajo. Es decir: no debemos gastar más en independientes, sino mucho menos en partidos políticos. Campañas muy eficientes como las del independiente Kumamoto en Jalisco, que gastó aproximadamente $250,000.00 (mucho menos que sus competidores) y ganó, demuestran que lo que viven los partidos es un auténtico despilfarro de recursos públicos. Esa misma campaña demostró que los tiempos en radio y televisión pueden y deben utilizarse de manera más creativa y eficiente por parte de los partidos políticos (además de dejar clara la necesidad de empezar a jugar de manera satisfactoria en otros tableros, como las redes sociales).

Este diseño regulativo empujó a que prácticamente todos los “independientes” tuvieran alguna relación con la partidocracia. En el mejor de los casos, para contar con el expertise necesario para poder competir; en el peor, para tener entre sus filas recursos y movilizaciones a la vieja escuela —importante destacar el caso de Arne aus den Ruthen, quien dejó al PAN por congruencia (o como dice él: “por ser de los pocos panistas que quedaban en el PAN”) y será recordado, entre otras razones, como pionero y maestro en la escuela de la política independiente.

Uno de los pocos ajenos a esta dinámica fue Pedro Kumamoto, quien junto con su gran equipo consolidó una campaña creando y guiando una estrategia fantástica de movimiento social. Los bemoles de la campaña estuvieron en la indefinición del candidato en temas fundamentales como los matrimonios igualitarios o el aborto, pero son temas que, confío, se resolverán en la legislatura. A pesar de lo anterior me parece también claro, y necesario, que la agenda del legislador independiente esté enfocada principalmente a la participación ciudadana y a la rendición de cuentas y transparencia de las instituciones de gobierno, sin que ello obste para que la ciudadanía cuente con la claridad necesaria sobre las posturas de un líder de opinión, como lo será Pedro. Esta claridad, bien llevada, no debería impedir el buen ejercicio de sus funciones como interlocutor legislativo —otro importante nombre a destacar es el de Patricio del Valle; abogado penalista ajeno a la dinámica política partidocrática que decidió aprovechar la oportunidad de participar, y logró las firmas necesarias para hacerlo.

Es un imperativo para los demócratas de este país el mejorar la regulación de las candidaturas independientes; pero la auténtica causa democrática para los años venideros está en el rediseño del sistema de partidos para lograr no sólo mayor rendición de cuentas y transparencia por parte de estos cuerpos políticos, sino una apertura a la participación ciudadana que los vuelva a posicionar como entidades representativas de la sociedad a la que pretenden gobernar. Esta apertura deberá mejorar los mecanismos de afiliación, pero para ser auténtica tendrá que ir mucho más allá, al punto de crear nuevos paradigmas de participación y colaboración entre partidos y ciudadanos, sean estos militantes o no.

El autor fue aspirante a candidato independiente en las pasadas elecciones.

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